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CIENCIA APLICADA A LA VIDA COTIDIANA
La vida es un invento
Observadores, soñadores, y por sobre todo creadores, Silvia Núñez, Marcelo Fornaso y Bernardo Rosenfeld, tres de los premiados en la séptima edición de INNOVAR, aseguran que sus descubrimientos reflejan que "aún queda mucho por hacer".
"La naturaleza debe ser investigada con ojos curiosos", aseguraba Leonardo Da Vinci. Mucha gente se debe preguntar cómo es la vida de un inventor. ¿Será que vive como roedor, en un sótano, con una bata blanca, y rodeado de aparatos extraños? En el marco de la exposición INNOVAR, la cual llevar entregando premios desde hace siete años a los inventos más innovadores, en Tecnópolis, tres ganadores de la categoría "hogareña" cuentan cómo son sus vidas cotidianas.
"Vivo con mi novio. Tanto él como mi familia siempre están al tanto de mis proyectos e investigaciones, y les copa. Ellos captan como estoy inmersa en mi burbuja. A veces les sueno muy monotemática, pero a ellos les fascina verme tan compenetrada e interesada, y eso me motivaba a seguir en mi camino", dice Silvia Núñez, de 27 años, que ganó por la invención de "IVII" (ver foto), un hornito portátil hecho de tierra. Además, comenta lo difícil que es llevar adelante estas invenciones: "Está bueno ir compartiendo todo este trabajo porque hace valorar todo el tiempo que implicó. Al ver el producto terminado piensan que es muy sencillo, pero siempre detrás de todo final existe un largo proceso de producción".
Silvia Núñez cuenta por qué su proyecto está apuntado a lo hogareño: "Soy una persona que piensa en cómo crecer. En lo profesional, trabajo en una cooperativa, en la Industria Metalúrgica y Pástica Argentina (IMPA). A mí me interesa buscar otras perspectivas en lo que es el diseño, y que también se relacioné con lo social y cotidiano. Estoy aquí porque hay mucho espacio para utilizar y oportunidades para hacer cosas útiles". Actualmente ella participa en un grupo de investigación en la Universidad de Buenos Aires, en el programa ARCONTI (Arquitectura y Construcción en Tierra), de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU). "Estoy en este grupo que consta en la construcción de viviendas, a pesar de que mi investigación va por otros caminos. Y ahora voy a ir al foro internacional, en Córdoba, "Saber y sabiduría imaginarias", que trata la temática de inclusión social", dice la galardonada.

Su nombre es Marcelo Fornaso, tiene 51 años y es ingeniero electrónico y electricista. "Soy gerente de una empresa estadounidense con capitales argentinos, que está ubicada en Colegiales. Vivo en Belgrano, y mi intención es cubrir esas 15 cuadras, entre mi casa y el trabajo, con el TILTO" (ver foto), cuenta el inventor premiado en INNOVAR 2011. Su creación es un vehículo recreativo que sirve para todo aquel que quiera hacer excursiones, pasear por una feria o exposición, o inclusive, para personal de vigilancia. También puede servir en algún caso de minusvalía temporal o alguna en particular.
Marcelo deja los tecnicismos, con los que se desenvuelve la mayor parte del tiempo, y cuenta un poco su historia. "No estoy casado, pero tengo novia. Tengo un hermano gemelo, una hermana y mis padres. Ellos viven en Río Negro y me han visto toda la vida en el gremio de la invención", detalla. Se distiende y viaja un poco al pasado, para recordar cómo era su relación con los inventos cuando aún no había llegado a la adolescencia: "Cuando yo tenía diez años me preguntaban qué iba a ser cuando fuera grande, y yo decía inventor. Después la vida me fue llevando de acá para allá", agrega. Como durante la semana trabaja como gerente, Fornaso se dedica a sus proyectos durante los fines de semana o algunas veces, luego del trabajo, se queda hasta las dos de la mañana.
Sobre su taller relata: "Muchos trabajos los realizo en mi departamento y otros, un poco más complejos, los desarrollo en lugares que me prestan mis amigos. Es dificíl. No sólo tengo que pensar qué voy a inventar, sino que también dónde lo voy a construir. Igualmente siempre trato de armar cosas con materiales accesibles y que no sean difíciles de manipular". Además cuenta cómo va formando las ideas y cómo las archiva: "Hace diez años hago estas invenciones. Todos los días genero cosas nuevas, voy juntando carpetas con diseños y las almaceno para que en el futuro pueda seguir desarrollando más inventos".
"Vivo de mis inventos. Siendo ingeniero tuve que elegir por donde quería seguir, y realizarlo de la manera más profesional posible", asegura Bernardo Rosenfeld, otro galardonado de INNOVAR, quien también recorre sus estudios y sus trabajos. "Me gradué de la UBA en Ingeniería Electrónica en 1975. Hay empresas que utilizan mis proyectos, las celdas de carga, para lograr esto me tuve que formar en mecánica microscópica. Además trabajé mucho con el INTI en desarrollos de sensores, y luego me dediqué cada vez más con el agro. La electrónica es similar a la filosofía, porque permite tener una mirada más amplia. Cuando inventé el 'Riego sustentable para terrazas verdes' (ver foto) realicé un convenio con la Facultad de Agronomía de la UBA para que vayan supervisando académicamente, donde yo brindaba una mirada nueva y ellos debían aportar un control específico", remarca.

Bernardo cuenta cómo es su historia de vida: "Nací en Palermo hace 63 años. Viví en todos lados, pero terminé volviendo Estuve casado durante 22 años y tengo tres hijos. Es raro, pero la invención intenta un acercamiento humano que tal vez no se ve muy reflejado en las ciencias duras".
Rosenfeld comenta, sin mucho tecnicismo, cómo funciona su invento. "La principal distinción es que es trata de un sistema de riego pulsante. La novedad consiste en entregar el agua al suelo. Este principio resulto ser mucho más fecundo de lo que uno esperaba, de tal modo que se ha podido aplicar a cultivos de cualquier tipo, principalmente intensivos, logrando una economía del 50 por ciento del uso del agua y un 90 por ciento de ahorro de energía respecto de los sistemas anteriores (por goteo). Esto permitió extender su aplicación no sólo a grandes campos, sino que también pudo dedicarse a pequeños espacios cultivados, que pueden ser terrazas verdes o también cultivo familiar", explica.
"Mi proyecto es una respuesta a la necesidad de la alimentación, que consta de una nueva manera de producir, con valor agregado, y conservación de recursos que son imprescindibles y que es parte de la política que tenemos actualmente en el país. Es en respuesta a otros sistemas muchos más atrasados y parasitarios como es la producción sojera que es prácticamente un despilfarro de los recursos de la tierra. Esto apunta a cultivos industriales, que resuelven el problema alimentario y que permiten realizar el biocombustible", así cierra su relato y augura que se logre establecer este dispositivo como una solución a las problemáticas del agua y de la energía.
Hay un sentido común que une a estos tres inventores, la inclusión social, la revalorización de lo cultural y, por sobre todo, querer innovar en proyectos que beneficien a la sociedad. Además, todos ellos coinciden en que el buscar un beneficio en común y que observar lo natural son parte fundamental de la impronta para crear.
Lucas Sir Avalos, Tomás D'Amico, Ramiro Olivera y Gustavo Olivera
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.
1/11/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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