Enemigos íntimos: por qué el vinilo es superior al mp3
Los melómanos ven a los formatos digitales como una forma de perversión al arte, porque reducen la música a su mínima expresión. La descarga de discos es práctica, sencilla, y no ocupa lugar físico, además de ser gratuita. Pero el verdadero amante del elepé busca la gratificación material a la tarea de recorrer disquerías. Quiere ver el arte de tapa y las letras de las canciones impresos. Lo satisface revolver en el sobre de un disco y encontrar una sorpresa (como las figuras recortables del encarte de Sgt. Pepper's, o el Wasting Light de Foo Fighters, que incluye un trozo de la cinta utilizada en su grabación). Todos estos elementos irremediablemente se pierden en la intangibilidad de los formatos digitales.
En lo que refiere al audio, el vinilo brinda matices que son imperceptibles en las reproducciones informáticas: desde los chasquidos propios de la púa del tocadiscos, hasta sonidos de estudio e imperfecciones de ejecución que humanizan a los artistas.
Y aunque los vinilos se rayen y desgasten, los puristas siempre preferirán correr ese riesgo a recurrir a una música masificada, que puede ser pulverizada con un simple "delete". Para el melómano, la música sólo se experimenta plenamente a través de los discos. Lo demás, en palabras de Radiohead, son sólo unos y ceros.
Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER, en la materia Agencia.
22/11/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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