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Menganno en su Ciudad Gótica
"Nos sentimos más seguras porque por lo menos alguien hace algo", dice Julia, que junto a su amiga Doris atienden el kiosco frente a la plaza Villa Obrera de Lanús. Allí, se pueden depositar tapitas de gaseosa en un frasco con la etiqueta de Menganno. Luego, el superhéroe del barrio pasa a buscarlas y las lleva al Hospital Garrahan. "Viene siempre disfrazado: no le conocemos la cara", aclara Doris.
En la plaza, la construcción piramidal que Menganno quería usar como sede de su Escuela de Superhéroes suele ser usada como guarida por los chicos, en sus juegos de cada tarde. Pero la Municipalidad no dio el ok. A pocos metros, una calesita aparece extrañamente vencedora en tiempos de PlayStation. Al menos 20 chicos juegan o hacen fila para sacar boletos. Uno de ellos dice que vio al superhéroe de Lanús dos veces. Una, ayudando a cambiar la rueda de un auto y otra, "haciendo nada".
El negocio de cotillón de Marcela está en la otra esquina y ella asegura que una vez Menganno entró a su negocio "de civil". Agrega que no le hizo falta reconocerlo ya que el mismo le dijo: "Soy Menganno". Privilegio para unos pocos.
Luis Waldman
Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.
03/10/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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