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Paseo Colón 1588: el después de un desalojo
Solo una de las más de 350 personas que vivían en un edificio de San Telmo desalojado en febrero sigue en el barrio. La mayoría debió irse al conurbano y otros, después de siete meses, están aún en situación de calle.
La mirada de Victoria Silva refleja tristeza cuando recuerda el desalojo que sufrió siete meses atrás, en el edificio que habitaba desde hacía 20 años, en Paseo Colón 1588. "Ese momento no lo quiero recordar nunca más", dice. Hoy, Victoria es la única que pudo continuar su vida en el barrio entre las más de 350 personas (unas 100 familias) que vivían allí. El resto debió trasladarse al conurbano, y otros se encuentran todavía en situación de calle.
El 25 de febrero las personas que ocupaban la fábrica de pastas tomada dos décadas atrás, fueron expulsadas por una orden administrativa del Gobierno de la Ciudad, que ofreció a cada grupo familiar 7 mil pesos por retirarse del lugar.
"El 80 por ciento de las familias tenía hijos. Alrededor de 300 chicos perdieron el año escolar y sus padres, las fuentes de trabajo", contó a ETER Rubén Rosmarino, coordinador de la Agrupación Aukache que fue al lugar el día de la expulsión para ayudar a resistir. La organización social, de base peronista, también cooperaba en la organización de la casa.
"El desalojo me causó tantos problemas: perdí el laburo, entre otras cosas", reconstruye Victoria, quien fue echada de su trabajo en una fábrica tras la repercusión del episodio. Además, se le extraviaron todas sus pertenencias, que dejó en el depósito municipal. Así es que estuvo obligada a empezar de cero. Con la ayuda de la Asamblea de San Telmo consiguió una habitación en una casa en Paseo Colón y Humberto Primo. Pero no todos pudieron reacomodar su vida como ella. "A esta altura, después de siete meses hay gente que, lamentablemente, continúa en la calle porque alquilar un hotel se hace imposible por los elevados costos", agrega Rosmarino.
Desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad, Pablo Díaz, director general de Atención Inmediata, afirmó a ETER que los planes de protección habitacional, que se les dio a los ocupantes de Paseo Colón, son para atenuar los efectos de la emergencia en la que se encuentran. "La persona con ese dinero puede solucionar el problema que está atravesando", dijo Díaz, quien agrega que la forma de pago puede ser de 700 pesos por 10 meses o todo el dinero en una sola cuota. Pero Rosmarino cuestiona los dichos de Díaz: "Con 7 mil pesos en la calle no le garantizás ni la integridad a nadie que esté en la calle". Explica también que tampoco ve una voluntad de solucionar el problema sino de "sacárselo de encima".
La familia Peñalba, de nacionalidad peruana, vivía en uno de los huecos del edificio desde los inicios de la ocupación del lugar, a fines de los 80. Los padres eran verduleros y una de sus hijas estudiaba Comunicación en la UBA. A la vez, mientras residían en Paseo Colón, construían una casa propia en el Gran Buenos Aires. Avisados de que se realizaría un desalojo se las arreglaron para tomar más de un subsidio del Estado, y así pudieron finalizar la obra.
Pero las consecuencias fueron desiguales para otros, como en el caso que detectó Analía Casafu, coordinadora de la Asamblea de San Telmo, cuando caminaba hace unas semanas por el Parque Lezama. Allí, una de las adolescentes de 14 años que había habitado el edificio de Paseo Colón, se prostituía en una esquina de la plaza, visiblemente drogada.
El desalojo de Paseo Colón no es un caso aislado. A comienzos de 2008 ya eran más de 30 mil los afectados, según datos de la Defensoría de la Ciudad. Sólo entre ese año y el anterior, los desalojos crecieron de un 72 % a un 140 %. Alicia Pierini, defensora porteña, asegura que esto está vinculado con la "urgencia" de reciclar edificios y casas para poder inaugurar hostels y restaurants para los turistas.
Aukache y la Asamblea de San Telmo, otra organización de base anarquista que también ayudaba en el edificio tomado, coinciden en que la política de gestión del jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri es la de expulsar a las personas en situación de pobreza, para "limpiar" la Ciudad. El objetivo, explican, es generar un negocio inmobiliario y liberar la zona para que sea atractiva al turismo. Los números también hablan: del presupuesto presentado en materia de desarrollo social se había establecido $54.000.000 pero, hasta el momento, sólo se invirtió el 8.5%, es decir, $4.600.000.
"El macrismo tiene un electorado que es la clase media a la cual le cabe este argumento, que es echar a los negros", relata a ETER Rubén Saboulard, director de la Asamblea de San Telmo. Díaz argumenta que el gobierno de Macri "no desaloja a nadie", sino que todos los desalojos son en el marco de una causa judicial o "administrativa". Al respecto, Ricardo Dios, jefe de Seguridad Urbana de la Defensoría del Pueblo de la ciudad, agrega que "sobre el edificio de Paseo Colón había una causa abierta que estaba a cargo de un juez, por las condiciones inhumanas en las que se vivía en el lugar, pero se adelantó Macri con la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) y lo hizo de una manera que no es la correcta".
Las condiciones de vida en el edificio eran indignas, según los distintos relatos. El predio de la fábrica, que consta de tres pisos, no tenía separaciones de material, por eso las familias dividían con chapas, maderas o cartones el espacio común. También, había gente instalada en los huecos de la fábrica, como el del ascensor. El olor, según recuerdan, era nauseabundo. El edificio no tenía cloacas, por lo que los desechos orgánicos iban a parar a un pozo sin conexión para el desagüe. La situación era extrema: los niños del lugar jugaban sobre las maderas que lo tapaban ese hueco de olores repulsivos y tóxicos.
Los problemas, sin embargo, no eran sólo de estructura edilicia. Saboulard cuenta que la Asamblea decidió tomar distancia del asesoramiento a la gente que allí vivía cuando el paco se instaló en el edificio. Un año y medio antes varios residentes alquilaron o vendieron sus habitaciones. En ese momento, hubo un recambio de gente que organizó la venta de pasta base. Los más chicos robaban en la zona y se escondían en la casa. Se comenzaron a cobrar "peajes" en algunas zonas de la ex fábrica y la violencia aumentó. Los vecinos de San Telmo se quejaron, y hasta hicieron una denuncia penal. "Cuando tenés al barrio en contra ya no podés hacer más nada", analiza Saboulard.
Ricardo Dios, jefe del área de Seguridad Urbana de la Defensoría de la Ciudad, que estuvo allí, suma a esta situación que "había denuncias de vecinos por venta de drogas y, en una de las puertas un cartel ofrecía: 'Se vende paco', lo que generaba un descontento en los vecinos". Concluye: "Vivir en la calle es mas digno".
Victoria recuerda el día del desalojo: "La UCEP nos trató como cualquier cosa, y con mucha violencia. No respetaron a los niños, ni a las mujeres, ni a la gente mayor". Las organizaciones sociales coinciden en la agresión del organismo, tanto como las fotos y varios videos que registraron el suceso. Por su parte, Díaz, de Atención Inmediata, sostiene que "la UCEP no participa de los desalojos. Eventualmente ha participado, como en el caso de Paseo Colón, para asistir en el armado de cordones y trasladar la gente al ministerio".
Por su parte, La Agrupación Aukache había propuesto comprar el edificio o arreglar con el gobierno para que les cediera un lugar y reacomodar a las familias con un mayor plazo de tiempo. Pero la respuesta estatal fue la de los subsidios de 7 mil pesos, y a partir de ese momento, según cuenta Rosmarino, el diálogo terminó. Por eso, Victoria, como los demás desalojados debieron, de un momento a otro, improvisar una nueva vida.
Eugenia Serres
Camila Franceschetti
Giselle Goffredo
Melina Arceiz
* Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
14/09/2009
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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