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CADA VEZ SON MÁS LOS QUE VAN A DISCOS CON SEXO LIBRE
¡Qué fantástica esta fiesta!
Muchos jóvenes que están solos eligen cada fin de semana los clubes de intercambio de parejas. Las mujeres buscan experiencias en tríos, los hombres pagan hasta $100 que les garantizan tener sexo seguro a menor costo que con una prostituta. Cómo son estas "fiestas liberales" que ahuyentan a los swingers de sus tradicionales boliches.
"¿Venís por primera vez? ¿Qué buscás?", pregunta Silvia en la entrada a la disco Reina Loba. Ella es la coordinadora del lugar y explica el funcionamiento y las reglas de permanencia. Allí, parejas de entre 20 y 50 años llegan cada fin de semana en busca de intercambios o un ménage à trois en uno de los clubes nocturnos de Capital Federal que arrancaron como sitios para swingers y de a poco fueron ampliando su convocatoria a solos y solas en busca de sexo casual.
El clima empieza a encenderse a las 2.30, cuando en una pantalla gigante dejan de verse clips musicales para darle paso a un video erótico. Entonces las parejas salen a la pista, bailan, se toquetean y hasta alguna se anima a un improvisado baile del caño a un costado. El calor del ambiente empieza a emerger y es cuestión de minutos para que las parejas se pongan de acuerdo y pasen a los reservados, que se habilitan "oficialmente" a las 3.30 de la mañana. En el baño, una chica le confiesa entre murmullos a otra que las mujeres se ponen esos diminutos vestidos por una sencilla razón. "Esto en un rato se vuelve un descontrol, muchos van allá atrás (a los reservados) y las chicas se ponen las polleras sin bombacha así se van pasando entre ellos sin perder tiempo", afirma.
Situaciones como las de Reina Loba se repiten en los siete boliches porteños donde cientos de hombres y mujeres se reúnen las noches de fin de semana para tener sexo sin culpa. En este club de Chacarita, el ingreso es a partir de las 0.30 y a veces hay que reservar el lugar previamente por teléfono. Las parejas pagan $50 y los hombres solos $70 con una consumición (en otros clubes, la cifra asciende a $ 100), mientras que las chicas solas entran gratis. Todos -o la mayoría- conocen las reglas, una suerte de decálogo no escrito que deben respetar para poder formar parte de la fiesta.
Fabio (40), comenta que es la primera vez que viene, que al lugar se lo recomendó un compañero de trabajo, pero que está solo porque todos sus amigos ya se casaron. "Vine para curiosear, no sé con qué me voy a encontrar -dice mirando de reojo a un travesti que no entra en sus planes-, pero está bueno".
Class, ubicado en Venezuela al 3500, en el barrio porteño de Almagro, es otro de los boliches donde pueden entrar personas de todos los gustos sexuales y sin límite de edad. El único requisito es tener buena onda y no sorprenderse por lo que pueda ocurrir alrededor.
Allí los encuentros swingers se vienen realizando desde 1999 y ya son un clásico de la movida nocturna en Buenos Aires. Desde agosto de 2005, Class se transformó en el lugar donde tus fantasías se hacen realidad, como dice su eslogan.
Mariela y Rubén, pareja swinger desde hace ocho años, son sus anfitriones, y se encargan de todos los detalles para que cada noche sea distinta. Desde su página de internet ellos aclaran cuáles y cómo son las condiciones para participar. "Acá tomamos algo, bailamos, nos conocemos y después el que desea pasar a los reservados lo hace y el que no quiere hacer nada, está bien igual. Nuestra idea es ofrecer una alternativa distinta, donde de forma organizada se pueda cumplir con todas las fantasías de las parejas", señalan.
Aunque en principio los encuentros fueron sólo de gays, más tarde se extendieron a bi, heterosexuales y parejas swingers. Y lo curioso es que ahora son los jóvenes quienes lideran los espacios de intercambios en las discos.
Daniel Bracamonte, presidente de la Asociación Argentina de Swingers, reconoce que el promedio de edad en los boliches pasó de ser de 40-45 años a 25-30, pero se encarga de definir (delimitar) dos cuestiones de esta tendencia: quiénes son "verdaderos swingers" y aquellos que buscan otra cosa.
"El swinger generó un fenómeno inverso en Argentina. En todos los países del mundo primero nace la moda liberal y después se fortalece la idea del swinger, y en Argentina el swinger generó el ambiente liberal. Hoy vas a encontrar muchos lugares que tienen una actitud hacia el sexo muy libre, lugares donde van solos y solas, donde hay shows de strippers, donde en los reservados hay más que un approach. En cambio, la esencia del swinger es una actividad de parejas constituidas con un grado de relación sentimental, por eso a la pareja ocasional que se juntó para ir a la fiestita es lo que yo llamó liberales, son otros códigos", afirma.
Según él, este nuevo fenómeno de parejas más jóvenes en la movida se debe a que muchos boliches bajo el título de swinger fomentan estas fiestas que muchas veces se transforman en orgías y nada tienen que ver con la práctica del intercambio. "Ser swinger es una actitud de pareja, donde las fantasías se fusionan en un solo interés, y además yo estoy con el ser que quiero, no con cualquier persona. En ese juego a mí me interesa lo que hace mi pareja, si la pasa bien o mal, mientras que si yo voy con una amiga, entré al boliche y ahí cada uno hace la suya. Hay pautas y códigos distintos", aclara.
Esta suerte de "invasión liberal" en los clubes, de tan desprejuiciada, parece espantar hasta a aquellos que tienen la mente lo suficientemente abierta como para animarse al intercambio sexual.
Bracamonte señala que, a nivel nacional, casi 70 mil parejas son swingers, pero sólo el 20% hoy va a los boliches. El resto prefiere hacer los intercambios de manera privada, a salvo de aventuras orgiásticas indeseadas.
"Sucede que muchas veces se confunde este ambiente con lo liberal, y muchos de los jóvenes asisten porque saben que seguro van a tener sexo y les sale más barato, por ejemplo, que una prostituta. Pero yo, como swinger, te estoy entregando a mi mujer, no a un gato. Esa es la diferencia", sentencia Braccamonte.
Class tiene fiestas que se dividen según las preferencias sexuales de sus participantes. Por ejemplo, las hay para gays, para los amantes de la ropa de cuero, o reuniones 100% nudistas, que son tres días a la semana, y donde el único requisito es permanecer toda la noche en ropa interior o sin nada. En la entrada se les entrega a los concurrentes una bolsa de residuos que se usa para guardar la ropa y entregarla en un vestuario ubicado junto a la barra. La entrada numerada incluye una consumición (gaseosa o cerveza), dos preservativos, un sobre con gel íntimo lubricante y la posibilidad de ganar algún souvenir como alquileres de películas XXX, juguetes sexuales o entradas a boliches que adhieren a esta forma de vivir la sexualidad. Todo como parte de un fenómeno que, placer de por medio, en los últimos tiempos alejó a algunos, pero invita a otros a la infinita diversión.
Marcia Rodas
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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