TOMAN LA ACTIVIDAD FÍSICA COMO UNA FORMA DE SUPERARSE
El otro lado de las deportistas ciegas

María Sonia Entrabado juega al torball, Mariela Almada lanza la bala y Nadia Baéz es nadadora. Todas ellas, a pesar de ser no videntes, entrenan intensamente. Siempre de buen humor, cuentan los detalles de la competencia, sus sueños y sus vidas cotidianas.

"Vamos chicas", indica el entrenador, Gustavo Pereyra, y explica que el goalball es el único deporte creado específicamente para personas no videntes. Las luces se encienden, un profesor coloca los arcos enfrentados mientras otro docente pega cinta adhesiva en el piso para establecer las posiciones en la pista del CeNARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). "Se necesita absoluto silencio para que escuchen los cascabeles que tienen las pelotas", explica María Angélica, mamá de una de las jugadoras y única espectadora. Cuenta que su hija hizo toda la primaria en un colegio tradicional, con personas videntes, y que se adaptó sin problemas. Y agrega que ella empezó a practicar torball y luego se pasó al goalball, que tiene más dinamismo. Las dos principales diferencias son que el tamaño de la pelota es más grande y hay un límite de tiempo para retenerla.

Otra jugadora es María Sonia Entrabado. Tiene 21 años Y hace tres que practica torball. Prefiere practicar con varones porque tiran con mayor fuerza y el entrenamiento es más intensivo. "Soy la única mujer del equipo. Fui la que empezó jugando en Argentina. Amo este deporte y cada vez que entro en la cancha, además de estar re nerviosa me pongo las pilas porque quiero ganar", se emociona.

Termina la entrada en calor y comienza el juego. Hacen trabajos de reacción. Se alinean de a tres en cada arco, y luego de escuchar el sonido de la pelota salen corriendo, detienen la marcha, se tiran al piso y extienden piernas y brazos para evitar el gol. El balón, del tamaño y dureza de uno de básquet, es atajado con la panza.

Mariela Almada es una morocha de 30 años e integra la Selección Nacional de Atletismo. Obtuvo, ni más ni menos, que la medalla de bronce en Lanzamiento de Disco durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Explica que los deportistas con capacidades diferentes cuentan con el hábito del esfuerzo constante, porque para cualquier aspiración que tengan en la vida se deben esforzar más que otras personas. "Quien lo tiene todo piensa 'lo dejo para después'. Si no triunfan acá, lo conseguirán en otro ámbito. En cambio para nosotros es una forma de mejorar nuestra calidad de vida", reflexiona.

En su casa son siete hermanos, de los cuales cinco tienen cataratas congénitas y glaucoma pero sólo ella hace deporte de alto rendimiento. "Mis hermanos juegan torball para divertirse y los que no tienen la discapacidad, no hacen nada", reprocha y cuenta cómo se lesionó con una bala que cayó sobre su mano mientras entrenaba: "Cuando faltaban minutos para finalizar, el cemento de la cancha de lanzamientos estaba muy húmedo, casi mojado. Cuando arrojé la bala, trastabillé, tratando de frenar el golpe con la mano. La bala cayó con todo su peso sobre mis dedos". Sin embargo, ya está planificando su rehabilitación.

Hincha de River, entristecida por el descenso, asegura que lo seguirá de cerca porque le agrada ir a la cancha a alentar. Dice que en su casa la apoyan, aunque a veces reniegan porque no está nunca, pero siempre están pendientes de sus viajes y resultados. Se levanta temprano, desayuna, entrena y cena con amigas o compañeras del cuarto del CeNARD. "Mis amigas por lo general son del ámbito deportivo, porque me cuesta mucho relacionarme", confía. Entre su literatura favorita se encuentran "El caballero de la armadura oxidada", del estadounidense Robert Fisher, y "Mi planta naranja lima", del brasilero Vasconcelos. Le gusta mucho el asado y su postre favorito es el flan con dulce de leche.

Durante el último mundial, celebrado en Nueva Zelanda, zona de terremotos, durante varios días consecutivos se sorprendió con pequeños sismos que la asustaban bastante, porque se producían durante la noche. Rememora que una vez, mientras su compañera de cuarto se duchaba, empezó a sonar la alarma contra incendios. "Todo el hotel fue desalojado y mientras trataba de sacarla del baño, la gente corría por todos lados, lo único que pensaba era que se iba a derrumbar todo", recuerda y continúa: "Cuando salimos del hotel, después de que algunos se golpearon por la desesperación, ya estaban los bomberos. Lo gracioso es que el susto fue por un boludo que prendió un cigarrillo", remata entre risas.

Nadia Báez tiene 22 años y es repostera de vocación. Medalla de plata en 100 metros en el Mundial de natación de Holanda y récord panamericano, tuvo sus primeros acercamientos deportivos a los 6, en la colonia de vacaciones. Compite desde 2006 y, a diferencia de las otras deportistas, elije la natación y cuenta que la ventaja que le dio la ceguera es la sensibilidad en el tacto. "Sentís el peso del agua en las palmas de las manos y la planta de los pies, y la empujás. Se llama apoyo táctil", explica y suma: "A mí me ayudó al desarrollo personal y a la movilidad". Además resalta que lo más difícil de la natación, al no ver, es dominar la técnica: "El entrenador no te puede decir hace 'así' o 'mirá cómo estás poniendo la mano'. La única forma es posicionarse y eso hace que el aprendizaje sea más lento".

También asegura que no es una actividad costosa, aunque como es rutinaria muchos la abandonan. "Sólo hago esto, me prohibieron el torball porque las lesiones me podían complicar la competición", aclara. Le gusta viajar y se adapta fácil a las costumbres de otros países. "Fui a Beijing, varias ciudades de Estados Unidos, Bogotá, Río de Janeiro pero no pude conocer mucho porque competimos todos los días", enumera. Cuenta que lo complicado es la convivencia en los micros cuando los viajes son largos: "Hay chicas de Francia o Armenia que no tienen el hábito de bañarse seguido", ríe. "Igualmente nos llevamos todas bien, nos comunicamos en inglés y como es una actividad individual no se demuestra tanto la competencia", afirma y señala que si se enoja, lo hace consigo misma y le dura poco.

Una de las anécdotas favoritas de Nadia remite a la vez que en el aeropuerto de Estados Unidos le desarmaron un ramo de flores que era parte de un premio para revisar lo que tenía adentro. "Quedó impresentable, destruido", describe. Además de estudiar psicología, le gustaría dedicarse a la docencia en universidades y en gabinetes psicopedagógicos de escuelas primarias o secundarias. "Quiero entender los problemas de los adolescentes", dice.

Las chicas ciegas del deporte le encuentran el desafío y la gracia a un mundo sin figuras que las supone frágiles. Muchachas con ganas de percibir la vida tal como les fue dada.

Lorena García
Carla Simioni
Micaela Cicioli
Facundo Martín
Daniel Grosso
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.

05/09/2011

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