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EN FLORESTA
La solidaridad del rugby
Lejos de la imagen de glamour que los equipos de primera línea suelen ofrecer, cientos de clubes de rugby se sostienen en base al esfuerzo colectivo y la solidaridad, combinando deporte y contención social. Este es el caso del Floresta Rugby, que no dispone de campo propio y muchas veces se debe conformar pateando a un arco de fútbol en vez de a una "H".
Por Leandro Maccarone *
Los jugadores de Floresta Rugby Club suelen reunirse cada martes y jueves en el Polideportivo "Nicolás Avellaneda", pero no siempre es así. Producto de que no tienen un espacio fijo ni siquiera para jugar los partidos oficiales, a veces se les complica tener un lugar. Como a mediados de año, cuando tras un incendio en la 1-11-14 varias familias de esa villa fueron trasladadas al polideportivo donde practican, y entonces los rugbiers debieron trasladarse al Club Casa Padua de Merlo, que los apadrina, para hacer sus actividades.
"¿Y para nosotros qué hay?", pregunta Nahuel, de 15 años, mientras espera que llegue el resto de sus compañeros, al ver acercarse una camioneta trafic del ministerio de Desarrollo Social. Es que todo el plantel debe hacerse cargo de los gastos de traslado que tengan y que superan los 600 pesos por mes. "Todo lo que necesitamos lo tengo que pagar de mi bolsillo, pero lo hago porque quiero. Mis dos pasiones son los chicos y el rugby", afirma Juan Marchessi, presidente de la institución.
La cuota -que pagan los que pueden- es de 30 pesos, aunque en la mayoría de los clubes de rugby es de más de 50. "Desde que empezamos con esto, en el 2005, tenemos cerca de 200 pibes y más de 90 están becados", cuenta Horacio Acuña, entrenador de los jugadores de menos de 12 años (M-12) y agrega: "Esa es una de las cosas que te enseña el rugby. La solidaridad es una constante".

"Por todos los problemas que tuvimos para tener un lugar fijo y poder entrenar (antes estábamos en Luz y Fuerza, en la calle Segurola, pero nos tuvimos que ir), se nos fueron 45 chicos que eran muy importantes para nosotros", se lamenta Marchessi. Muchas veces se deben conformar con patear a un arco de fútbol en vez de la "H" del rugby. "Ya entrenamos con desventaja -cuenta Marchessi-. Por eso estamos viendo de comprar un terreno en Moreno, pero además de ser carísimo, perdemos la identidad porque este club es de Floresta".
Entre los jugadores, muy pocos son del barrio. La mayoría proviene de la provincia y por eso Marcelo Díaz, padre de Santiago (12) y Adrián (14), que juegan en el club, compró una camioneta para trasladar a sus hijos y a 8 compañeros que viven por Francisco Solano. "Yo trabajo recaudando caudales desde la 1 hasta las 9 de la mañana y mucho tiempo para dormir no tengo, pero me hago un tiempito y puedo llevar a los pibes a donde necesiten", cuenta orgulloso Díaz.
Marchessi destaca no sólo los beneficios que tiene para los chicos hacer un deporte como el rugby sino también la contención social que debe llevar a cabo todo el cuerpo técnico: "Todos los humanos tenemos problemas, pero un chico que está creciendo requiere más atención. Cuando hay padres que no apoyan a los hijos y hasta que les pegan, se necesita hacer de psicólogo", subraya Acuña. Marchessi agrega: "Por los problemas económicos que poseen algunos chicos, los padres prefieren que vayan a trabajar y por eso muchos dejan de entrenar. Sin embargo, uno de los jugadores, Pablo, con 17 años, trabaja todo el día y viene cuando puede".
"Alejamos a los pibes de la calle y de Internet, porque de la web saben mucho pero al mismo tiempo saben poco", afirma Acuña, quien cuenta también sobre el apoyo escolar que hacen desde el club: "Tenemos amigos docentes que, gratuitamente, se ofrecen a ir a las casas de los chicos, pero a veces nos topamos con la negativa de algunos padres y nos tenemos que callar la boca. No nos podemos meter en la casa de un pibe sin la autorización de sus responsables".
El entrenamiento dura una hora y media y, siendo las 21, a los chicos les quedan 50 minutos de viaje. Lejos de estar cansados, al volver al polideportivo de Floresta, donde se encuentran varios padres para retirarlos, los que se vuelven caminando a su casa patean lo que encuentran a su paso y uno de ellos pregunta: "¿Alguien sabe dónde entrenamos el jueves?".
* Egresado de la carrera de Periodismo en ETER.
13/01/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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