EL PRIMER HOSPITAL DE BICICLETAS
La Fabricicleta

Desde hace ocho meses, un grupo de ciclistas realiza un taller de reparación de bicicletas y promueve el transporte ecológico en la ciudad.

"Me voy feliz", dice la chica de pantalones rayados y pañuelo beduino en la cabeza. Camina hasta la puerta, acompañada de su bicicleta adornada con flores de plástico amarillas, y luego se pierde entre los autos. Acaba de arreglar una rueda pinchada en "La Fabricicleta". Son las seis de la tarde de un martes y el taller popular de ciclomecánica, instalado dentro de la sede de la Asamblea de Villa Urquiza, abre sus puertas. Allí se reúnen los ciclistas todos los martes de 18 a 20 y los sábados de 16 a 20. Comparten sus saberes sobre los velocípedos, se ayudan entre todos con las reparaciones, intercambian ideas, toman mate y realizan charlas que tienen como eje la bicicleta, entendida como una máquina de transporte emparentada con la búsqueda de autonomía. Como contrapartida, solo piden comida casera, dinero a la gorra y material biciclístico.

Todo empezó con un grupo de amigos ciclistas que se conocieron en la "Masa Crítica", un movimiento que a través de un paseo en bicicleta por la ciudad realizado una vez al mes reivindica los derechos de los ciclistas. Francisco, uno de los fundadores de La Fabricicleta, tenía un taller de bicis en su casa. Al mismo tiempo Federico e Iside habían vuelto de un viaje por Italia, cuna del ciclismo por excelencia, y allí habían conocido muchas iniciativas de talleres similares. Los tres se reunieron y armaron el taller. Faltaba el lugar. Recorrieron la ciudad buscando un espacio para concretar la idea. Y, andando en bici, llegaron a la Asamblea ubicada en Triunvirato 4778 donde les ofrecieron una sala. Hoy pasaron ocho meses desde ese día y Francisco sigue sorprendiéndose de la repercusión que genera el proyecto.: "Tenemos alrededor de 90 visitas al día en nuestra página y cada vez se acerca más gente".

A las seis y media la circulación de ciclistas aumenta: algunos se van pedaleando, varios llegan con los pies en la tierra. En la entrada de la casona recuperada hay una corneta y un cartel pintado a mano: La Fabricicleta. Una vez adentro se atraviesa el salón, se cruza una gran biblioteca popular y al fin, al fondo a la derecha, está el taller. Es un cuarto cuadrado y colorido. Una pared revestida de herramientas ordenadas de mayor a menor, otra decorada con esténcils de bicicletas de colores, enfrente un mural y, del otro lado, carteles rectangulares de plástico duro con la inscripción: "Un auto menos".



Dos chicas arreglan la rueda de una bicicleta mientras un joven de boina entra con su bici azul que lleva, además de un canasto de frutas para poner la mochila, uno de los cartelitos que dicen "Un auto menos". "Esos los hicimos acá una vez que un pibe trajo los materiales", cuenta Francisco. "Teníamos pensado hacer encuentros de tunneado de bicis, todavía no se dio pero estaría bueno" agrega y se ríe. Su pasión por el ciclismo lo lleva en la sangre: su abuelo era ciclista, su padre también y ahora él. "Desde muy chico tuve un vínculo particular con la bicicleta. Lo tengo incorporado, es divertido, te da la posibilidad de tener una noción exacta de cuanto vas a tardar para llegar a un lugar. La bici me relaja".

A La Fabricicleta llega gente de distintas edades y de todos los barrios porteños: "Vienen señores grandes, chicos con sus papás, jóvenes. Aunque hay que reconocer que suele haber más mujeres que varones" cuenta Francisco. Cada tanto organizan charlas educativas gratuitas. En abril un ingeniero de Villa Urquiza, José Luis Guerrero, dio una sobre la física y la dinámica de la bicicleta. Tuvo mucho éxito y van a armar una segunda parte. También se dieron clases sobre emparchados, taller de armado de ruedas y están planeando una charla sobre viajes en bicicleta.

Francisco cuenta que las "lesiones" más frecuentes son las pinchaduras de ruedas y la pérdida de frenos pero asegura que no es nada grave y que se puede aprender a arreglar la bici de manera fácil y a bajo costo. En el taller cuentan con las herramientas y los materiales necesarios gracias a las donaciones de los mismos ciclistas que acercan todo aquello que pueda ser útil y reciclable.



"Creo que andar en bici, al revés de lo que se estila hoy en día, te encuentra con el otro. Es más fácil cruzarse gente conocida y parar para saludarla, es más fácil mirar las construcciones y lo que nos rodea, es más fácil decidir cambiar el camino para probar, es más fácil estacionarla. Cuando andás en bicicleta no vas aislado, sino que sos parte de todo aquello que te rodea. No dependés de nadie más que de vos mismo" explica Camila, una ciclista comprometida. Francisco también plantea como beneficio que "Cambia la configuración del espacio en la ciudad en relación con uno y pasa a ser algo propio. Andando en bici descubrís que la ciudad es más chica y accesible de lo que se cree".

En el taller todos coinciden en que falta educación vial y conciencia social de transporte. A veces se hace difícil pedalear porque "hay muchos que no te respetan y vos tenés que andar esquivando a los autos y colectivos" dice Julián, uno de los participantes. Sin embargo están de acuerdo con que es posible revertirlo y que la gente aprenda a convivir en la calle con medios de transporte alternativos, como puede ser la bicicleta, la patineta o los rollers. "Va a mejorar cuando aumente la circulación de bicicletas. Yo creo que, a la fuerza, nos estamos haciendo visibles. Por eso está bueno juntarnos, viniendo acá o yendo a la masa crítica, y seguir sumando gente. La cantidad de autos en la ciudad debería disminuir" agrega Camila.

Son las ocho de la noche y es la hora de cerrar. Hace mucho frío. Francisco y Federico ordenan el taller, y salen a la calle con otros ciclistas que se quedaron cebando mate hasta el final. Les espera una larga travesía hasta sus casas. Pero no les importa, porque aseguran que andar en bici es, además de una forma de viajar, un placer.

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Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER en la materia Agencia.

05/09/2011

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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