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PALERMO
Un hogar para el stencil
El bar Post Street está pensado para los amantes del arte de pintar mensajes en las paredes. Las paredes del local muestran más de 1.800 obras, producidas por grupos de dibujantes que se juntan a pintar allí. También, funciona una galería donde los artistas callejeros pueden exhibir y vender sus trabajos.
Por más que no haya que bajar escaleras, estar en el bar es algo así como encontrarse dentro de un sótano. Tiene dos salas donde se exponen diferentes trabajos de pintores que se dedican al arte del stencil (el arte de pintar en las paredes para comunicar algo). Está en el barrio porteño de Palermo ("Soho", para los puristas del mercado inmobiliario) y marca una diferencia con los demás comercios de la zona: allí dentro hay una galería en donde cada artista puede vender sus obras.
Pero esto no es nuevo. Todo se remonta a abril de 2006, cuando Pablo, Fabio y El Chino descubrieron ciertos códigos en común con los "stencileros" y se abocaron a la tarea de abrir un bar en Thames al 1800. Se trataba de un intercambio generacional que, hasta el día de hoy, resulta un caso único. No existe otro bar temático con exhibición permanente de este arte urbano. Aquí, el street art, por única vez, decidió mudarse a un lugar cerrado.
La movida continuó y fue a partir de octubre de ese año cuando los artistas del stencil hicieron propio ese espacio en el que podían dar a conocer su arte. Si bien en un principio se buscó darle un estilo diferente a través de la saturación del local con imágenes de Marylin Monroe, la falta de dinero de los dueños y el impedimento que eso causaba a la hora de comprar los aerosoles los llevó a aceptar una propuesta de los artistas: ellos se harían cargo de la pintura, pero tendrían en el bar una galería para exhibir sus obras que dejaban de ser "urbanas".
Run Don't Walk es uno de los grupos que trabaja en la galería Hollywood in Cambodia, ubicada dentro del bar. Los jueves, en cambio, está Tester. Y los viernes, Fede. Ambos fueron precursores de la movida del stencil callejero, que comenzó apenas después de la crisis de 2001 en la Argentina. "Contar con un espacio donde poder desplegar nuestro arte es algo maravilloso. Laburamos de lo que nos gusta, y encima podemos vender nuestras obras y ganar plata con eso. ¿Qué más podemos pedir?", asegura un Tester, satisfecho con el lugar que supo encontrar.
Si bien el stencil consiste en la pintura de paredes para transmitir un mensaje, en el caso particular del bar las obras se exponen en cuadros que, en definitiva, es lo que adquieren los ocasionales compradores.
De todas formas, en el local hay un movimiento constante. La gente puede entrar, conversar con los artistas, observar sus obras, compararlas, analizarlas. Las exhibiciones se hacen en la terraza o "el salón de venta", como ellos prefieren llamarlo.

SENSUALIDAD. Una de las tantas imágenes que pueden verse en el lugar.
Dardo Malatesta, NN y GG son sólo algunos de los integrantes del grupo de artistas que venden sus trabajos, lo que les permite subsistir. Poco queda en el bar de aquella ideología revolucionaria y despojada que supo expresar el "arte urbano". De cualquier forma, es sólo un medio de vida y nadie se hace rico con la venta de las obras.
Sin embargo, el bar no se quedó con la exhibición de pinturas, sino que fue más allá: con la idea de aprovechar los espacios e independizarlos de su estructura original, se montan muestras una vez al mes y se realizan diferentes actividades de pintura en vivo, talleres y charlas, entre otras.
Basta con recorrer el lugar para darse cuenta de que las paredes hablan a través de sus imágenes. Están aquellas que tienen relación con dibujos animados, video-juegos, figuras políticas o bandas de rock. Así, se puede ver al popular Mario Bros., a Bob Esponja, a Eva Perón y hasta a la mítica banda Los Ramones. Pero están, también, las expresiones que buscan difundir otro tipo de mensajes. Una notebook o un Cristo crucificado por el signo de la moneda estadounidense son otras de las expresiones que ya forman parte de las paredes del bar.
De cualquier modo, hay algo que Fuchs rescata en especial y es la convivencia entre barras de diferentes clubes dentro del lugar: "Acá viene gente identificada con River, Ferro, Defensores de Belgrano y Argentinos Juniors. Lo que más me llama la atención es que nunca tuvimos que vivir episodios de violencia entre ellos". Aunque hace memoria y recuerda una única situación en la que debió intervenir para que el problema no pasara a mayores: "Una vez tuve que echar a los de Atlanta porque habían venido directamente a buscar problemas". Él, fanático de Ferro, lo vive con naturalidad.
Pablo Fuchs, hijo del dueño, se siente conforme y orgulloso de lo que lograron en estos pocos años que llevan en el ambiente artístico. Además de su satisfacción, se sorprende cuando se plantea hasta dónde llegaron. "No sólo la gente extranjera que viene al local nos felicita por la originalidad de nuestro emprendimiento. También hay famosos que nos visitan a diario. Vienen desde la Negra Poli y Skay Beillinson (ex Redonditos), hasta modelos como Alejandra Pradón y Débora del Corral, pasando, incluso, por barrabravas de diferentes clubes", comenta, mientras prepara un trago especial a dos brasileños que se acercaron hasta el lugar.

PADRE DE LA CRIATURA. Pablo Fuchs es uno de los dueños de Post Street.
La situación de estar tomando algo y cruzarse con Ricardo Mollo o con el humorista José Luis Gioia no es algo inusual. Parecen ser atraídos por un ambiente distinto en medio de uno de los barrios más coquetos de la ciudad. "Muchos son vecinos de la zona", explica Fuchs.
Evelyn es una holandesa que se transformó en habitué circunstancial del Post Street y se siente calificada como para definir a Fuchs. "Le da un toque diferente al bar porque todos se sienten a gusto con él. Me gusta que sea un lugar temático", opina quien diariamente se acerca a tomar algo.
Entre los visitantes están, también, Mariana y Andrés, una pareja que elige compartir sus charlas entre tragos y picadas. "Lugares como éste no se encuentran en la zona. Además, el hecho de que prevalezca el don del arte nos hace sentir cómodos. Mientras charlamos, podemos apreciar los dibujos de los stencileros", señalan.
Una jornada en Post Street es una invitación a un lugar diferente. Sus paredes decoradas por más de 1800 stencils, realizados por los más importantes colectivos de arte callejero de Buenos Aires, brindan un momento inolvidable en la retina de los clientes. El bar está en Palermo Hollywood, pero bien podría quedar en cualquier otro barrio, aunque para eso debería resignar los habitués que supo conseguir en esa zona tan paqueta. Su atención, además, es un factor fundamental para pasar un buen rato entre amigos. Pero por sobre todas las cosas, Post Street es aquello para lo que fue fundado: un espacio novedoso para el arte callejero.
Matias Vallaro
Estudiante de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia, de tercer año, en el segundo cuatrimestre de 2010.
16/05/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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