EN LA GRANJA "VIAJE DE VUELTA"
Borrón y cuenta nueva

Salir de la calle, dejar las drogas y alcohol y empezar de nuevo. Clarisa tiene tan solo 21 años, pero vivió mucho y decidió volver a nacer.

Por Noelia Morchio *

Los ojos de Clarisa asoman detrás de una gran cacerola donde hierve la salsa que acompañará los tallarines del mediodía. Trabaja en la cocina de la Comunidad Terapéutica Viaje de Vuelta desde que llegó hace poco más de tres meses. Además de recibir asistencia psicológica, hacer terapia grupal y participar de actividades didácticas también debe trabajar como parte del tratamiento para lograr salir de sus adicciones.

Pero no siempre Clarisa se mostró tan participativa. Cuenta que cuando ingresó estaba alejada, aislada, con la mirada perdida. Hoy se ríe a carcajadas de los chistes que hacen sus compañeras en medio de tomates, cebollas, agua hirviendo y fideos recién amasados. "Cuando llegué sentía que no pertenecía a este lugar. Después te das cuenta de que sí, que es necesario para poder renacer", casi susurra Clarisa, quien se acomoda a un costado de la mesada sin dejar de observar la comida.

Es domingo, el mejor día de la semana para los integrantes de la comunidad. Los familiares comenzaron a llegar ni bien pasaron las 10, pero Clarisa no espera a nadie. Aunque hoy no le toque, decide cocinar para los compañeros que están solos como ella. "Mi familia vive lejos, mi vieja no puede venir con las dos nenas todos los domingos en el tren. Sólo la espero el primer fin de semana de cada mes", aclara la joven.

Clarisa tiene 21 años y dos hijas, una de 8 y otra de 5. Ambas fueron consecuencia del constante abuso sexual que sufrió durante años. "El novio de mi mamá abusó de mi desde que tenía 12 años. Al principio no entendía, pensaba que la que hacía algo malo era yo. Después me di cuenta de que no. Pero él me amenazó y tenía miedo de hablar", relata mientras no deja de mover las manos.

En medio de esa situación, a los trece años Clarisa comprendió que una vida crecía en su vientre. Su mamá se enojó y no le creyó cuando después de varios meses ella se animó a confesarle la verdad. "Hoy lo miro desde lejos y no lo puedo entender. Mi mamá sigue en pareja con el mismo hombre que abusó de mí hasta que decidí irme. Ella cría a mis nenas. Ahora me las trae de visita, pero, mientras estuve en la calle perdida, no quería verlas", confiesa Clarisa, con la mirada empañada.

Las calles de Once, Constitución y Villa Soldati fueron su refugio los últimos años de su vida. Alcohol, marihuana, paco, pasta base o cocaína eran el sostén de su vida. Hizo de todo para sobrevivir y no tener que volver a su casa.

Pero un día en su afán de volar y de vivir otra realidad cruzó la estrecha línea entra la vida y la muerte y terminó internada por sobredosis. Su madre apareció con sus hijas tomadas de la mano. "Ahí fue donde pensé: llegué al fondo del pozo, mi vida es ésta, hay una única realidad y es la que me tocó y ni bien me dieron el alta me vine para acá", sostiene la joven.

A principios de agosto su vida dio un vuelco de 180 grados, de estar sola en la calle, en peligro, pasó a estar acompañada por personas que estuvieron en situaciones similares, logró no necesitar de las drogas y el alcohol para enfrentar la vida y poder mirar a sus hijas sin resentimiento.

"El tratamiento es duro, tenés que cumplir con las reglas, o si no te vas. No podés hacer lo que se te ocurra. Hay tareas asignadas a cada uno para que haya armonía y no falte nada. En las terapias, al principio me costaba hablar, mostrarme. Hasta que te das cuenta que hay personas que la pasaron tan mal o peor que uno y salieron adelante. Entonces yo tengo que poder", confiesa Clarisa a tres meses de haber iniciado su recuperación.

* Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo
en ETER.


21/12/2009

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

¿QUÉ ES VIAJE DE VUELTA?
Viaje de Vuelta es una granja de rehabilitación ubicada en Campana, al lado de la Reserva Natural Otamendi. Tiene como propósito ayudar a adictos a las drogas o el alcohol.

La comunidad esta subsidiada por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) y por la ayuda de los familiares de los internos.

Cuando los chicos reciben el alta continúan con un tratamiento ambulatorio.

Los mismos internos salen al barrio a vender rifas y productos de panadería.