CADA VEZ SON MÁS LOS QUE SE LE ANIMAN AL GÉNERO
De pie: El stand up crece en la ciudad

Las obras aumentan en calidad y en cantidad de público. También los talleres de gente que quiere aprender sus secretos. Cómo es contar un drama propio frente a tantas personas y no morir en el intento…


"Qué tal, tengo 26 años, soy soltera y hago stand up. Y eso me complica para encontrar pareja. ¡Cada vez que en una fiesta digo que soy humorista me pasa lo mismo!
Es algo así: "Che, y decime… ¿A qué te dedicas?"
"Soy humorista"
"Jaa, a ver… contate un chiste…"
"Noo"
"¡Daleeee! ¿No sos humorista vos?"
"¿Y? ¿Vos a qué te dedicas?"
"Soy carpintero"
"¡Ayy, a ver… hacete una mesa!"


(Natalia Carulias, que presenta el show de stand up "DeA1" en el Konex)


Estefi trabaja de mesera en uno de los tantos restaurants de "Palermo Hollywood", aunque su verdadera vocación es la actuación. Va de un lado para el otro anotando pedidos. Pero, además, lleva una libretita en la que toma nota de todo lo que ve. Una pareja que discute en la calle, las historias que cuentan sus compañeros de trabajo, un comentario que le hace un tachero… "¡Todo, absolutamente todo sirve!", grita emocionada Estefi. "Mi profe, Ale Angelini [escuchar audio], en las primeras clases dijo que tengamos siempre un anotador a mano. Y es cierto, porque donde menos te lo imaginás surgen cosas y está bueno anotarlas en ese momento", explica.

Estefi es una de las tantas personas que no se conformó con disfrutar de un show de stand up y quiso aprender más acerca del género en las clases que se dan en cada vez más lugares de la ciudad.

El stand up nació en Estados Unidos y hace unos años llegó a la Argentina. En este género, aparece un solo comediante en el escenario que, micrófono en mano y hablándole directamente al público, comienza a recitar uno tras otro y en forma rápida, historias cotidianas con dosis de humor llamadas "monólogos".

De la mano de personajes famosos -como Sebastián Wainraich o Peto Menahen- y no tan famosos, pero con gran repercusión en el ambiente -como Diego Wainstein o Alejandro Angelini-, el stand up se hace cada vez más fuerte en bares, teatros y centros culturales de la ciudad. Una breve recorrida alcanza para encontrar talleres ofrecidos en afiches, avisos de cursos por internet y puestas que llenan las salas de risas. Pero para llegar a eso hay que recorrer un largo camino…


"No tengo suerte con los chicos yo… No sé, quizás es un problema de comunicación. No tengo onda, tengo mala suerte.
El otro día voy por la calle caminando y encuentro a un chiquito divino que miraba para todos lados. Y para pegar onda le digo: ¿Qué pasa, enano? ¿Estamos perdidos?
Me mira y me dice: ¿Qué te pasa a vos, forra?
¿Podes creer que era un enano de verdad?"


(Natalia Carulias)


Llegan temprano los alumnos a la clase de stand up y se sientan en unos pupitres, con sus cuadernitos y lapiceras. El taller lo brinda Alejandro Angelini, conocido como "el maestro de los famosos" por haberle enseñado los secretos del género a la mayoría de los que tienen obras en cartel. Sus cursos explotan cada vez que abre una nueva inscripción.

Se juntan en grupos, escuchan atentamente y empiezan a escribir. Discuten y corrigen sus anotaciones entre todos. Al frente se puede ver un pizarrón como los de cualquier escuela primaria. "Yo me quedé sorprendida las primeras clases", comenta Estefi. Y agrega: "Pero todo esto es importante, porque te explican cómo se arma un chiste, cómo está dividido… cómo se crea el humor. Teoría en estado puro para saber armar tu material, ya que escribir un monólogo no es nada fácil. Si no sabés estructurar terminás contando una historia de vida… ¡y a nadie le importa!".

Angelini se acerca a uno de los grupos, lee atentamente uno de los cuadernitos y explica con tono docente: "Recuerden que el material debe ir siempre hacia un chiste, hacia un remate. Pero lo importante es que no tienen que verse los hilos. El stand up mejor hecho es el que parece que al actor se le está ocurriendo todo lo que dice en el momento, como si estuviera improvisando, pero está todo planeado lo que va a pasar. Tiene que ser todo tan natural que el público diga 'Ah, esto es una boludez. Lo podría hacer yo".


"Me compré un celular divino. Tiene de todo: ringtones, lucecita, internet, fax, video, jacuzzi, cama solar… Completo mi celular. La cagada es que no suena nunca. ¡Estoy pensando en contratar extras para que suene!"

(Dalia Gutman, en su show "Quereme así")


Son varios los monologuistas que, además de dar shows, vieron la oportunidad de enseñar en talleres o cursos. Y las personas que se acercan a aprender no siempre lo hacen para desarrollar una profesión. "Es sorprendente ver que la mayoría sólo realiza el curso como un hobby o como una forma de escape a su rutina laboral", comenta Angelini. Es que en las clases de stand up los concurrentes aprenden a hacer reír y, también, a reírse de sí mismos.

Estefi recomienda tomar clases de stand up "porque libera, porque sirve para sacar hacia afuera muchas molestias de la vida". Y completa: "Está buenísimo saber que podés escribir vos sobre tus propias experiencias. Si te gusta reírte y que se ría la gente, el stand up es un buen lugar. Es un gran desafío pararte en un escenario con un micrófono y tu material. Si te reís, buenísimo. Y si no te reis… ¡me voy a querer morir! De eso se trata. Hay que bancársela. Y aprender cada día más para no morir en el intento".

Maximiliano Centurión

* Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.


5/10/2009

Comentarios: contenidos@eter.com.ar


Si tenés una vida, podés hacer reír
Por Sebastián Wainraich (*)

"El stand up se trata de contar lo que a uno le pasa y cómo le afectan las cosas de la forma más honesta posible. El humor del stand up se basa en todo: lo que ves, lo que pensás, lo que sentís, lo que te parece, lo que no te parece. Si tenés una vida podés hacer reír. Lo mejor es trabajar mucho el material, probarlo entre amigos y fijarse bien la estructura de chistes. Pero lo más importante es contar las cosas con mucha sinceridad y que cuando te subas al escenario la gente sienta que lo estás diciendo por primera vez. En el teatro puedo contar historias de religión, sobre mi mamá o que no sé cómo se llama Chunchuna Villafañe. La clave está en que la gente que te va a ver lo crea y diga: '¡Claro, es verdad!'

"Lo malo sería que lo cuentes entre amigos y ellos se rían y que lo hagas en el escenario y no se ría nadie. Pero como dice el dicho: el que no arriesga no gana."

* Conductor de radio y TV, monologuista. Actualmente forma parte del show "Cómico Stand Up".