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RELIQUIAS DEL PASADO
Los túneles secretos de Buenos Aires: ¿un patrimonio en peligro?
Debajo de las calles hay pasadizos construidos por los jesuitas hace más de 300 años. Según la leyenda, los usaban para traficar. Los más conocidos están debajo de La Manzana de las Luces. Sin embargo, especialistas denuncian que están en muy mal estado.
En la ciudad de Buenos Aires, debajo del asfalto y los grandes edificios, existe una red de túneles dentro de los cuales miles de personas se movilizan día a día. Malolientes, desagradables, peligrosos. Conocidos por toda la población y aborrecidos por la gran mayoría: son las vías del subterráneo.
Lo que no todos saben es que a metros de las estaciones de cabecera de las líneas A, D y E, hay otro conjunto de pasillos, cavados bajo las calles hace aproximadamente tres siglos. Situados en el subsuelo de lo que hoy se conoce como La Manzana de las Luces (comprendida dentro del cuadro que trazan las calles Perú, Bolívar, Moreno y Alsina, en pleno microcentro), estos túneles fueron creados por las primeras misiones jesuíticas que poblaron estas tierras. Aún hoy, después de cientos de años, una gran parte de la población de la Ciudad no está enterada acerca de su existencia. Y existe la posibilidad de que nunca lleguen a visitarlos. Sucede que en la actualidad, las enigmáticas galerías corren el riesgo de desaparecer.
Una serie de inconvenientes impide recorrer estps pasadizos para estudiar a fondo su historia y extensión. Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana de la UBA, resalta: "Tenemos un patrimonio cultural extraordinario pero está en mal estado. Vemos apuntalamientos hechos hace 25 años que ya están oxidados. Las ruinas resisten porque los jesuitas hicieron una obra arquitectónica extraordinaria". Otra parte del problema radica en que fueron descubiertos hace relativamente pocos años: recién en 1980 una excavación conducida en la zona dio con algunas catacumbas tapadas por tierra. Pese a la creación de la Comisión de La Manzana de las Luces, encargada de proteger y restaurar los edificios del área, años de construcciones, el tendido de cañerías y la extensión de las vías del subte deterioraron los túneles y dificultaron su acceso e investigación. Marcela Ibáñez, guía turística del paseo que recorre la zona diariamente, comenta que "se producen continuos derrumbes que obligan a los arqueólogos a estudiar las catacumbas con cámaras, a la distancia".
La imposibilidad de recorrer las cuevas en toda su extensión obliga a conjeturar. Diversos especialistas aún debaten acerca de la función que cumplían estos caminos, que bajo tierra conectan entre sí al Colegio Nacional Buenos Aires, la Iglesia de San Ignacio de Loyola, la Casa Rosada y posiblemente el Congreso. Las hipótesis más lúgubres acerca del uso que se daba a los túneles contemplan torturas, cárceles, tráfico y encierro de esclavos. Otras plantean la posibilidad de que se utilizaran como depósitos de armas o escondites para el contrabando. No obstante, con la autoridad que le otorgan los 10 años que lleva a cargo del tour por los túneles, Ibáñez prefiere descartar esta última opción. "Se crearon para defenderse de invasiones y ataques indígenas, porque el contrabando era algo conocido por todos y se realizaba a cielo abierto, sin necesidad de cavar fosas", afirma. Schávelzon concuerda con esta idea. "Era un sistema de defensa eficiente, que lamentablemente quedó inconcluso por lo que sucede siempre: la falta de presupuesto", sostiene.
La pericia con la que los misioneros construyeron los túneles se hace evidente en su extensión. Aunque el tramo que está abierto al público es corto, se estima que además de conectarse con la iglesia y el colegio, conducen hasta el Congreso y la Casa Rosada, que por entonces era el fuerte del pueblo. Si se tienen en cuenta las herramientas rudimentarias con las cuales se excavó (los pasillos conservan las marcas originales de picos y palas, la longitud y durabilidad de las cuevas son dignas de admiración. Además, se construyeron con una estructura laberíntica, de modo que sólo los pudieran recorrer quienes los conocían en profundidad.
Rodeados de misterio y mitología, los túneles de Buenos Aires ofrecen más interrogantes que certezas. Si bien en la actualidad se trabaja por preservar los segmentos ya descubiertos, aún hay mucho por hacer. Marcela Ibáñez no pierde la esperanza y se atreve a soñar: "Esperamos que pronto se puedan habilitar los túneles de la Casa Rosada. Con seguridad. hay túneles secretos en todas las grandes ciudades del mundo", concluye.
Facundo Guastavino, Alejandro Skerjanc, Magdalena Medina y Ludmila Pacholuk
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.
13/09/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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