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LA MEZQUITA EN PALERMO
Visita guiada a un misterio
El centro cultural que funciona desde el 2000 sobre la avenida Bullrich llama la atención por su majestuosidad. Pocos conocen qué hay más allá de las rejas que encierran el predio de dos hectáreas. Pero existe una manera simple de averiguarlo: dos veces por semana se puede hacer una visita gratuita, en la que amablemente un guía develará, al menos, una parte del misterio.
Por Victoria Franco *
Tres hectáreas de terreno, salas de exposiciones y conferencias, colegio para mujeres y varones por separado, una inmensa biblioteca y más de 2.000 metros cuadrados destinados al área de culto. Así está conformado el Centro Cultural Islámico Rey Fahd, que funciona desde el 25 de septiembre de 2000 en Intendente Bullrich 55, en Palermo.
Esta inmensa propiedad, misteriosa, quieta e imponente, representa a la religión musulmana en Argentina. La idea de realizar esta construcción surgió durante una visita del ex presidente Carlos Menem a Arabia Saudita, donde le planteó al Rey Fahd la necesidad de hacer, en Argentina, un complejo cultural islámico.
Hoy, ante la majestuosa construcción de estilo árabe puro que proyectó el arquitecto saudita Zuhair Faiz, surge una pregunta inevitable: ¿se puede entrar y revelar el misterio que encierra? No es fácil, pero tampoco imposible. Una opción, y acaso la única, es consultar en Internet (www.ccislamicoreyfahd.org.ar) los días y horarios de visitas guiadas. Una vez en el lugar, luego de mostrar el documento a los guardias que vigilan celosamente la entrada, la pesada verja que rodea la enorme manzana hace crujir sus goznes y un guía invita a recorrer el predio. Algo -un poco, al menos- del misterio comenzará a develarse.
Un amplio patio de brillantes e impolutas baldosas resplandece bajo el sol. Aparece un hombre silencioso que con una mirada sugiere que lo sigan. Luego de atravesar un pasillo oscuro, pasando por un salón con tres canchas de ping pong, se llega a una de las salas de conferencia. Allí, un nutrido grupo de mujeres y dos chicos escuchan atentamente a Mariano Bareli (32), que explica cómo es que él, argentino, vive la religión musulmana, ahora que se ha convertido. Su manera de ver las cosas no deja mucho lugar a dudas: "Si no está en el Corán, no es posible que sea así", sentencia. Una mujer que lo escucha dice "no" con la cabeza, constantemente. Ella es árabe y afirma que lo que el conferenciante cuenta es una historia y no una realidad.

Mientras que Bareli asegura que la cultura musulmana protege los derechos de la mujer, esta señora de sangre árabe, Martha (70), conoce bien a los árabes y a los musulmanes, por lo que sabe que las personas de sexo femenino casi no tienen voz en sus países de origen. Pese a la negativa de Martha, el orador continúa con su relato, adentrándose ahora en las verdaderas raíces del catolicismo, las cuales, a su entender, el hombre ha vulnerado y alterado. También, sostiene que elementos como el ángel de la guarda, o adorar imágenes, son distorsiones de la verdadera religión cristiana. "Yo hace poco tuve el bautismo de mi sobrina y fui. Aunque no sea mi religión, no voy a dejar de asistir", cuenta. Los presentes parecen aprobar el gesto de comunión entre las creencias musulmanas y católicas. Y la charla informativa concluye de forma abrupta.
La visita continúa. El grupo es conducido a la mezquita, donde se reza cinco veces por día y se celebra todos los viernes la Jutba. En este lugar, que puede albergar hasta a 1.500 fieles, los hombres entran primero y se ubican adelante. Las mujeres quedan atrás por una cuestión de pudor: cuando se arrodillan para orar no quieren que a sus espaldas haya hombres mirándolas. Incluso hay otra mezquita más pequeña, para 500 personas, exclusiva para el sexo femenino.
El recorrido seguirá a través de un patio con una fuente mucho más austera de lo que uno podría asociar con el mundo árabe. Y llegará hasta la entrada del colegio secundario. Desde el umbral que da al patio de cemento, con vetas rojizas y una galería semiabierta blanca, se puede observar, a lo lejos, el jardín de infantes que ostenta un inmenso castillo inflable. Pero no se puede pasar.
La excursión concluye ahí ya que el resto de los espacios "son sagrados". La mítica pared bañada en oro es un privilegio al que sólo se accede siendo musulmán. La llave que abrirá la puerta a la gran curiosidad que suscita este lugar, enquistado en el corazón de Palermo, es únicamente la conversión al islamismo.
* Egresada de la carrera de Periodismo en ETER.
13/01/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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Un poco de historia
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El Centro Cultural Rey Fahd tiene la entrada sobre la Avenida Bullrich, entre Salguero y Libertador, mientras que la parte posterior da a las vías del Ferrocarril Mitre. Se inauguró el 25 de septiembre de 2000, en un acto encabezado por el príncipe heredero de Arabia Saudita, Abdullah ben Abdel Aziz al Saud, y contó con la presencia del ex presidente de la Nación, Fernando De la Rúa, y su antecesor Carlos Saúl Menem, quien había sido el impulsor del proyecto.
El país donó el predio a la Embajada de Arabia Saudita, mediante un traspaso autorizado por el Congreso en 1995, en una decisión que en su momento fue cuestionada desde distintos sectores. La construcción costó, aproximadamente, 22 millones de dólares.
A la inauguración asistió también el arquitecto saudita que proyectó el complejo, Zuhair Faiz, quien destacó que la piedra fundamental fue colocada el 7 de diciembre de 1998.
En el discurso de apertura, el Príncipe expresó que el lugar no es tan sólo una mezquita, sino un complejo cultural, el más grande de América latina, que tiene por misión "difundir y fortalecer la herencia cultural de la civilización árabe-islámica".
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