SERGIO BULGAKOV
Cuando la música no sale del conservatorio

Intérprete de sitar, tabla y trombón, compone para chicos y les enseña música lejos de todo lugar común. Para él, el modelo tradicional con el que quiere romper les habla "con un tono especial, como si en el fondo fueran tarados".

Por Daniela Presaien *

Él no se define como un distinto, ni mucho menos como alguien especial. Así lo define solamente el modelo educacional que rige en el país, que establece que un maestro es aquel que desde su manual del buen docente baja líneas y contenidos. O, desde el saber común, aquella figura asociada con los guardapolvos limpios y el polvito blanco que desprende la tiza cuando hace contacto con el pizarrón. Él no se define como un maestro distinto, pero sin dudas, lo es. En primer lugar, porque no es maestro ni de enseñanza inicial, ni de primaria, ni de secundaria ni de universidad. Es un maestro de música. En segundo lugar, porque su instrumento de cabecera no es ni la guitarra, ni el piano, ni la flauta, sino el sitar, el tabla y el trombón. Y, por último, porque sus propuestas para con los chicos no rozan la normalidad; siempre están en búsqueda de lo nuevo y lo distinto. Sergio Bulgakov tiene 47 años y se dedica a la docencia musical hace 25, y, si bien alega no conocer otra forma de trabajar, se le ocurre que esta es la única manera de salir de esas naïves y convencionales canciones, que solamente "responden al modelo tradicional de enseñarle a los chicos, en donde el maestro habla con un tono especial cuando habla con ellos, como si en el fondo fueran tarados", se anima a decir.

Alto, barbudo, de anteojos pequeños y el pelo medio negro medio blanco, lleva en su voz el sosiego que transmite en su música. Dice, convencido como quien ama lo que hace, que la escuela más importante de todas es la sala, ya que no hay otro lugar para aprender. Y es allí, a partir de esa teoría que alimenta día a día, que fue experimentando distintas maneras de mostrar y enseñar. Ya sea con distintos instrumentos, por ejemplo, ya que "cualquier cosa que produzca sonido y que ellos puedan manipular" puede servir para la ocasión, como maderas, botellas, campanitas y papeles de diario.

O podría ser, por qué no, con la parte más tangible de su música: las canciones, que él mismo las escribe, las compone y les enseña a sus alumnos de jardín, y que no dicen en sus letras ni "yo tengo un sapo que se llama Pepe" ni "Arroz con leche me quiero casar", sino que disparan, por ejemplo, "Una jirafa tiene la ventaja que si se resfría a Malena no la contagia", o "Somos la ropa que está hecha sopa porque venimos del lavarropas". Cualquier desemejanza con la realidad no es coincidencia, sino que está cuidadosamente calculada.

Sergio Bulgakov es un maestro distinto, y no solo en lo dicho anteriormente queda demostrado. Sus proyectos son un tanto difícil de entender, pero no tanto por los chicos, sino por los adultos. Cuando de conocer la diferente música del mundo se trata, Bulgakov no cae en ningún lugar común y, de modo casi hasta contrario, lleva para oír los sonidos del Tibet, Japón, Hawai, Mongolia y algunos países más de los que, lamentablemente, muchos no saben siquiera su ubicación en el mapa. Con los más grandes propone la sonorización de un cuento, pero en lugar de pautar las cosas de antemano, el trabajo se va dando entre todos, ya que, según asegura él, "en el jardín los pibes aprenden cosas jugando, no es que se enseñan sino que las experimentan y a partir de ahí las comprenden. De esa forma yo llevo los cuentos y ellos lo votan, porque está bueno que los chicos se apropien de los proyectos".

"Creo que está bueno laburar de esta manera y no de la tradicional, que es hablarles a los chicos con un tono, considerar que no pueden hacer nada y que uno tiene que dirigir todas las cosas. Yo creo que cuando un pibe no entiende algo, ese algo que él no entiende pasa de largo para él y no le genera un conflicto. Si un nene de 3 años escucha 'nave espacial' y no entiende lo qué es, simplemente lo pasa por alto. No es que por trabajar con materiales no convencionales los pone a ellos en un conflicto, sino que toman lo que quieren y lo que no, se diluye".

En lo único que permitió pasarse más o menos de la línea de lo convencional fue en parir sus propios discos. Y no se quedó con el primero, sino que grabó en total ¡diez! Al igual que lo hicieron ya varios artistas que se salen de la música modelo para chicos, como Mariana Cincunegui, Magdalena Fleitas y Mariana Baggio, Bulgakov editó dos cds con música infantil, Canciones más o menos infantiles (1994) y Gotas (2001). Los restantes ocho corresponden a grabaciones de la fusión del sitar con bases secuenciadas, aunque eso ya es para otro tema.

Todo un ejemplo sobre cómo salirse del molde y no morir en el intento.


* Egresada de la Carrera de Periodismo. La nota fue escrita en 2009 en la materia Agencia, de tercer año.

26/04/2010

Más información:
www.bulgakov.com.ar.

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