TERAPIA ALTERNATIVA PARA VIVIR MEJOR
Un taller poco serio

Las fobias y depresiones son trastornos psicológicos típicos del nuevo milenio. Para combatirlos, en Capital Federal dictan cursos de risoterapia, en donde la gente aprende a reírse de sus problemas.

Dicen que la risa es salud, y hay quienes se toman ese refrán muy en serio. "La risoterapia puede curar más que cualquier medicamento", asegura la actriz Liliana Pécora, creadora del "Taller de la Risa", ubicado en el centro porteño, al que asisten personas de todas las edades para "perder el miedo al ridículo y poder sacar el niño que todos tenemos adentro".

Los médicos sostienen que cuando una persona ríe sus órganos funcionan mejor, aumenta la resistencia física y se impide que la mente se enrosque en malos pensamientos.
Pero parece que con una simple sonrisa no basta, es necesario lanzar una buena carcajada.

"El taller es un lugar a donde uno viene a jugar y a cagarse de risa, y para generar eso saco toda mi experiencia de la maestra jardinera que soy", recalca Pécora, quien inició con esta actividad en 2001, luego de una "profunda depresión" que le causó el corralito. "No me acorralaron solamente el dinero, también la alegría", añade la actriz, quien tuvo que reinventar sus trabajos en épocas en las que su teléfono no sonaba. "En ese momento era muy difícil poder trabajar. La gente estaba asustada, no quería salir, y mucho menos invertir en comprar una entrada para ir al teatro", recuerda.

Los talleres se basan en la espontaneidad, consisten en poner el cuerpo en movimiento y desarrollar también el lenguaje no verbal. "Comencé con juegos, y como también soy actriz propongo ejercicios de teatro, que para mí son los más divertidos para reírse y pasarla bien. La risa en sí ya es placentera", destaca.

Pécora indica que con música y mediante diferentes técnicas de relajaciones sus alumnos ponen todo el cuerpo en movimiento, "incluso la voz y la risa", y que a la vez pierden la timidez: "Se descontracturan y se liberan totalmente". El objetivo es reirse de uno mismo, perder el miedo al ridículo, lograr un acercamiento con los demás, y mejorar la salud física, mental y emocional. Los grupos están conformados generalmente entre 20 y 25 personas, aunque para poner en marcha su funcionamiento tan sólo se necesitan entre 8 y 10.

"Comencé con los talleres de la risa luego de la muerte de mi hermano. Me deprimí muchísimo, al punto que no quería levantarme de la cama", manifiesta Elsa, de 68 años, quien se acercó tras la sugerencia de su esposo, luego de que una amiga la llevara a una psicóloga que no le dio muy buenos resultados. "Estas clases me ayudaron a aceptar la vida como es", subraya. Ana llegó a los talleres a través de internet. "Buscaba alternativas para mi problema de salud, porque sufría de ataques de pánico con algunas fobias desde que me quedé sin trabajo", detalla, y reconoce que ahora se siente "mucho mejor". Y agrega: "Tengo más seguridad y pude controlar las angustias. Estos talleres me ayudaron para manejar mejor mi vida y disfrutar más de las cosas que tengo".

Liliana Pécora vive del humor desde hace más de 50 años, primero lo hizo a través de la actuación y ahora le sumó estas actividades. "Poder reírse de uno mismo y al mismo tiempo transmitir la risa es fantástico", recalca.

Para desarrollar bien la capacidad de reír no basta con una sola clase. Los cursos duran dos meses, en los cuales se ven diferentes temas específicos, y sus alumnos reciben diplomas al finalizarlo. "Después de pasar por acá no volvés a ser el mismo, aprendés a ver la vida de otra forma", admite Ana, con una sonrisa en la cara.

A pesar de que la risa es una de las pocas cosas gratis que nos quedan para hacer, aprender a ejercitarla puede salir caro. Para empezar a cursar hay que pagar la matrícula de 100 pesos y luego las cuotas mensuales alcanzan los 320 pesos. El único requisito es asistir con ropa cómoda. Y con ganas de reír, claro.

Priscilia Schultheis, Cristina Quiroga, Gisela Sasso, Daniela Carreira y Damián Salas
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.

8/11/2011

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