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BACHILLERATOS POPULARES
Una alternativa para terminar el secundario
A partir de diciembre de 2001, proliferó por todo el país esta forma de educación que, a la vez que ayuda a completar los estudios, pretende enseñar nuevos valores vinculados con lo comunitario. Aquí, una incursión al bachillerato que funciona en la empresa recuperada Chilavert.
Por Nicolás D. Borojovich *
Por diversos motivos algunos chicos pueden dejar de estudiar. Ya sea por falta de dinero, trabajo, horarios o diversos problemas personales, la deserción escolar es un problema que persiste. Pero hay otros que, tiempo después, hacen hasta lo imposible para retomar y obtener un título.
"Estamos en una actualidad donde se precisa título universitario para trabajar como repositor en un supermercado", ironizó Miriam Sarnícola, licenciada en Gestión de la Educación. Entonces, ¿qué opción existe para las personas que quieren o necesitan estudiar pero no pueden? Adolescentes y adultos que no pudieron hacerlo en su momento y desean continuar, ¿a dónde pueden acudir?
Los bachilleratos populares son una alternativa. A estos lugares asisten personas que por una u otra razón debieron interrumpir sus estudios y, por razones de tiempos o dinero, no pueden continuar en un bachiller para adultos tradicional. En el barrio de Pompeya se encuentra la fábrica recuperada Cooperativa Chilavert Artes Gráficas (ex Gaglinone). En este lugar, además de funcionar como imprenta, hay un centro cultural, un centro de documentación donde se recopila material sobre empresas recuperadas y, como si fuera poco, un bachillerato popular.
En la puerta de entrada colocaron un cartel en el que se lee: "Bienvenidos al bachi, un lugar diferente para jóvenes y adultos que quieran progresar. Es un descanso, vengan…".
Natalia Polti y Soledad Calderón son antropólogas, dan clase en este lugar de la materia Cooperativismo. El objetivo de sus clases es "construir un conocimiento colectivo desde el compartir experiencias personales, para salir de lo individual", según definen.
En el aula, que alguna vez supo ser una oficina en esta fábrica, los alumnos no se diferencian con los de cualquier otro bachillerato tradicional. Están los que van a estudiar y se esfuerzan y los que quieren zafar.
Lo que diferencia esta experiencia educativa es el compromiso con el alumno tanto desde los que dan clases como desde el establecimiento. Se preocupan y tratan de adaptarse a él [ver recuado]. "Hay un chico que trabaja en una fábrica con horarios rotativos, por ahí una semana trabaja en el horario de clase. Entonces, lo que se intenta por acá es, los días que viene a cursar, darle un poco más, y los días que sabemos que no, hacerle llegar la tarea, como para compensar", explica Calderón.

El título es Bachiller con Orientación al Cooperativismo y, como el establecimiento es una empresa gráfica, también tiene un taller de comunicación. Son tres años y se cursa de lunes a jueves. Los viernes son para recuperar alguna clase atrasada. La idea es "saber hacer y saber decir", detalla Polti, pero aclara: "Ellos también tienen algo que decir, pero lo hacen desde un lugar muy tímido".
No suelen tomar evaluaciones propiamente dichas. "Lo que se evalúa son cosas más personales, como demostrarse interesados o preocuparse, además de si los trabajos están bien o mal, claro", dice Calderón y afirma que "hacerles entender que su carpeta es el reflejo de aprendizaje y por eso la deben tener completa y al día es muy complicado".
Para algunos esta, tal vez, resulte su última oportunidad de estudiar, como a doña Fermina, una coqueta jubilada de 62 años que por trabajo no pudo estudiar en su momento. Le hace bien ir y cursar, la distrae. Tomó la decisión de estudiar después de que murió su marido.
Cuando las profesoras avisaron que a partir de la semana siguiente no va a haber cursada porque el Gobierno porteño declaró la emergencia sanitaria por la gripe A, Fermina bajó los ojos y dijo con tristeza: "Entonces, ¿no hay que venir?". "A cursar no, pero si quiere pude venir a cebarnos unos mates", le contesto Natalia Polti. Entonces la sonrisa volvió a su cara: "¡Bueno, bueno, vengo!".
* Egresado de la Carrera de Periodismo. La nota fue escrita en 2009 en la materia Agencia, de tercer año.
28/04/2010
Fotos: www.nborojovich.com.ar, barriosdepietigre.blogspot.com.
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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"ACÁ SE PREOCUPAN POR VOS"
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Percy Mairena un estudiante de segundo año. Tiene 20 años, estudió en la escuela técnica Reconquista de Buenos Aires, ubicada en Boedo e Independencia, pero tuvo que dejar porque "casi me voy a las manos con el director, después de que me puteó delante de mi vieja", explica. "Acá te entienden más, te escuchan", cuenta contento, y resalta: "Se preocupan por mí. Tuve que faltar unas semanas porque me salió una changuita y llamaron a mi casa para ver qué pasaba y cómo me podían ayudar".
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DESPUÉS DE LA CRISIS
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Desde el año 2001, las organizaciones sociales caracterizadas por la autogestión comunitaria han proliferado a lo largo del país. Una de ellas, la Cooperativa de Educadores e Investigación Popular (CEIP) comenzó, en aquella época, a desarrollar la idea de una educación popular que formara parte de una militancia social. El resultado de esta iniciativa son los bachilleratos populares.
La mayoría funcionan en empresas recuperadas por sus trabajadores o en centros culturales. Se cursa los cinco días de la semana; en cuatro se dan clases y el quinto no es obligatorio, se usa para reforzar. Las materias son en total 10 por año, similares a las de los bachilleres para adultos tradicionales: matemática, lengua, inglés, historia, biología, psicología, sociología, cívica y dos que marcan la orientación. Generalmente una es "cooperativismo" y la otra suele corresponder al lugar. Por ejemplo, en la Cooperativa Artes Gráficos Chilavert, esta materia es periodismo y los alumnos hacen una revista barrial que se imprime en el mismo taller.
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