NUEVAS VEREDAS
Antes era cemento, ahora modernidad

Desde hace unos meses, el Gobierno porteño usa en las veredas cemento "peinado" en lugar de baldosas. Entre rotura y rotura, la nueva apariencia se hace notar cada vez más. Para la Ciudad son un símbolo de calidad y eficiencia a bajo costo. Mientras, algunos vecinos cuentan que cuesta barrerlas y que pueden resultar inseguras para los mayores. Y algo más: antes de sacar las baldosas, nadie les preguntó nada.

Buenos Aires puede sorprender a cada paso. Frase gastada si las hay, pero nunca más cierta que en este caso, como lo podrán apreciar los que caminen las veredas recientemente rediseñadas. Es más, señoras y señores, el modelito de cemento rayado también está llegando a los parques y paseos de la Capital. La Plaza Aramburu, futura Felipe Vallese, ya ostenta en varios de sus senderos este nuevo estilo que ya se utiliza en varias calles de la Reina del Plata. Pero, a fin de cuentas, ¿cómo es o luce este nuevo estilo de piso público?

Para los desprevenidos que no se fijaron dónde posaron sus callos plantales vale aclarar que desde los primeros meses de 2008 el Gobierno de la Ciudad puso en marcha un plan para reparar las veredas en forma "rápida y eficaz" mediante un sistema que consiste en desparramar una capa de cemento sobre las veredas, hacerle una serie de surcos luego de nivelarlo y una vez seco, a transitar se ha dicho.

Los funcionarios sostienen, según publicó en su momento el diario La Nación, que el rediseño es "más resistente, cuesta un 20% menos, se construye más rápido, resulta fácil de mantener y cuando se reconstruye no se advierte fácilmente" el remiendo.

Cualquiera que sepa que las baldosas tienen costo podría suponer sin grandes esfuerzos que el nuevo sistema es más barato y fácil de mantener. Pero aquello de que no se advierte el parche de una eventual reconstrucción parece desmentido por el frente de una casa de Apolinario Figueroa al 1000: desde enfrente se nota de distinto color que el resto.

Como ante toda novedad, siempre aparecerán detractores con más de un motivo que a los ojos de los funcionarios, seguramente, resultarán "cuestionables". Como por ejemplo el de la propietaria de una casa de comidas en Avellaneda 2135, Flores. Beatriz Irusta, de 58 años, sostiene que "estas veredas son difíciles para limpiar porque se enganchan los cepillos y se rompen mucho".

Dentro del arco de responsabilidades de una gestión municipal habrá muchos segmentos que atender y tal vez por eso no fue tomada en cuenta la integridad de los ancianos para transitar la ciudad, porque, como bien señala Irusta, las veredas también son difíciles para los viejitos: "Muchos mayores arrastran los pies y así se pueden tropezar en las rayas y caerse", evalúa. Para colmo de males, cuenta que en su negocio los vecinos comentan que el rediseño "no le gusta a nadie porque las baldosas son más lindas".

Gladis Silva, una pensionada de 68 años que vive en Avellaneda al 2100, agrega algo más: dice que nunca le preguntaron nada antes de cambiarle la vereda. Lo mismo le pasó a Irusta en su negocio: "Cuando vi el cemento todo rayadito me quedé esperando que volvieran a poner las baldosas. Pensé que era otra cosa, que no iba a quedar así, más tomando en cuenta que la terminación de al lado del árbol había quedado muy mal".

Según algunos especialistas, el subsecretario de Espacio Público, Carlos Tramutola, debería advertir que aquello que las grandes ciudades del mundo aceptan, tal vez en Buenos Aires sea rechazado. La arquitecta Silvia Baccino observa que las nuevas veredas desvirtúan tres de los cuatro aspectos que fueron tomados en cuenta para la innovación. Primero, la transitabilidad: "No toma en cuenta que el relieve irregular entorpece los desplazamientos", asegura. Otro de los ítems que no se sostiene es el de la estética: "Por más que se esté atendiendo el aspecto visual, no toman en cuenta que el estilo edilicio de San Telmo, por ejemplo, no tiene nada que ver con este rediseño".

Por otro lado, en términos de durabilidad el cemento es similar a las baldosas, es decir que no se gana demasiado en ese aspecto. Eso sí, el item que más defiende la propuesta es la productividad: reduce costos. Para Baccino sería mejor que se "privilegie al peatón y facilite su movilidad, conservando los materiales y la historia de quienes somos". Y resume su mirada en un concepto: "Los sitios históricos no se rediseñan, sino que se restauran".

Queda como consuelo para los vecinos que una de las cosas que encienden la necesidad de expresión de gente es, justamente, el cemento fresco: así, una vez seco, estas veredas ostentarán para la posteridad frases como: "René ama a Sandra" o "Puto el que lo lee". Todo un estilo.

Norberto Fryszberg

* Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo
en ETER.


16/11/2009

Comentarios: contenidos@eter.com.ar