Sábado a la noche… ¡un lugar!

El pub, reducido, posee una decoración al estilo de la Grecia Antigua, con figuras de dioses y grandes postes de yeso.

En el centro de la pista, una barra cuyo techo en forma de columna parece a punto de caerse. A los costados, los reservados con almohadones de cuerina roja, grandes espejos y cortinas semi transparentes que podrán desatarse a la hora de mayor intimidad. Las luces bajas y la música romántica invitan a la seducción previa.

Un falso jardín con plantas artificiales y una fuente conforman el patio interno, donde más tarde varias parejas lo utilizarán como lugar para tener sexo. Al lado, una habitación de cuatro por cuatro metros, con una cama gigante que la abarca casi completamente de un extremo a otro. Hay, además dos baños y un cuarto totalmente oscuro al que algunos llaman dark room.

Este es el espacio donde los concurrentes están dispuestos a cumplir cualquier tipo de fantasía sexual, ya que hay para todos los gustos: jóvenes, maduras, altos, bajos, gordos y flacos.

Una rubia de casi un metro ochenta y físico privilegiado besa a otra muy gorda, la abraza fuertemente y acaricia como si fuese su "príncipe azul". Otros, más osados, no dejan nada librado a la imaginación. Daniel, un antiguo concurrente, explica: "El boliche está bueno porque podés hacer lo que querés y a nadie le importa, lo único es que tenés que usar preservativo".

En estos boliches se hacen y deshacen parejas y tríos constantemente. No existen los celos o las competencias, todo fluye en un ambiente de armonía. Ejemplo de ello es que todo aquel que ingresa a la disco saluda a los demás con un beso en los labios, especie de código entre los habitués.

Al ritmo de "Living la vida loca", el tema de Ricky Martin, dos hombres y una mujer se toquetean a la vista de todos. Incluso la mujer baja el cierre del pantalón de uno de sus acompañantes, acaricia su pene y vuelve a subir el cierre.

Cerca de las 3.30, una animadora anuncia por el micrófono que las puertas se han cerrado, que hay más de cien personas adentro, y advierte lo que se viene: show de strippers "participativos" y sorteos.

Aparecen en la pista Carla y Gastón, los encargados de la animación en Class. La función dura veinte minutos y ambos se quedan totalmente desnudos. Inmediatamente, se informa que las parejas están "autorizadas" a pasar al gran cuarto, pero aclaran que no se permiten bebidas, cigarrillos ni fotos.

El show enciende a los presentes y el ambiente del lugar se vuelve un descontrol de hormonas. Las exclamaciones de placer se empiezan a escuchar desde el fondo del local, la entrada aún se mantiene virgen.

Del otro lado, Romina (20), que viene por primera vez, confiesa que una chica se le acercó proponiéndole bailar y luego irse a la parte de atrás. "Como yo no le contesté me preguntó si entonces le daba un beso, pero sorprendida le dije que no, que todavía no me animo, sólo vine a conocer", aclara.

Ya a las 6.30 la ebullición de unas horas antes descendió y empieza la retirada de algunos concurrentes que quizás sigan la fiesta en sus departamentos. Otros esperan en la puerta e intercambian sus números de teléfono, tal vez con la esperanza de un futuro encuentro con quienes fueran sus amantes casuales esa noche.

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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