SIMECA: trabajadores contra el capital

El 20 de diciembre de 2001 fue el bautismo de fuego de los motoqueros. Durante la brutal represión que la policía instauró en el microcentro porteño ellos tuvieron una participación primordial: repartían agua, transportaban heridos e incluso enfrentaban el avance de la montada.

La presencia del SIMECA en aquella jornada fue casualidad. Justo ese miércoles, antes del primer cacerolazo, se habían juntado en un plenario en alerta porque de las once agencias de mensajería existentes, diez no habían pagado y habían hecho subir la temperatura de sus motores.

"Íbamos para adelante porque veíamos que los caballos se asustaban con el ruido de los motores", dijo Sergio Sapiro, con casi 20 años en el oficio. "La movida fue espontánea. Muchos estábamos laburando y cuando vimos que se armaba decidimos colaborar, tanto con los colegas como con la gente que la estaba pasando muy mal", agregó.

Uno de los muertos de ese día era miembro del sindicato y, en su honor, el 20 de diciembre es recordado como el "Día de los trabajadores mensajeros". Gastón Riva tenía 30 años y murió tras un disparo policial en la esquina de 9 de Julio y Avenida de Mayo, donde se reunía y continúan reuniéndose sus compañeros.

Entre los motoqueros definen la interna sindical por dos facciones: "peronistas" (ASIMM) y "troskos" (SIMECA). Así como el ASIMM está representado por algunas agrupaciones ligadas a la CGT, al SIMECA, si bien oficialmente no lo blanquea, se lo relaciona con la izquierda. "Obviamente que nos paramos del lado de la izquierda. No por izquierdistas sino por una realidad concreta que son los sectores de la izquierda argentina los que apoyan las luchas, y lamentablemente la CGT, que es la central de trabajadores reconocida por el Estado, no actúa", declaró Luciano Schillaci, secretario gremial de SIMECA.

En una entrevista con la agencia ANRed, Schillaci dejó en claro el método de acción de su gremio: "Nosotros optamos por la acción directa porque la patronal no entiende de palabras. Entonces, cuando nos toca el momento de reclamar, todos los compañeros están decididos a la lucha. Cuando el enemigo nos pone el límite, lo primero que hacemos es romper el límite y después negociamos".

Por ejemplo, en 2005, lograron que la cadena de farmacias Vantage blanqueara a sus repartidores. Lo consiguieron después de ocupar un local y acaparar la cobertura de algunos noticieros televisivos. Lo mismo ocurrió durante el 2008 con la cadena de empanadas El Noble Repulgue, donde 150 empleados de delivery trabajaban en negro. La empresa denunció que una sucursal de Caballito fue destruida por militantes del SIMECA. Oficialmente, el sindicato lo niega, aunque algunos de sus militantes admitieron que en aquel momento, bajo la amenaza de la empresa de convertirlos en monotributistas, algunos pueden haber considerado que una acción de esas características era la única salida.

Francisco Alba

23/11/2009

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