VIDEO DE LA ESCLAVITUD AL TRABAJO DIGNO El largo camino a la libertad
"La Alameda", una organización originada en las asambleas barriales post-2001, creó una cooperativa que no sólo lucha contra el trabajo esclavo y el abuso laboral, sino que también generó su propio taller textil y otras actividades comunitarias.
Luis Alfredo Quispe llegó a Buenos Aires, desde La Paz, Bolivia, en junio del año pasado junto a su esposa embarazada y su hija de tres años. Como la mayoría de sus compatriotas bajó del micro con su familia y el bolso lleno de expectativas. Le habían prometido 200 dólares por mes, una habitación digna y las comidas diarias. Pero al tiempo la realidad le daría un duro golpe, ya que con el paso de los meses la paga era menor, trabajaba hasta 17 horas por día sin poder salir a buscar alimentos y el hacinamiento del taller donde también dormía junto a otras dos familias, era cada vez mayor.
Lo que diferencia a Quispe de sus coterráneos es que hace dos meses pudo empezar a rehacer su vida, ya que fue rescatado por la asociación civil "La Alameda". Allí obtuvo un trabajo con jornadas de ocho horas, pero además le enseñaron a leer y accedió a un almuerzo diario con sus compañeros en el comedor que tiene el lugar, donde también se brinda alimentación a los vecinos pobres del barrio. Los productos realizados pueden encontrarse en www.mundoalameda.com.ar.
"La Alameda", ubicada en la esquina de Directorio y Lacarra en Parque Avellaneda, es una asociación fundada en 2002 que lucha contra el trabajo esclavo y además le brinda la posibilidad de desarrollarse en el cooperativismo a algunas personas que fueron liberadas de los talleres clandestinos.
La génesis de esta asociación fue la asamblea popular 20 de diciembre que se forjó al calor de la crisis y el fin del gobierno de De La Rúa. Empezó como una olla popular y se afirmó con la creación de la Unión de Trabajadores Costureros (UTC) y la cooperativa de trabajo textil.
Otras de las actividades que realizan son la denuncia y el escrache a prostíbulos, una escuela-taller de cerámica abierta al público y una biblioteca que sirve tanto a los hijos de los trabajadores como a la gente de la zona que la quiera utilizar. Además, brindan orientación a los recién llegados que buscan trabajo.
Antes de su rescate, la realidad de Quispe transitaba por el oscuro túnel de la servidumbre y el encierro. "Vine lleno de expectativas pero con el paso del tiempo cada vez la paga era menor, trabajaba más horas y ni siquiera me dejaban salir del taller. Cuando reclamé nos dejaron de pasar alimentos y teníamos que tomar agua del inodoro y encima a mi hija la encerraban en el baño porque decían que molestaba", se indigna Quispe.
En una de sus salidas, que siempre eran acompañadas por algún familiar del propietario de la textil, Luis se acercó a un policía y le relató la situación que vivía. El uniformado, para su sorpresa, lo mandó a migraciones para que legalizara su situación y el dueño del taller, cuando se enteró, lo echó a la calle disconforme con su actitud.
Pasaban los días y Luis y su familia sufrían cada vez más necesidades, hasta que por una recomendación fueron a parar al taller de un "señor" de apellido Zacarías, donde se volvían a reproducir todos los tormentos anteriores pero potenciados.
"Este señor manoseo a mi mujer y no solo eso, un día vi desde mi ventana como este señor manoseaba a su sobrina de 13 años", confiesa Quispe.
Luis logró escapar una noche que se descuidaron y fue a pedir ayuda a La Alameda, un lugar que del que había escuchado a través de otros compañeros del anterior taller. Al día siguiente estaban exigiendo su liberación en la puerta con los medios de comunicación y la policía.
Desde ese momento Luis encontró la luz al final del túnel y le deja una recomendación a sus compatriotas: "Los que quieran venir a trabajar que se orienten en La Alameda que tienen una lista de talleres confiables donde no sufrirán los tormentos por los que yo pasé".
Claudio Perri
Francisco Alba
Amalia Colombo
Rafael Palavecino
Dario Belingar
* Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
Según un estudio realizado por La Alameda en la Ciudad de Buenos Aires hay 3.000 talleres clandestinos que explotan a 40.000 trabajadores, que en general trabajan para grandes marcas como Kosiuko, Soho y Montagne, entre más de un centenar.
En un trabajo de 2008, Ariel Lieutier, ex subsecretario de trabajo del Gobierno de la Ciudad durante la gestión Telerman, afirmó que de los $100 de una prenda que se vende al público el trabajador de un taller clandestino recibe por su confección $1,80.
Actualmente, las empresas mencionadas se encuentran en proceso judicial a punto de alcanzar la etapa de juicio oral, según explican desde el blog laalameda.wordpress.com.