MULTIPROPÓSITO CULTURAL, EN SAN TELMO Una noche en lo de Luca
Desde diciembre de 2009, la última casa de Luca Prodan es un Espacio Cultural. Allí funciona un bar, se realizan ciclos de cine y se presentan bandas. Los fanáticos la recorren a toda hora como el museo informal de un mito del rock.
Parado frente a 500 personas, dijo: "Se viene la última". Agitaba los brazos delgados en un escenario del Club Atlético Los Andes. Pelado como siempre, los que lo vieron aseguran que estaba pálido y había perdido mucho peso, aunque en cuanto empezó a cantar su potente versión de "Fuck You", todos vieron al Luca Prodan de siempre.
Pero fue la última. Dos días más tarde, lo encontraron en la cama de su casa de Alsina 451, estaba en posición fetal y con una sonrisa en la cara. Había muerto entre las 21 y las 3 AM de un 22 de diciembre de 1987, dicen que de cirrosis. Lo seguro es que tenía 34 años y era una leyenda de esas a las que no les está permitido vivir demasiado.
A más de 22 años de su premonitoria despedida, hoy su casa fue convertida en un espacio cultural llamado, a secas, "Lo de Luca". La puerta de madera, repleta de grafittis hechos con Liquid Paper y aerosol le discuten verdades a los certificados de defunción y a la tumba del Cementerio de Avellaneda. Luca Vive.
En un entrepiso de maderas blancas, tiraba un colchón sobre el que dormía, aunque cuando falleció, estaba recostado en la cama de su vecina, la artista plástica Silvia Ceriani, en el segundo piso de la casona. Luca era el único inquilino que no pagaba alquiler y solía poner música de Peter Gabriel a todo volumen con los parlantes pegados a la pared, para que su vecino de la habitación contigua, también fanático del músico inglés, pudiera escuchar con él.
Pasaron casi 23 años del fallecimiento de Prodan y la casa estuvo casi dos décadas cerrada. Su propietario, un hombre de 90 años, no quiso saber más nada hasta que a comienzos de esta década puso un cartel de "se alquila" en el conventillo de Alsina. Marcelo Otero pasaba por ahí con su auto y rápidamente el cartel se le antojó a señal divina. "Me habían dado mal una dirección y de casualidad llegué", explica, mientras la vista se le pierde en los videos de Sumo que escupe el proyector sobre la pared amplia del patio restaurado y convertido en bar.
Otero es el actual propietario de la casa y quien lleva adelante el proyecto del Espacio Cultural. Desde hace algunos meses, vive en una de las habitaciones del conventillo, justo enfrente de la pieza en la que Luca falleció. "Conocía este lugar, pero era un misterio porque no había fotos y estaba cerrada", recuerda. El edificio estaba a punto de derrumbarse y el dueño iba a convertirlo en un hostel para turistas, como muchos otros de San Telmo. "Hubiera sido una cagada", dice Otero sin rodeos.
Luca había pasado una traumática estadía en un colegio de Inglaterra, donde había sido encarcelado varias veces y finalmente considerado persona no grata. Aunque al llegar a Buenos Aires muchos no comprendieron la música de Sumo, el 17 de mayo de 2010, con motivo de su cumpleaños, la historia dio un vuelco. "La fiesta se hizo con un corte de calle, bandas en vivo y la inauguración del Centro Cultural", relata Ana Asseo de Choch [link: http://www.myspace.com/anitasseo], colaboradora del Espacio.
Pero ese día, además, Luca Prodan fue designado Ciudadano Ilustre y una placa en su honor parece darle un cross a la mandíbula a esos años de incomprensión generalizada. "Es irónico", admite Ana, "pensar que en su momento ni siquiera tenía papeles y hoy hasta el Gobierno de la Ciudad lo reconoce". Nadie está muy seguro de cómo le caería a Luca el nombramiento, pero lo evidente es que los estudios de mercado indican que su cara estampada en una remera está en el segundo puesto de las más vendidas. Después de la del Che Guevara, claro.
Pero más allá de su transformación en objeto de culto, en la casa de Luca Prodan dejan en claro que el objetivo no es armar un mausoleo. "La idea es que sea un espacio con proyecciones, música, libros y discos que a Luca le gustaban, que seguían su lógica y su forma de ser", indica Otero. También planean poner muy pronto en funcionamiento una sala donde se podrá pedir música a la carta, y será bautizada con el nombre de Alejandro Sokol, ex baterista de Sumo.
Y en cada rincón de la casa parece vivir una parte de esa historia. Toda la primera planta fue refaccionada a lo largo de tres años. El patio central donde en su momento jugó también la actriz Niní Marshall, está techado y tiene una pantalla gigante. La antigua cocina fue dividida en dos y un flamante horno espera la instalación de gas para darle luz verde a un restaurante que funcione todo el día. Todos los miércoles, se realiza el ciclo Alucine, en el que se proyectan películas musicales de culto.
De este modo se perfila un espacio de encuentro que sigue aquella lógica de vida colectiva que tanto promulgaba su viejo anfitrión. Otero cuenta que en la última época, Luca comía muchos fideos porque el médico le había prescripto pastas por el estado de su hígado. Vivía casi de prestado, pero mantenía su ingenio bien afilado. "Por las noches el frío que hace acá es tremendo, y en el momento en que Luca vivía en la casa la única que tenía dos estufas eléctricas era Silvia", comienza con una sonrisa cómplice, "parece que alguna vez subió a su pieza a manguearle una… y nunca bajó".
Ahí, el tiempo se detuvo y la habitación del fondo, aquella donde lo encontraron en su última noche, está exactamente igual que en el 87. En el suelo lleno de polvo, hay seis ramos de flores que la madre de Luca dejó cuando puso un pie en la Argentina a fines de los 80. Una botella de ginebra Bols espera todavía en la esquina derecha y un dibujo en la pared muestra el retrato de un Pipo Cipollati que, al volver a verlo tras la muerte de su amigo, no pudo contener el llanto.
Algo habrá hecho Luca, que marcó tan a fuego a quienes lo conocieron o lo escucharon. "No sólo trajo una forma diferente de hacer música, otros sonidos, también vino con un idioma que llegó a estar prohibido y que era desconocido para la mayoría de nosotros", recuerda Otero. Y subraya: "De pibe yo le llevaba los casettes de Sumo a una maestra de inglés amiga y la volvía loca queriendo que me tradujera los versos".
Son muchos los fanáticos que, en cualquier momento del día, se animan a tocar el timbre. Una escalera empinada los lleva al patio techado y avanzar por un pasillo angosto, pintado con flores, se accede al patio trasero donde una planta escala por una baranda de hierro. Todos dicen que la plantó Luca.
"Esta es la cuarta casa más vieja de la ciudad, fue levantada en 1744", cuenta Otero. Y de aquellas épocas coloniales quedó mucho más que un recuerdo intangible. Dicen que cuando Luca vivía allí, había historias de fantasmas, de sonidos extraños a los que tan fácilmente se presta un lugar antiguo. Sin embargo, mientras se refaccionaba el lugar, aparecieron túneles subterráneos, como muchos de los que recorren los barrios del casco histórico. Bajo la habitación de Luca había recámaras y muchos dicen que hasta se encontraron restos humanos. Los túneles habían sido tapados mucho antes de que el cantante llegara a la Argentina y él nunca tuvo datos de esta historia oculta.
Otero ha aprendido a creer en muchas cosas viviendo en esa casona: "Acá hay algo especial, no sé qué. Conocí a muchos que quisieron entrar y no se animaron, gente que vino y no se la bancó. Este lugar tiene una energía muy fuerte y cualquiera que haya venido lo puede sentir".
Luca vivió allí, como tantos otros inquilinos, pero hoy la casa lleva su nombre. Quizás sea porque no terminó de irse, quizás sea porque Luca Vive, y aunque muchos le fijen domicilio en el Abasto, una parte suya no quiere abandonar el corazón de San Telmo.
Malena Baños Pozzati
Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
Silvia trabajó como modelo para pintores, es artista plástica y fue la musa que inspiró "Brilla tu luz sobre mí", del disco póstumo de Sumo, Fiebre. Luca y ella se conocieron en el año 1982 y vivieron en la casa de Alsina en el 87, donde entonces no había agua caliente ni gas. "La primera noche, él entró a pedirme prestada la estufa un rato. Un par de días después fuimos al cine a ver Highlander, dormimos juntos y ya no nos separamos".
A partir del 27 de agosto, y durante el mes de septiembre, Silvia Ceriani expondrá parte de sus cuadros en "Lo de Luca".
CANTA Y NO LLORES
Rolo era vecino de Luca y seguidor de Sumo: "Al poco tiempo que Luca falleció, me crucé en la puerta a una nena chiquita llorando junto a su mamá. La señora me dijo con tristeza que 'el muchacho que vivía ahí' pasó un día por su casa y vio su hija llorando, entonces se le acercó, la sentó en sus rodillas y le cantó una canción que había aprendido en su infancia en Italia. La nena dejó de llorar inmediatamente y a partir de esa tarde iba cada tanto a cantarle a la nena. La señora nunca se enteró que Luca Prodan era el líder de Sumo. Luca era así, pasaba fugazmente por la vida de las personas, pero todos lo recuerdan".