|
|
|
 |
 |
|
PARADOR RETIRO
La dignidad como utopía
Según organizaciones no gubernamentales, unas 3000 personas viven en las calles de Buenos Aires. Cuando llega el frío, llega también la lucha por conseguir un lugar en los pocos refugios de la ciudad. Aquí, una crónica por el principal parador nocturno para personas sin techo.
Por Claudio Perri *
Un día de frío polar en Buenos Aires, el sol empieza a decir hasta mañana y la temperatura tiene una crueldad patagónica. Mientras tanto, en la puerta del Parador Retiro los "sin techo" empiezan a formar lo que, en un rato, será una interminable fila de desahuciados en busca de un refugio para quitarle el cuerpo a la intemperie de la noche porteña.
Ubicado en la calle Gendarmería Nacional 522, entre la villa 31 y la Terminal de Ómnibus de la Ciudad de Buenos Aires, el Parador Retiro, que funciona desde el 2003 en un predio cedido por la Administración General de Puertos, es un galpón que visto de afuera se parece más a un depósito de mercadería para uso comercial que a un hospedaje transitorio de seres humanos.
Un gigantesco tinglado semicircular cubre las 200 camas de hierro pintadas de azul, que se reparten entre simples y marineras, cubiertas por unos delgadísimos colchones que esperan a algunos de los muchos porteños que no tienen donde pasar la noche. Según los cálculos de diferentes ONG, hay más de 3000 personas que viven en la calle en Capital y la capacidad de los tres paradores que existen, en total, no supera las 500 camas.
Por eso al anochecer la posibilidad de conseguir un albergue para quitarle el cuerpo a la tempestad se transforma en una especie de lotería siniestra, ya que no hay camas para responder a la demanda y muchos deben resignarse a dejar sus cuerpos expuestos a los caprichos de la naturaleza.
"A las cinco de la tarde tenés que hacer cola. Si llegás tarde no hay camas y la única opción que te queda es ir a dormir a la terminal de Ómnibus", explica Javier, quien busca cobijo, esporádicamente, en el lugar.
A pesar de que puede ayudar a menguar el efecto adverso de las condiciones climáticas, la falta de cuidados en el parador acarrea otros problemas como, por ejemplo, el brote de sarna que se registro a mediados de 2008. Las condiciones de higiene del lugar no son óptimas y el mismo Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires reconoce que se procede a la limpieza solamente una vez por día. Esa desatención permite que las enfermedades se reproduzcan de forma exponencial.
El psiquiatra David Huanambal Jiménez, que trabajaba en el lugar, detalló: "Las condiciones del Parador son infrahumanas. No se higieniza como corresponde y el año pasado faltaban el agua y el gas, con todo lo que eso significa para la prevención y la limitación de la propagación de enfermedades y virus que circulan". Huanambal Jiménez fue despedido por el gobierno de Mauricio Macri en 2008, luego de haber sido testigo en una causa que denunciaba la falta de condiciones y mantenimiento en que se encontraba el lugar. La investigación la llevaba adelante el juez Roberto Gallardo, quien ordenó la inmediata restitución del profesional para que siguiese cumpliendo con las tareas que realizaba.
El parador está orientado a albergar a las personas en estado de marginalidad crónica que se resisten a ir a los hogares o que no son admitidos en ellos. El lugar trabaja con la idea de ser la puerta de entrada para la inserción de los grupos marginales en lugares más institucionalizados. Pero a veces las condiciones de ingreso son rigurosas: "Muchos no quieren ir al parador porque no se les permite entrar si bebieron alcohol. Y la gente que está en la calle, por la situación que le toca atravesar en general no es abstemia", detalló la ex legisladora de Solidaridad e Igualdad, Liliana Parada.
Muchas personas que viven en la vía pública prefieren seguir transitando la ciudad bajo una luna hostil antes que someterse a las reglas y al destrato que -algunos ocasionales visitantes afirman- sufren cuando están en el parador.
Más allá de algunos altercados menores propios de la convivencia entre 200 personas, se vive un clima de relativa tranquilidad y de fuertes vínculos entre quienes más asiduamente vienen a esperar el próximo amanecer bajo las heladas pero, en estas circunstancias, casi amigables chapas del galpón que los contiene.
Otro inconveniente para que algunos se resistan a dormir en estos refugios es que están divididos por sexo: hay dos para hombres y uno exclusivo para mujeres en San Telmo, y en la calle hay muchas familias que no se quieren dividir.
* Egresado de la Carrera de Periodismo. La nota fue escrita en 2009 en la materia Agencia, de tercer año.
12/05/2010
Más información: www.bulgakov.com.ar.
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
|
|
|
|
|
|
|