 |
|
SUPERVIVENCIA DE UN FORMATO MUSICAL CLÁSICO
Píntalo de negro: la resistencia de los vinilos ante el avance de la tecnología
Frente a la proliferación de las descargas digitales, los melómanos siguen prefiriendo los simples y discos de larga duración a los archivos MP3.
Había una vez un formato musical cuyo tamaño se medía en pulgadas en lugar de megabytes. Su peso se mesuraba en gramos y su velocidad de reproducción en revoluciones por minuto. Los jóvenes pasaban horas revolviendo los estantes de las disquerías, buscando algún single exótico para refregarlo en la cara de sus amigos coleccionistas. Los discos eran tangibles, negros o de colores variados, tenían dos caras y debían ser tratados con sumo cuidado para que no se rayaran. Toda esa historia parece haber sido borrada con un simple doble click. En el mundo globalizado, donde las canciones son archivos descargables de Taringa y no existe el contacto entre personas sin la mediación de Facebook, parece inverosímil que haya quienes todavía apuesten al long play. Sin embargo, toda hegemonía tiene su oposición. En Buenos Aires y alrededor del mundo existe una especie devenida en contracultura que se niega a desaparecer: los amantes del vinilo.
La última encuesta realizada sobre esta tendencia estuvo a cargo de la consultora estaounidense Nielsen Soundscan. De ella se extrajo que sólo en Estados Unidos se venden 1,7 millones de discos de vinilo al año. Además, las ventas en Gran Bretaña aumentaron un 13 por ciento con respecto a 2010. A nivel sudamericano, la fábrica Polysom de Brasil retomó la edición de long plays y simples luego de su cierre en 2007, y es la única empresa de la región que produce discos de 12 (LP) y 7 (EP) pulgadas para Chile, Uruguay y Argentina. En el ámbito local todavía no se publicaron cifras oficiales, pero existe alrededor de un centenar de cuevas en Buenos Aires que se dedican a la venta de vinilos, además de los habituales puestos en los parques Centenario y Rivadavia. Los dueños de los locales coinciden en que se venden entre 500 y 700 ejemplares al año, una cantidad sumamente aceptable si se tiene en cuenta que los minoristas tienen que apelar a la importación, al canje o a la compra a particulares para abastecerse. En una ciudad con una alta demanda cultural, la venta tradicional de música todavía parece algo viable.
"Creo que el consumo musical se polarizó", comenta Fernando Pau, dueño de la disquería Abraxas. "Por un lado, tenés a los que van a lo masivo, a la descarga digital y tienen millones de discos a los que nunca les prestan atención. Y por el otro, tenés a los puristas, a los que aman el ritual de buscar un disco, sacarlo del sobre, pincharlo con cuidado y sentarse a escuchar". Ubicado en el local 74 de la Galería 5ta. Avenida (Av. Santa Fe y Talcahuano), el local de Pau es un sitio de visita obligatoria para los melómanos bonaerenses. Ofrece un amplio catálogo de LPs nuevos y usados, en su mayoría de las décadas del '60, '70 y '80.
Pero, ¿por qué existen personas que insisten en coleccionar algo tan obsoleto como los vinilos? ¿Para qué tomarse el trabajo de recorrer disquerías y pagar por algo que se consigue gratis online? Para Andrés Kasi, dueño de Bonus Track (Corrientes al 1200), la pregunta es casi ofensiva. "Al que realmente le gusta la música, no le pueden interesar las descargas digitales", acusa. "Es otro sonido, mucho más profundo, con más cuerpo. Es como preguntar la diferencia entre tomar un buen vino y tomar uno de cajita". Pero el coleccionista no sólo prefiere el long-play por cuestiones sonoras. Manuel Boschetti, un habitué de las cuevas bonaerenses que dice tener una discoteca con más de mil placas en su casa ("Mi favorita es una primera edición inglesa de The Wall, de Pink Floyd"), sostiene que hay toda una ceremonia detrás. "El melómano es el único que puede entender lo que significa juntar discos. Es ir a la disquería a conversar con el que atiende y con otros clientes. Es llegar a tu casa contento por haber encontrado algo que buscaste por todas partes. Es tocar el disco, ver el arte de tapa y las letras en la carátula interna. Es olerlo. Involucra muchos más sentidos que no suelen estar asociados con la música". Fernando Pau, de Abraxas, concuerda: "Vos pones el reproductor de Windows con una lista de temas y te olvidás. Con los discos es distinto. Vivís el álbum como una experiencia completa, con lado A y B. No tenés mil temas en orden aleatorio. Te obliga a entender el criterio artístico con el que cada músico agrupó las canciones. Nunca va a ser lo mismo escuchar un disco conceptual como el Sgt. Pepper de los Beatles en vinilo que bajártelo".
Las figuritas difíciles que atraen a los amantes del formato son por ejemplo una edición japonesa de Like a Virgin, de Madonna, y una rarísima copia de Lie, el larga duración grabado por el asesino en serie Charles Manson. La oferta de Bonus Track es más numerosa, y abarca diversos subgéneros como el metal (Slayer, Metallica, Mötley Crüe), el rock clásico (Beatles, Stones, Led Zeppelin, Deep Purple, U2), la música de los '80 (Duran Duran, The Police, The Cure) y el punk (Ramones, The Damned, All, Sex Pistols). Quienes busquen alternativas más modernas se sentirán más a gusto en Oíd Mortales (Av. Corrientes 1145, local 17). Allí podrán hallar ediciones europeas del flamante King Of Limbsde Radiohead, The Fall de Gorillaz, o la banda de sonido del film francés Simon Werner A Disparu, compuesta por Sonic Youth, a 180 pesos cada uno.
No todas las bandas que se juegan por el formato elepé son extranjeras. En el ámbito local, cuando el vinilo parecía dar su estertor agónico a finales de los noventa, tanto Los Natas como Fun People editaron long plays y singles. Los primeros hallaron en este formato el canal ideal para el sonido valvular y grueso de su stoner rock, mientras que los segundos crearon el sello Ugly, Las Feos para promocionar sus trabajos y los de bandas emergentes a través de la venta de discos por suscripción, fieles a la máxima hardcore-punk del "hacelo vos mismo". Más acá en la línea de tiempo, Gustavo Cerati, Miranda y los reunidos Fabulosos Cadillacs contaron con el apoyo de sus respectivos sellos discográficos para lanzar Fuerza Natural, Es Imposible! y La Luz del Ritmo en formato larga duración.
Mientras los países del primer mundo aprovechan el renacimiento del vinilo para crear eventos que fomenten su venta, como el Record Store Day, nuestro país también cuenta con una jornada que favorece la expansión del mercado. La Feria Internacional del Coleccionismo Discográfico, celebrada anualmente en Buenos Aires y Rosario, brinda un espacio donde los vendedores pueden agruparse bajo un mismo techo para exponer y comercializar los títulos más variados, así como también merchandising y autógrafos de distintos músicos.
Por lo visto, el vinilo está lejos de extinguirse. Los melómanos de este país y del mundo entero se esfuerzan por lograr que el planeta de la música gire eternamente a 33 revoluciones por minuto.
Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER, en la materia Agencia.
22/11/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
|
|
|
|
NOTAS RELACIONADAS
|
|
|
 |
|