A CASI 100 AÑOS DE SU INAUGURACIÓN
Al final, la vida sigue igual

Hace un mes, la confitería Richmond cerró sus puertas al público. Sus empleados y diversas asociaciones reclamaron por su recuperación mediante protestas y abrazos simbólicos. Sin embargo, hoy al local que supo ser un centro de reunión de referentes culturales le quedó sólo el nombre y la historia.

El mismo lugar donde supieron reunirse los integrantes del "Grupo Florida", conformado por los notables escritores Leopoldo Marechal, Ricardo Güiraldes, Oliverio Girondo y Jorge Luis Borges, entre muchos otros, exhibe tristemente hoy sus puertas de vidrio pintadas de blanco.

Aún habiendo sido declarada, luego de su cierre, como "Sitio Histórico de la Ciudad de Buenos Aires", la confitería Richmond, ubicada en Florida 468, en pleno microcentro porteño, fue vendida a la firma deportiva Nike, que tiene la intención de reemplazar el bar por un local de ventas. Actualmente se encuentra cerrada, los empleados ya fueron indemnizados y la respuesta sobre qué es lo que va a pasar es incierta debido a la cantidad de reclamos que despertó la clausura.

Cuando explotó la polémica por el cierre, estuvieron presentes integrantes del Sindicato de Gastronómicos y representantes de la Asociación Civil No Gubernamental "Basta de Demoler", que tiene como fin manifestarse públicamente contra las demoliciones de los edificios de valor arquitectónico e histórico. Todos ellos realizaron un abrazo simbólico al bar, para reclamar por el maltrato a los empleados y por el rescate del histórico local.

Sin embargo, en los alrededores del lugar, no se le da tanta importancia al cierre. "A los vecinos parece interesarles poco la historia de este bar", dice Julio, de 47 años. Trabaja por la zona donde funcionó Richmond, y cuenta que fue un par de veces. "Uno también tiene que entender que todo avanza y las cosas siguen su curso", argumenta.

En los últimos años, muchos de los negocios que rodean la confitería fueron cerrando y en su lugar se abrieron otros. Es por eso que, en general, a excepción de algunas personas con más antigüedad en el lugar, no sienten que la Richmond les pertenece como parte integrante de la Ciudad. Para ellos, según dicen, es sólo una confitería más, como tantas otras de la zona, aunque con un valor histórico "un poco mayor".



Con o sin Richmond, la vida de las personas de los alrededores parece seguir igual. Los negocios mantienen su actividad diaria y la calle Florida continúa albergando a vendedores ambulantes. El paso de la gente no cesa, los turistas recorren cada uno de los negocios en busca de objetos para comprar, y son muy pocos los que se detienen a observar las cédulas de notificación que están pegadas en la puerta del establecimiento y que informan su cierre.

Pocos son también quienes preguntan qué fue lo que sucedió, y cómo seguirá la cuestión. Los vendedores de los locales vecinos, ya cansados, atinan a responden mecánicamente: "No sé que va a pasar, porque en Buenos Aires siempre hay un problema nuevo".

De todas formas, hay quienes siguen apoyando la conservación de Richmond. Es por eso que se encuentra resguardada por la Ley Nº 35 de protección y promoción de comercios notables de la Ciudad, sancionada el 4 de junio de 1998. Allí se establece que "se considerará como notable, aquel bar, billar o confitería relacionado con hechos ó actividades culturales de significación; aquel cuya antigüedad, diseño arquitectónico o relevancia local le otorguen un valor propio". La confitería en cuestión forma parte, junto con otros locales emblemáticos, de un patrimonio material importante dentro de la lista de "Bares Notables" que tiene la ciudad de Buenos Aires. La misma incluye al Café Tortoni y 36 Billares, en Avenida de Mayo; La Giralda y La Paz, en la Avenida Corrientes; y el Británico en el Parque Lezama; entre otros.

"La mayoría de los bares notables son muy ricos en su decoración y su ornamentación, porque generalmente se importaba desde Europa gran parte del material con que fueron construidos", explicó el arquitecto Rubén Roldán, del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo. En su interior, el mobiliario y la estética general respetaba el estilo inglés, y fue considerado, por sus detalles decorativos, como uno de los sitios más confortables para un momento de relax y encuentro con otras personas.

"Pero más allá de todo reflejan un momento histórico muy particular de la Argentina", reflexiona Roldán, sobre el cuidado de la figura edilicia de este lugar ilustre. Esto se debe a que durante muchos años fue centro de reuniones de los sectores más selectos de la sociedad. "Se debería tomar ejemplos de otros países como Francia, Italia y España, los cuales están plagados de edificios simbólicos, y aprender de esas experiencias, para aplicarlas aquí, sobre todo en lo referido a las leyes que poseen y que son implementadas con responsabilidad", agregó el arquitecto.

"Richmond ya forma parte de la historia de nuestro país, de nuestro legado, y no se puede perder", argumenta la diputada Gabriela Alegre, por el Encuentro Popular para la Victoria, que impulsó un pedido de informes para que se detalle el futuro del local. "Es importante para todos los ciudadanos que se respete la historia de estos lugares", afirmó.

Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo de ETER, en la materia Agencia.

20/09/2011

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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