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TEATRO CIEGO
Cuando ver no sirve de nada
Un espectáculo de teatro ciego en el que la vista no entra en juego y el resto de los sentidos son los protagonistas. Una experiencia completamente a oscuras que logra explotar la imaginación de cada uno de los presentes.
No es noticia que la noche porteña ofrece variedades teatrales para todos los gustos. Desde humorísticas, musicales y de improvisación hasta dramáticas y de suspenso. Pero teniendo en cuenta que cuando uno piensa en una obra de teatro se imagina un escenario con reflectores de colores iluminando a los actores, escenografías que acompañan perfectamente cada cuadro y gestos de los personajes interactuando con el público, La isla desierta, del "Grupo Ojcuro" rompe con todos estos esquemas.
El colectivo imaginario indica que uno "va a ver" una obra de teatro no sólo a oírla. En este sentido, el teatro ciego nos demuestra que en 60 minutos completamente a oscuras, se puede vivir una experiencia teatral en la que, al no poder ver, se acentúan al cien por ciento el olfato, el tacto, la audición y el gusto.
La obra es una adaptación de una obra escrita por Roberto Arlt para teatro convencional, con ocho actores en escena (tres de ellos no videntes), comenzó a realizarse hace siete años en el Teatro Anfitrión y, un año después, se mudó al Centro Ciudad Cultural Konex. Actualmente, luego de más de mil funciones realizadas y debido al éxito y la aceptación del público, el "Teatro Ciego" ya cuenta con su propia sala ubicada en el Pasaje Zelaya 3006 (esquina Jean Jaures).
Al ingresar al teatro, la vista empieza a servir cada vez de menos y los espectadores llegan a sus butacas en compañía de un no vidente que los ubica vaya uno a saber dónde. Tener los ojos abiertos o cerrados es exactamente lo mismo. Allí es cuando se empieza a perder el sentido de la ubicación, las referencias dentro de la sala no existen. El espectador se ve sumido en una soledad absoluta hasta que un ruido ensordecer de máquinas de escribir lo despierta del sopor y lo ubica mentalmente en una oficina atiborrada de personas. El fuerte olor a café se cuela por los poros y dilata las pupilas, aún más, buscando un ápice de luz que no encontrará nunca. Ante la oscuridad, los latidos del corazón se intensifican, mucho más cuando los personajes se peleen y una mano anónima rozará al auditorio. Así, mediante diversos estímulos inodoros, sonoros y táctiles, los "actores" llevan a los "espectadores" de viaje por un oscuro sótano de la Ciudad de Buenos Aires hasta una isla paradisíaca. Hay quienes disfrutan y quienes lo sufren. También están los que no pueden soportarlo y quieren retirarse de la sala.
"La idea de llevar adelante una obra en la oscuridad no es para demostrar a las personas videntes cómo se siente no ver. No es la idea. Se apunta a otra cosa, a que el espectador pueda crear los personajes y la historia estimulando otros sentidos. En el teatro convencional, todos ven al mismo actor, la misma escenografía: en la propuesta de teatro ciego cada uno crea su propio mundo", aclara José Menchaca, director de la obra.
La imaginación se pone en juego y los sentidos se potencian. Los aromas impregnan el ambiente, los sonidos llegan a aturdir y las sensaciones invaden. Al final, cuando las luces se encienden el público busca en vano un escenario, una escenografía, utilería, pero lo único visible es el otro en su misma situación.
La isla desierta realiza semanalmente funciones los viernes y sábados a las 21 y 23 horas y la entrada, de 40 pesos, se puede adquirir en la boletería o a través del sitio www.tuentrada.com.
Paola Morchio
Matías Stark
Paula Larrousse
Sergio Florez
* Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
19/10/2009
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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De Córdoba a Capital
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El concepto de teatro a ciegas nació en 1991, en Córdoba, a través de un espectáculo a cargo del escritor y director teatral Ricardo Sued que, inspirado en las técnicas de meditación en la oscuridad practicadas en los templos Zen tibetanos, decidió realizar una obra sin presencia de luz. Así nació Caramelo de limón, una historia dramática con estímulos sonoros, olfativos y táctiles. Sin embargo, pese a su particularidad, no contaba con actores ciegos como sucede hoy en obras como La isla desierta o A ciegas con Luz, entre tantas otras representadas en el país.
Caramelo de limón se estrenó por primera vez en el 4to. Festival Nacional de Teatro, realizado en octubre de 1991. Al año siguiente, se expuso en varias salas de la capital cordobesa, hasta que al año siguiente llegó a Buenos Aires, en el Espacio Giesso de San Telmo.
En 1996, Sued realizó otra representación, pero aquella vez acompañado de un elenco de actores franceses. Se presentaron en el Théâtre Nacional de la Colline de París, con el nombre de Bombon acidulé, recibiendo elogios de la crítica experta.
Caramelo de limón fue la inspiración que llevó a uno de los miembros del teatro del pasaje Zelaya, Gerardo Bentatti a fundar el "Grupo Ojcuro" y la puerta de entrada para la creación de nuevas obras.
En la actualidad, continúa en cartel de la mano de un artista argentino en México.
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