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CASAMIENTO GAY
Hasta que la ley no nos separe
Distintas organizaciones llevan más de una década pidiendo por la igualdad de derechos en el Código Civil y por una Ley de Matrimonios que los tome en cuenta. Su reclamo se actualizó con la reciente autorización de un matrimonio entre personas del mismo sexo en la ciudad de Buenos Aires, finalmente rechazado por una jueza. Aquí, la de Silvia y Gladys, una historia de amor y lucha detrás de la polémica.
Por Mariana Gómez Hernández *
Alejandro Freyre y José María Di Bello, de 39 y 41 años, respectivamente, presentaron una demanda en abril para poder casarse. En respuesta a ella, la jueza Gabriela Seijas declaró inconstitucionales los artículos 172 y 188 del Código Civil y ordenó celebrar el matrimonio de la pareja. Ante tal situación el jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, decidió no apelar el fallo, por lo que la Iglesia lo criticó duramente. Los futuros contrayentes temían que el Jefe de Gobierno no apoyara el fallo de la jueza. Pero el mandatario porteño dijo que "el mundo está yendo en esa dirección". Cabe destacar que esta resolución llegó en medio del tratamiento que tuvo el Casamiento Gay en la agenda pública y después de la multitudinaria Marcha del Orgullo Gay del pasado mes de octubre.
Todo no podía ser color de rosa, porque a menos de 24 horas de que se llevara a cabo el primer casamiento homosexual en América latina, la titular del Juzgado Nacional en lo Civil Nº 85, Marta Gómez Alsina, suspendió provisoriamente el casamiento de Alejandro y José María.
En tanto, hasta que la ley sea equitativa con "todos" los ciudadanos argentinos, algunos integrantes de esta comunidad que viven afuera de la Capital optan por la unión civil en territorio porteño o el certificado de concubinato.
"Nos conocimos por primera vez hace cinco años. Durante dos meses hablamos por teléfono y después de vernos por segunda vez, ya en su casa, sólo pasó un mes para que me instalara en lo de Silvia. A fines del año pasado pedimos fecha para obtener la unión civil en la calle Uruguay, pero no la pudimos concretar porque vivimos en Provincia. Por eso decidimos obtener el certificado de concubinato", comenta Gladys Rey Cabello, psicóloga, de 50 años.
Junto a Silvia Barrionuevo, 53 años y comerciante, comparte su vida desde el 2004. Concurren anualmente a la Marcha del Orgullo Gay y luchan por la igualdad de derechos, aunque no forman parte de ninguna organización homosexual. Ellas apoyan todas las iniciativas que busquen una sociedad con iguales derechos para todos.
Gladys comenta, enérgicamente: "Nosotras tenemos obligaciones, si tenemos obligaciones tenemos también que tener derechos; esto es un ida y vuelta como en cualquier aspecto de la vida. Si cuando vamos a pagar nuestros impuestos, cuando estacionamos el auto, o cuando vamos a comprarnos ropa no recibimos un descuento por ser lesbianas, el Estado y la sociedad tienen obligaciones para con nosotras como la de permitirnos el casamiento."
Ante esta situación, parejas como la de Gladys y Silvia tuvieron que pedir turno en el juzgado de paz del lugar donde residen para ampararse ante cualquier eventualidad. Silvia recuerda: "Fuimos al juzgado de Avellaneda y en una semana nos dieron fecha, como si nos fuéramos a casar, y en quince días concurrimos con dos testigos. Desde el 25 de febrero tenemos el certificado de concubinato."
Cuando se les pregunta para qué lo querían, la comerciante continúa con su relato: "Los chicos de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) nos aconsejaron cubrirnos legalmente porque algunos de mis familiares habían dicho que si a mí me pasaba algo a Gladys le daban una patada".
El eventual desamparo legal es un argumento que la comunidad homosexual esgrime a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, ya que, ante la muerte de uno de los miembros, el otro carece de derechos sucesorios sin importar el tiempo de convivencia ni todo lo que se haya logrado con el esfuerzo de ambos.
La psicóloga comenta: "En mi nuevo trabajo, que es en una editorial, nosotras podemos compartir la obra social porque tenemos el certificado de concubinato, legalmente es así. Pero el problema radica en que muchos jueces de paz no lo quieren hacer. Si convivís y tenés el certificado, todas las obras sociales le tienen que dar a la pareja sus servicios. Si a mí me pasa algo, Silvia podría cobrar mi jubilación."
Cuando se les pide la opinión sobre la primera pareja que estuvo a punto de casarse, la de Alejandro y José María, Gladys gesticula y con un tono de voz firme, que roza el disgusto, expresa: "Yo, particularmente, estoy muy enojada. Me pongo contenta por los chicos. Pero desde la ley están haciendo que haya conflictos y discriminación entre nosotros. O sale para todos o no sale para ninguno. Nosotras hace exactamente el mismo tiempo que vivimos juntas, y no vamos a poder casarnos hasta que se modifique la Constitución. Esto es una pulseada política".
A diario sufren la discriminación o la homofobia. Gladys detalla lo que le pasó en carne propia recientemente: "El 7 de noviembre fuimos, como todos los años, a la Marcha y nos entrevistaron para un canal de televisión. En los días siguientes me robaron y a la semana me despidieron de Nutracéutica Sturla, laboratorio donde trabajaba. Su dueña, Gabriela España, aludió que el motivo era el robo. ¿Casualidad? Yo creo que me despidieron porque se dieron cuenta de que soy homosexual".
Al respecto, Gladys logró resumir el pensamiento que comparte con su compañera de vida: "Si yo acepto el matrimonio de los heterosexuales, que respeten el mío que es homosexual. Nosotras compartimos exactamente igual que una pareja heterosexual, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, compartimos lo que tenemos y si no tenemos, no tenemos; compartimos todo, ella se enferma, yo la cuido; yo me enfermo, ella me cuida".
Silvia se anima a revelar que el sueño que ambas se concretará una vez que se modifique el Código Civil: "Con ella me casaría incluso por Iglesia porque hay un cura en la Iglesia Metropolitana que da la bendición a parejas del mismo sexo."
* Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
07/12/2009
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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