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PERMACULTURA
Vivir en la naturaleza
Inspirada en las culturas nativas americanas, construida con materiales naturales y basada en una economía agropecuaria sustentable, la Ecovilla Gaia, a poco más de 100 kilómetros de Buenos Aires, propone una nueva forma de vida comunitaria.
Las casas parecen de cuento. En un gran terreno verde, de pronto aparece una cabaña con techo a dos aguas y ventanas redondas. Una mesa con sillas de madera en la puerta y a un costado dos paneles solares enormes para calefaccionar la casa en invierno. Debajo de la pintura naranja de la fachada, las paredes son de barro y paja. Atrás de la casa está la huerta que esta familia comparte con toda la comunidad de la Ecovilla Gaia.
A 110 kilómetros de Capital Federal, en Navarro, provincia de Buenos Aires, se encuentra esta comunidad. En un terreno de 20 hectáreas sus habitantes decidieron una vida de "simplicidad voluntaria", cultivan sus propios alimentos, comparten la comida y la cocina de los alimentos, generan su propia energía, trabajan dentro de la comunidad, sus casas se construyeron con materiales propios de la naturaleza del lugar y a partir de los principios de la permacultura (ver La "permacultura", de su origen a la actualidad) [Link a Subnota 1]. También se dictan talleres de construcción natural, de huerta, de vida comunitaria, entre otros, mediante los que se difunden sus ideas, y también intentan conquistar a otras personas que se sumen a esta colectividad. Su modo de vida está inspirado en distintas culturas nativas de América quienes por cientos de años han creado comunidades sustentables.
"Lo que hasta hace poco se consideraba símbolo de pobreza, hoy es sinónimo de sustentabilidad: casas de barro, paja encofrada, adobe, madera y sus diferentes combinaciones son el resultado de esta nueva -o más bien ancestral- forma de construir", señala Jorge Belanko, maestro mayor de obras y uno de los mayores exponentes de la construcción natural en nuestro país.
Un dato para tener en cuenta: la tercera parte de todas las casas del mundo están construidas a partir de técnicas y materiales naturales.
"Imaginate que yo trabajé durante años con las manos llenas de rasgaduras. Agarrar el barro es diferente. Uno puede sentir la tierra y moldear el material. Para mí, una casa tiene que estar hecha de tal manera que de ganas de acariciarla, y la construcción natural invita a eso -explica Belanko- Me preocupa que la gente, a veces por ignorancia, esté viviendo debajo de una lata".

Nathalia Hermida es una diseñadora gráfica que se hartó de juntar estática en su oficina con alfombra del centro y se mudó a San Francisco del Monte de Oro, San Luis. Hoy, ella y su novio viven en una casa ecológica, que construyeron de manera colectiva junto a otros integrantes de la comunidad Casa Tierra. Utilizaron materiales naturales y emplearon técnicas de diseño moderno, sistemas de reutilización de agua y uso eficiente de la energía.
"Desde el año 2000, con mi compañero comenzamos a pensar en cómo tener nuestra propia casa, y entrar en un crédito hipotecario a 30 años para un monoambiente en Capital Federal, no cerraba por ningún lado. Buscando las opciones más económicas, encontramos el nuevo movimiento internacional de construcción natural, y por ahí nos asomamos a la Permacultura", cuenta Nathalia que ahora forma parte activa de la fundación Yanantin, dedicada a la difusión y formación en permacultura en San Luis.
Cortar con todo e irse a vivir al campo es una idea que probablemente haya transitado por la cabeza de todos alguna vez. Los cursos de permacultura que ofrecen distintas comunidades y fundaciones, que en general tienen una duración de un fin de semana, pueden representar ese paso intermedio entre la vida de las grandes ciudades y otro tipo de vida: en contacto total con la naturaleza, desde el suelo que pisamos, la comida que ingerimos y donde el trabajo es para uno mismo.
Mara Riestra, una economista porteña que, después de trabajar 15 años en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), no de un día para el otro, "largó" todo y se fue a vivir a una casa en un gran terreno en General Las Heras, Hornos. "Siempre fui cartonera, antes que existiera el término. Siempre imaginé miles de proyectos en torno a la basura, empecé a tener lástima de tirar las botellas, volví locos a mis hijos para que las limpiaran y las guardaran. Me odiaron y creo que aún me odian por eso. Al principio era todo muy irracional, guardaba pero no sabía bien por qué", cuenta Mara.
Comenzó a vivir con otras preocupaciones, menos materiales y más intelectuales. De pronto alcanzaba con mucho menos: "Encontré un lugar donde vender las botellas, los papeles y vivía de lo que sacaba de ahí. Mis hijos no me quisieron o no me pudieron acompañar. Y bueno, no me ahogué. Ahora estoy trabajando y haciendo cursos para mejorar y alinear el proceso empezado hace tanto tiempo", relata Mara Riestra con la tranquilidad de haber hecho lo que sintió correcto.

Belanko resalta la utilización de los materiales que brinda la naturaleza del entorno donde se construye. Una construcción natural puede tener diferentes materiales como por ejemplo: tierra, arena, grava, arcillas, fibras vegetales, piedra, maderas. En este tipo de construcción se emplea entre el 1 y el 5% de la energía, con relación a los materiales industrializados, como por ejemplo aluminio, hierros, ladrillos cerámicos, cemento, etcétera. Para la salud de los habitantes tiene la ventaja de contar con las características de la tierra (cosa que aún no han podido igualar con ningún material industrializado). Su capacidad de equilibrar la humedad del ambiente hace que las personas sufran menos enfermedades bronquiales, reumáticas y sus derivadas. En estos ambientes hay menos electricidad estática, y menos polvillo flotante en el aire. Son más frescas en verano y mucho más fáciles de calefaccionar en el invierno.
"La Permacultura es un concepto, pero también es una red viva, un tejido de personas interesadas en el cuidado de la tierra. El objetivo es crear una cultura capaz de permanecer, que no sólo cuide sus bienes naturales, sino que los incremente para las generaciones futuras", asegura Nathalia Hermida. Por otra parte, Jorge Belanko expresa una definición más práctica: "Para algunos puede ser una filosofía, para otros un método, pero para mí es un acto de emergencia ante la crisis ecológica mundial en que vivimos". Belanko manifiesta que su finalidad última, su sueño personal es que no haya más familias en la Argentina viviendo entre chapas y pedazos de plástico, cosa que, según el especialista, se arreglaría con una pequeña capacitación.
Mara Riestra cree que la permacultura es un proceso interno, un cambio estructural: "Hay un primer momento en que uno se enamora de la idea, es tan grande el enamoramiento que no existe nada mejor, por lo tanto empiezo a cuestionar a todos los que no pueden ver lo genial de esa idea. A partir de acá puede haber varios caminos: saturar a mi entorno, hartarlos y al final no lograr nada, porque sola no puedo o también se puede seguir enamorado de la idea pero no cristalizarla, trabajar en ella, como cuando uno construye una pareja, se va solidificando, sin perder la propia vida. Es una opción más real, más posible, más sustentable".
Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo de ETER, en la materia Agencia.
03/10/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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