Pasa en ETER

VINÍLICO: MÚSICOS, VINILOS, RECUERDOS Y ENCUENTROS.
Por Valeria Lugosi

“Me convertí en un chico de 9 años, encontrándome con la música que me acompañó. Fue un viaje al pasado. Sentí lo mismo que me pasaba cuando agarraba un disco de chico”, dice Ricardo Mollo, el invitado de Vinílico del día de hoy, sobre su sensación al conocer la audioteca de Biblioteca Nacional.

La cosa es así: V
inílico es un ciclo de Vorterix, que se filma en lo que luego serán episodios. Por cada encuentro, un músico invitado elige vinilos de ese archivo para compartir, charla sobre su relación con ese disco y luego se escucha un tema.

El primer elegido de Mollo fue
Llegando los monos, de Sumo. “Este sticker lo hice yo, en el taller de serigrafía de mi papá, sólo lo tiene la primera edición”, dice sonriente y sorprendido por el material. Maxi Martina, el conductor del ciclo, aprovecha y lo lleva a 1986:

-¿Cómo era estar en SUMO?
-Estaba viviendo una película. Sumo fue ver y vivir una película. Esas discusiones de seis tipos distintos, la sorpresa por lo que hacíamos, las tocadas, ir a la sala a intentar ensayar… fue un gran aprendizaje, la gran escuela.

Mollo cuenta además que nunca se ponían de acuerdo en qué tocar, que componían a pura intuición. Como esa vez que estaban contentos porque habían hecho una base media volada, al estilo Brian Eno, y Luca Prodan arriba cantó Mañana en el Abasto. “Nos costó mucho tiempo entenderlo”, recuerda.

El líder de Divididos conoció a Luca cuando fue a acompañar a su amigo Diego Arnedo a verlo en vivo, en los comienzos de Sumo, cuando él aún no formaba parte de la banda. La primera impresión que tuvo el guitarrista de Prodan fue que “se parecía a Oaki”. Y su sensación al escucharlos se la acuerda hasta el día de hoy: “me pegó fuerte, escuché algo que nunca había escuchado. Quería estar ahí. Sentía pertenencia. Cuando escuché por primera vez a Hendrix, por más que me encantó, no sentí eso mismo”. De esta manera, Mollo elige la canción “Cinco magníficos”. La escucha fue con una curiosidad, tal vez, intervenida desde el más allá: Llegando los monos fue el único vinilo que saltó reiteradas veces durante todo el encuentro.

Llegó el turno del segundo vinilo que resultó ser una rareza total: El trío galleta. Una banda de un amigo de su hermano, con un look bastante particular. Justifica su elección por la sorpresa que tuvo al encontrarse con ese disco. El tema que eligió fue un cover de The Doors, traducido como “Enciende mi fuego”. Ante las críticas basadas puramente en el prejuicio (“¡Son como los Agapornis!”), Mollo los defendió a rajatabla: “Pero estos eran buenos…”.

El tercer elegido fue el primer vinilo que se compró: Chunga’s Revenge, de Frank Zappa. “Este disco me motivó a comprarme un wah-wah antes que una guitarra, que claramente no sonaba como imaginaba”, dice riendo. Durante la escucha de la canción siguió atentamente el ritmo con sus manos y cada tanto tiraba magia con su air guitar.

El cuarto disco es uno del que se había olvidado pero pidió por favor que lo busquen y lo incluyan: Atahualpa Yupanqui. Un viaje a sus raíces, a las raíces de todos. Para Mollo, él es un referente al cual seguir. Tan es así que a su hijo le puso ese mismo nombre, y está orgulloso porque con tan solo 2 años eligió ese nombre antes que Merlín, el primero en su DNI. Tanto fanatismo tiene que con Divididos hicieron el cover de “El arriero va”, en una versión super cuidada, porque no querían que se sintiera como una falta de respeto.

Y afuera, al costado del tocadiscos, quedaron un montón de candidatos: Billy Bond y la pesada del Rock and Roll, Invisible, entre otros. Otra vez será, tal vez en el episodio 2 de este encuentro que insinuó Maxi Martina ante las cámaras.

@valerialugosi

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