 |
|
LOS ENCUENTROS DEL CLUB RIO 54 PARA INTERCAMBIAR X-FILES
Entre cafés, libros y ovnis
Un grupo de interesados en los fenómenos inexplicables se reúne mensualmente en un bar de la calle Río de Janeiro, en Caballito. Cualquiera es bienvenido a intercambiar información y compartir fotos, videos y "expedientes secretos".
Los primeros jueves de mes, en pleno corazón del barrio de Caballito, los integrantes del grupo Río54 OVNI se reúnen para intercambiar experiencias, fotos y videos, y esta es la primera ocasión en la que acceden a que dos periodistas presencien el encuentro. A las 18.30, Rubén Morales, coordinador del grupo junto a Mario Lupo, da la bienvenida. Alrededor de diez personas, entre profesores, comerciantes y profesionales, todos hombres, saludan con cierto desconcierto. "Ellos son de la Agencia ETER", presenta el creador de la iniciativa ante la sorpresa del resto. Cierta desconfianza se percibe en el aire, pero con los minutos se irá disipando y comenzará la habitual conversación sobre fenómenos inexplicables. La puerta está abierta.
La larga mesa está en el fondo del bar La Subasta, en Río de Janeiro 54, a metros de Rivadavia. "El objetivo de la reunión es juntarnos para conversar sobre las novedades que trae cada uno respecto al tema ovni y conocernos personalmente, sin depender de Internet", comenta. "Cualquier interesado en el tema puede participar, no somos una secta", agrega Lupo.
"Llevateló y la próxima vez traé tres copias", pide Raúl Sokolowski, mientras entrega un dvd. El vecino de Villa Elisa afirma que cerca de su casa hay dos bases y él capta más de 30 fotografías diarias. El material que ofrece generosamente contiene más de 60 minutos de filmación, compilados por él.
Río54 OVNI es el nombre con el que Morales y Lupo bautizaron los encuentros donde desde hace más de un año diferentes personas dialogan sobre las visitas a la Tierra que, según creen, realizan seres vivientes de otros planetas.
Uno de los integrantes despliega sobre la mesa de madera una veintena de libros de diversos colores, tamaños y grosores. Se trata de Javier Stagnaro, a quien llaman "el kiosquero" debido a que siempre acerca bibliografía nueva sobre el fenómeno ovni.
Stagnaro cuenta que es el autor del libro Austerria. Los Túneles de Agartha en América, y muestra uno de los ejemplares. Es un documento de algo más de 100 hojas que contiene fotografías e información sobre cavernas existentes en el país. Se trata de una publicación en la que se encuentran plasmados más de 30 años de búsqueda y de investigación sobre los mundos subterráneos y ocultos.
La primera mujer de la mesa ingresa pasadas las 19. Luego de las presentaciones de rigor explica que vive en una casa con terraza en San Juan y Entre Ríos, y que cuando por la tarde regresa tras haber cumplido sus obligaciones cotidianas, sube con la cámara de fotos y espera, observando el cielo, para poder captar con la lente alguna luz extraña que se mueva. "En varias oportunidades tuve la suerte de poder ser testigo", agrega sin mayor dramatismo.
A su lado, uno de los integrantes de Río54 OVNI asiente con la cabeza y explica una suerte de máxima epistemológica: "En algunas ocasiones, la lente de la cámara capta lo que no podemos ver con nuestros propios ojos".
Media docena de álbumes fotográficos están desparramados sobre la mesa, al alcance de quien tenga deseos de observar los últimos avistajes. En su gran mayoría, dicen, ocurren en zonas a cielo abierto. En otras ocasiones, en plena ciudad. Ni el smog ni la contaminación lumínica son obstáculos para estos fenómenos, inexplicables para algunos, evidentes para este grupo.
El punto de vista más científico le corresponde al ingeniero Mario Aprile, quien participa por segunda vez de estos encuentros. Sin embargo, a pesar de su cuota de escepticismo, describe una situación que le tocó vivir a los once años. "Fue la primera experiencia que tuve. Estaba en el balcón de la casa de mis abuelos, en Floresta, cerca del Parque Avellaneda. Ahí fue que, por primera vez, vi algo. Ese algo no era otra cosa que un ovni. Después, tuve otros episodios similares, pero el de mi niñez fue el primero", detalla.
A medida que pasa el tiempo, los "avistadores" siguen llegando y la charla se torna más cerrada. Ya no hay lugar para el periodismo, comienza una instancia en la que alguien advierte: "De ahora en más, todo lo que se habla acá, queda acá". Y la puerta, al fin, se cierra.
Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo de ETER, en la materia Agencia.
20/09/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
|
|
|
|
NOTAS RELACIONADAS
|
|
|
 |
|