REGRESIONES A VIDAS PASADAS
Un instante de eternidad

¿Es posible poder acceder a recuerdos que no hayamos vivido? ¿Cómo experiencias anteriores que no recordamos podrían ayudarnos en el presente? En el marco de una práctica cada vez más habitual, en ciertos sectores, existen testimonios de personas que aseguran poder ver y entender con claridad quiénes fueron y qué hicieron en sus vidas pasadas.

"No tengas miedo", dice Laly. Su oficina es también su departamento de dos ambientes en Floresta. Tiene una biblioteca que ocupa toda una pared. Castaneda, Chopra, Jung, Borges, Thomas Mann, Weiss, Krishnamurti, Kafka, Ramana; budismo, historia, filosofía, literatura, esoterismo, tarot, y hasta un libro de cocina fácil. Todo mezclado y cubierto de una delgada capa de polvo. Hay olor a incienso. "Es palo santo, el aroma sagrado", aclara.

Laly tiene más de 40 años y menos de 65. Dedicó la mayor parte de su vida a las terapias alternativas. Es rubia, fornida, de nariz respingada, labios angostos y sonrisa disimulada. Mira de frente, clava la mirada con tanta fuerza que resulta casi imposible mantener la vista en esos ojos azules. En su oficina hay imágenes de ángeles. "Ellos nos protegen. Son seres puros y eternos. Yo trabajo todo el tiempo con la energía y los ángeles dan luz y conocimiento celestial, nos acompañan. A mí los que más me gustan son los arcángeles. Luchan contra los demonios que tenemos dentro", cuenta Laly.

Ella tira las cartas, abre los chakras (centros de estimulación de energía del cuerpo), hace "limpiezas" y regresiones a vidas pasadas. "Mi primera regresión fue a los 22 años. Nunca me voy a olvidar de esa experiencia. Fue algo muy fuerte. Lo experimenté estando sola, en un estado de meditación muy profundo. Me hubiera gustado tener un guía que me acompañara en ese momento. Eso es lo que yo hago, sólo sirvo de guía, ayudo a los otros a encontrarse y a conectarse con otros planos de la realidad".

Su gata mira a los visitantes con desconfianza. Es gorda y plateada. Acostada al pie del escritorio, observa con una soberbia que incomoda. Parece querer decir algo, pero espera el momento indicado. En la creencia popular, los gatos son capaces de ver espíritus de la misma manera que ven a las personas. Que esté acostada da, al menos, un poco más de tranquilidad.

La mujer prende un velador y tres velas. Luego, apaga la luz. Él, que intenta regresar a su antiguo yo, espera acostado en un sillón frente a ella. Está nervioso. No sabe qué hacer con las manos y mueve el pie izquierdo. La acompañante observa a un lado del escritorio, mientras la gata se enreda entre sus piernas. "Cerrá los ojos", le ordena Laly. Lo toma de la mano y comienza a susurrar un mantra. "Sentí la respiración. Concetrate únicamente en el aire que ingresa a tu cuerpo. Deja a los pensamientos pasar. No te apegues a ninguno. Fluyen las ideas en tu mente como el agua en el río".

El viajante la obedece pero, a pesar de los primeros signos de aparente tranquilidad, la hipnosis no parece dar resultado. Aprieta los parpados y un principio de sudoración comienza a rodar por su tensionada sien. Cuando tiene que contestar, balbucea. El maquillaje de las respuestas no tapa sus mentiras. Nada le sucede por dentro, y no hace falta ser bruja como Laly para darse cuenta. La sesión continua y él, que no ve nada y siente menos, empieza a darle crédito a su costado más escéptico. Existe un pequeño lugar para el lamento también, no habrá devolución de aquel pasaje que nunca lo llevara al pasado.

"Yo puedo hacer terapia de regresiones, pero ya no como lo hacía años atrás, que si alguien quería o tenía curiosidad hacíamos una. Hoy aprendí que es importante hacerlo pero en el marco justamente de una terapia y no sólo por curiosidad. Si no sería como ir al psicólogo una vez, hablar de las cosas más sensibles que el paciente tiene, y no volver nunca más", comenta Mauro García Rodriguez, psicólogo graduado de la Universidad de Buenos Aires.

En los comienzos de sus estudios, se inclinó por esta experiencia poco reconocida dentro del ámbito académico. Tal vez sea por eso mismo que luego la abandonó. Éstas prácticas, en su gran mayoría, están asociadas a la fe, a la creencia, a la magia. Se encuentran acurrucadas todas en la misma esquina. En la otra, aparecen las vinculadas a las ciencias, al estudio, al conocimiento. Los puntos intermedios son los fascinantes.

De avalarse la teoría de que existimos múltiples veces a lo largo del tiempo, resulta difícil pensar cómo problemas pasados pueden afectarnos durante nuestras vidas actuales. ¿El individuo no es acaso un ser social? Si no somos nosotros mismos durante todas nuestras incursiones en este mundo, ¿cómo puede una existencia anterior vivida bajo otros condicionamientos sociales hacerse presente en un contexto distinto? ¿Y cuál sería la manera de entenderlo?

"La terapia no persigue dar evidencias de existencias anteriores sino ayudar a quienes padecen con su vida actual. Hay diversas teorías acerca de dónde provienen esos recuerdos y bien podría tratarse de vidas anteriores, de memoria genética, inconsciente colectivo, etc… pero esa sería otra discusión. Más allá del origen de esos recuerdos, su posterior interpretación debería suponer un alivio y la posibilidad de elaborar y movilizar a un estado de bienestar superador", ilustra García Rodríguez. Además, expone que no es necesario creer en las vidas pasadas para poder beneficiarse de esta modalidad de terapia, ya que lo importante no es el grado de verdad de los recuerdos que emergen sino el efecto terapéutico que puedan provocar.

Patricia Otero también es psicóloga. Durante 15 años se dedicó al psicoanálisis clásico pero desde hace 17, luego de la muerte de su padre, cambió el rumbo y comenzó a realizar estudios de medicinas orientales. Hoy se define como una "psicóloga holística que trata a los pacientes como una unidad de mente, cuerpo, energía y espíritu". "Somos una manifestación que supera cualquier conceptualización intelectual. Somos un microcosmos: movimiento, expansión constante. ¿Cómo comprender esta vida sin la existencia de una cadena de causas y efectos -la ley karmática-? ¿Cómo comprender ésta limitada, breve y riquísima vida sin la existencia de otras pasadas?", reflexiona la terapeuta.

No cree en la eficacia de las terapias de vidas pasadas realizadas en forma aislada y dice: "Que alguien vaya a un terapeuta que le haga hipnosis y que entonces cuente eso que 've' es realmente una técnica muy limitada". Otero explica que puede servir como una forma de profundizar el trabajo, pero no como fin en sí mismo. También advierte acerca de los peligros de esta clase de terapia: "Puede ser perjudicial si el paciente no se encuentra preparado para recibir información de sus vidas anteriores. No cualquiera puede entrar en estados de hipnosis, la mente suele resistirse mucho. Antes tiene que pasar por un proceso de concientización y conocimiento profundo del verdadero ser. Sin primero comprender quiénes somos, no nos sirve de nada saber quiénes fuimos", concluye.

Es imposible afirmar con certeza si cada uno de nosotros puede acceder a recuerdos de sus vidas pasadas, en caso de que hayan existido. "Desde el psicoanálisis se busca encontrar qué verdades se ocultan detrás de las experiencias. Cuando un paciente se acerca y describe un encuentro con su vida anterior, el analista no tiene por qué dudar de lo que se describe", afirma el psicoanalista Alberto Gentile.

"Luego, con mucho trabajo, deberá intentar comprender de dónde proviene el suceso vivido: deseos, fantasías, experiencias reprimidas. Por otro lado hay que entender que, detrás de las prácticas de regresiones a vidas pasadas, se esconde la necesidad de rescatar nuestras partes desechadas. En tiempos donde todo se descarta y se vuelve efímero, es una necesidad humana encontrar un sentido que alivie la existencia", reflexiona el psicoanalista.

Sólo una sola conclusión parece la correcta: en la vida, el individuo experimenta múltiples sensaciones que en muchos casos son difíciles de asimilar y de comprender. Las ofertas para poder entender estas reacciones son variadas pero todas van en una misma dirección: intentan que las personas puedan sentirse mejor. La ilusión de que la vida no acaba en esta vida, la ilusión de lo eterno, ayuda a muchos a mitigar el vértigo de lo inexplicable. Porque "Nada ansío nada, mientras dura el instante de eternidad, que es todo" (Oliverio Girondo).

Ezequiel Lionti y Leila Súccari
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.

11/10/2011

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