ENTREVISTA
"Soñaba con una muerte silenciosa todos los días"

Sentada en un banco de la plaza de Morón, Vanina espera y ceba mate mientras hojea una revista de chimentos. Tiene el pelo muy negro, muy largo y muy lacio. Los ojos color café y una cara aindiada, casi infantil. Parece de 14 años y en verdad tiene 27. A los 13, en medio del hambre extremo en que vivía, comenzó a padecer anorexia y episodios de bulimia.

En algunos momentos de la charla se emociona, sobre todo cuando relata su convivencia con la pobreza, con el barrio, con una familia desmembrada y marcada por la muerte de su padre cuando eran "así de chiquitos".

"Nunca me di cuenta de lo que me pasaba y me costó muchos años saberlo", cuenta Vanina y se corre el pelo de la cara. Cuando se refiere a ese momento de su vida en el que peor estuvo, lo llama "el infierno".

La decisión de no comer fue de alguna manera involuntaria. No todos los días había comida y, cuando sí, le daba su parte a sus hermanos. La que no se dio cuenta de esto fue su madre que "a veces se iba y no volvía por un mes o dos". En esos momentos Vanina hacía lo que podía: trataba de que los chicos comieran y no dejaran de ir a la escuela. En medio de esa desesperación, "fue como que dejé de existir, lo único importante eran ellos".

Alrededor de los 15 años ya iba seguido al hospital porque se desmayaba, vomitaba sin parar, pasaba días tomando sólo agua y tenía ataques de nervios por cualquier cosa. "No sabés lo que era... pesaba nada, una plumita, ahora por suerte estoy bien", exhibe los brazos y hace el ademán de agarrarse unos mínimos e invisibles rollitos de la panza.

Si bien no le cuesta hablar de sus problemas con la bulimia y anorexia ni de las veces que tuvo que salir a pedir porque hacía días que estaban a "mate cocido y alguna cosita que les convidaban las vecinas", a Vanina lo que más le costó fue encontrar trabajo. "Cuando decís que vivís en una villa, te señalan y te hacen sentir como la mierda, como que no tenés derecho", hace una pausa y retoma: "Tuve suerte porque, mal que mal, pudimos salir de todo eso".

A los 16 años ya llevaba tres de anoréxica y en situaciones de mucha angustia se daba atracones y vomitaba todo. En ese tiempo empezó a trabajar en una casa de familia dónde la trataron muy bien pero "sólo salía los domingos". Lo que juntaba por semana se lo dejaba a su abuela, que se había hecho cargo de la crianza de sus cinco hermanos.

"Vivir en una villa es algo que solo los que lo viven entienden. Muchas veces, lo que podés hacer es nada. No te hablo de la violencia o de los bardos que hay, te hablo de muchos que laburan todo el día y llegan con nada, ni para comprar arroz", cuenta Vanina. Allí la gente hace lo que puede y se trata de pasar el día: "No pensábamos en un par de zapas. En comida, ¿entendés?".

"Digamos que yo soy una de las mayores de la casa. Cuando digo que estuve muchos años con anorexia no me cree nadie, como que es raro que cuando no hay para comer no te importe demasiado comer", comenta Vanina y, para explicarlo mejor, resalta: "No es que no tomábamos Coca Cola, nosotros no comíamos lo que se llama comida, comida".

Vanina no va más al Hospital Posadas, donde se atendió más de cinco años y donde le enseñaron a volver a tener ganas de comer. Cuando los médicos le decían que si no se alimentaba se iba a morir, pensaba que eso era lo mejor, porque "soñaba con una muerte silenciosa todos los días".

"No sé si me curé o si ahora que estoy más tranquila zafé, es como algo que se te mete en el cuerpo y no te lo sacás más", y reflexiona que siempre asimiló la comida como algo que no necesitaba, porque nunca tuvo nada.

Cuando termina la ronda de mates comienza a abrir y cerrar el celular cada dos segundos y se disculpa: "Me controlan mucho en el trabajo si llego tarde. Estoy viviendo en una pensión con mi novio que queda cerca, pero siempre me retraso un poco", dice con picardía y suelta una sonrisa. Ahora quiere retomar el colegio que dejó en sexto grado y es algo que siente pendiente: "No sé si voy a poder, pasaron muchos años pero tengo ganas de hacerlo antes de ser mamá".

Lucía Gonda

Egresada de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia, de tercer año, en el segundo cuatrimestre de 2010.

13/07/2011

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