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LOS SOCIOS NO QUIEREN QUE EL CLUB SE VENDA
Comunicaciones juega su partido más difícil
Mientras el "Cartero" está en concurso de acreedores, la Asociación Civil Todos por Comu busca defender a la institución y su historia. El objetivo es que la entidad siga siendo de los socios y evitar que quede en manos de Hadad, del sindicato de Camioneros o se transforme en un proyecto inmobiliario.
El Club Comunicaciones lejos está de aquel que, creado en 1931 con el nombre de Club Atlético Correos y Telégrafos, supo ser sede de los grandes carnavales de la Ciudad de Buenos Aires. Poco queda de ese que, en su época de gloria, llegó a tener 55.480 socios, con un equipo de básquet que hizo historia consagrándose cuatro veces campeón oficial de la Asociación Porteña.
Con la intención de rescatar a la institución, una parte de sus socios presentó el viernes 10 de septiembre en la Legislatura porteña una propuesta para evitar que el Cartero, tal como se conoce a la institución (en concurso de acreedores desde 2000), quede en manos del sindicato de Camioneros, a cargo de Pablo Moyano, o del empresario Daniel Hadad. Hasta el momento, éstos eran los únicos que habían presentado sus respectivas ofertas ante el Juzgado Comercial 7, que entienden en la quiebra del club.
La Asociación Civil Todos por Comu está conformada por socios activos, vitalicios, hinchas, vecinos, representantes de cada una de las actividades deportivas y de la escuela secundaria que funciona en el lugar. Además, ya tiene estatuto propio y está tramitando en la Inspección General de Justicia la personería jurídica que le dé la entidad necesaria para encontrar una solución a la problemática que vive el club, ubicado en la avenida San Martín y Tinogasta, en el barrio de Agronomía.
Ariel Veneri, uno de los socios del club, ensaya una explicación del proyecto presentado ante el Poder Legislativo de la Ciudad de Buenos Aires: "Actualmente, el Gobierno porteño alquila el predio para diferentes actividades. Lo que pedimos es que nos pague el canon equivalente a cuatro años por adelantado. Esto corresponde a 12 millones de pesos, la actual deuda verificada". Además, explica que "a cambio se le daría al Ejecutivo la utilización del predio y de las actividades durante 30 años, sin ningún costo".

REPUDIO. La gente de Comunicaciones se expresa a través de pintadas.
El Gobierno de la Ciudad paga anualmente cerca de 1.500.000 pesos por el alquiler del club: 650.000 pesos por las actividades de la colonia de vacaciones; 400.000 que corresponden al Programa de natación; 200.000 para las actividades de la tercera edad; y 80.000 del Programa de gimnasia en plazas.
Ezequiel Segura es uno de los miembros de la Subcomisión de Fútbol y considera que, con algunas mejoras, podría revalorizarse el club. "En los próximos dos años tenemos planeado cubrir la pileta para utilizarla en vacaciones de invierno, mejorar el área de tenis, reparar el salón de fiestas San Martín, desarrollar del área de fitness, además de otras actividades", enumera. Y proyecta: "De ese modo, el arancel anual que abona el Gobierno de la Ciudad se duplicaría y podría ofrecer actividades para 18 mil personas".
Según Segura, contrariamente a lo que muchos pueden suponer, las subcomisiones de deportes no son deficitarias. "Cada subcomisión se sustenta sola, cobran la cuota mensual, pagan los sueldos e invierten en el deporte. Sucede con el fútbol, el tenis, el handball, el vóley y el básquet", expresa el socio.
La opinión de los socios va en una misma línea. Cada uno tiene su propia teoría, su análisis, su sueño. Agustín Ramari es vitalicio hace 40 años. Su carnet marca que es el N° 4.225 y no se queda atrás a la hora de aportar ideas para una posible solución: "Hay que recuperar la entidad jurídica que se perdió en 2000 con la llamada a concurso de acreedores. Una vez conseguida, tenemos que iniciar el rescate y hacer crecer al club".

PELEA. Agustín Ramari, uno de los tantos socios que se oponen a la venta del club.
Según Ramari, el Ministerio de Hacienda porteño valuó las 19 hectáreas del predio en 30 millones de dólares. Frente a esto, su pregunta surge casi inevitable: "¿Cómo puede el juez permitir que el predio se venda en 11 millones de pesos?". El análisis que hace pudo haber estado en boca de Ricardo Darín, cuando en su personaje de Román hacía lo imposible por defender el club Luna de Avellaneda, en la película de Juan José Campanella.
Sin embargo, la idea de salvar al club no es un capricho de los socios. Esta institución representa un sentimiento especial, trae recuerdos, momentos vividos. Como el de Lucas Martínez, que allí conoció a quien es su mujer. "Si me sacan esto, me sacan parte de mi vida. Además de venir a alentar al equipo, en la popular me enamoré al conocer a Elena, la sobrina de un antiguo dirigente del club", recuerda. También agrega: "Hoy no puede venir Moyano a querer cambiar el nombre de Comunicaciones a Comu-Camiones, ni Hadad a hacer sus negocios. Esto es exclusivo de la gente".
Algo similar ocurre con Olga, de 86 años, que es socia vitalicia y representante de la primera de tres generaciones que crecieron en el club. Su hija y su nieto también fueron a Comu. Ella no se resigna y todas las tardes se junta con amigas a jugar al Burako, una excusa para recordar los viejos tiempos, cuando el club cumplía un verdadero rol social. "En los carnavales venían grandes figuras de la música y el deporte: Sergio Denis, Cátulo Castillo, Xuxú Da Silva y El Loco Gatica, entre otros", dice.
Por lo pronto, la gente de Todos por Comu no tendrá más remedio que aguardar hasta fines de octubre, cuando el Juez Fernando D'Alessandro llame a mejorar las ofertas presentadas hasta el momento. De esta manera, tienen tiempo hasta entonces para juntar los 4 millones en concepto de seña que exige el juzgado antes de presentar cualquier propuesta.
Ignacio Ruz Aguilera, Matías Vallaro
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
05/10/2010
Ver también: Peligro de extinción
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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