El santo de los pibes chorros
El 6 de febrero de 1999, Víctor "El Frente" Vital salió con sus compinches de robo hacia una fábrica de muebles. Dos patrulleros rondaban por la zona, Eusebio "El Paraguayo" Sosa iba en uno de ellos; no tardaron en ficharlos y perseguirlos. Ni bien entraron en los pasillos de la villa San Francisco, Luisito y Víctor encontraron asilo en la casilla de una vecina: Inés Vera. Los policías vieron el movimiento y luego de sacar de los pelos a Inés entraron al rancho.
Debajo de una mesa los esperaban los dos pibes chorros, desarmados y deseando poder salvarse: "Shhh... callate que zafamos", alcanzó a susurrar Víctor antes de que los disparos a quemarropa de Sosa lo sorprendieran tapándose la cara "como cuando te pegan de chico", según contó años después Luisito, que sobrevivió haciéndose pasar por muerto.
La carrera delictiva de "El Frente" fue corta pero vertiginosa. Su ética delincuencial y su respeto al barrio se mezclaron con la negativa de su familia a recibir objetos robados; lo que hacía que por momentos tuviera cierto sobrante que compartía entre sus vecinos.
En la villa, todavía se recuerda el golpe mítico del Frente y Luisito a un camión de lácteos que vaciaron entre los carros de cartoneros del lugar. La villa se llenó así de productos que solían escasear entre sus heladeras.
Tras su muerte, no hizo falta mucho tiempo para que la figura de Víctor "El Frente" Vital se convirtiera en un mito, hasta llegar a ser el santo de los pibes chorros. El mismo día de su entierro, miles se agolparon para despedirlo, y desde allí su rostro comenzó a renacer en las remeras de los pibes. Su tumba se encuentra en el sector más pobre del cementerio de San Fernando, y frente a ella se juntan los chicos que salen a robar para intercambiar ofrendas de cerveza y marihuana por protección divina.
Seis meses después de que mataron a su hijo, la lucha de su madre, Sabina Sotelo, consiguió que detuvieran a Héctor Sosa y abriesen una causa judicial en su contra. Aunque varios testigos confirmaron que la víctima recibió cinco disparos, la justicia dictaminó que las pruebas no eran suficientes y lo absolvió. El trago amargo con sabor a impunidad que envolvió a Sabina Sotelo se aplacó con la promesa de que Sosa sería exonerado de la Policía. Pero al finalizar 2006, supo que aún trabajaba en la comisaría 1ª de Olivos.
"Siempre extraño y me vuelvo... Me encuentro con los chicos que eran amigos de Víctor. Hoy son papás y me hacen conocer a sus hijos", cuenta la madre del Frente.
En 2003, el periodista Cristian Alarcón publicó Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, una biografía de Víctor El Frente Vital.
Una crónica precisa, una escuela primaria y un santuario siempre visitado coronan a Víctor como un símbolo de las víctimas del gatillo fácil.
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