JUAN BAUTISTA TÚPAC AMARU
¿El rey olvidado de Manuel Belgrano?

Poco cuenta la historia oficial sobre quien podría ser el monarca inca elegido por el creador de la bandera para gobernar Sudamérica. Sus restos descansan en un lugar desconocido del cementerio de la Recoleta y ni figuran en el itinerario de las visitas guiadas a las que diariamente asisten miles de turistas.

El cementerio de la Recoleta es conocido como "el panteón nacional". Allí descansan los restos de diferentes personalidades históricas; desde integrantes de la Primera Junta del gobierno patrio de 1810 hasta Raúl Alfonsín, el primer presidente democrático desde la última dictadura de 1976, pasando por Eva Perón. Pero muy pocos saben que en algún lugar del cementerio, que no se conoce con precisión, se encuentran los restos mortales de Juan Bautista Túpac Amaru, el hermano menor de José Gabriel Túpac Amaru, líder del mayor levantamiento indígena anticolonial en el siglo XVIII, quien fuera descuartizado por las fuerzas españolas como forma de amedrentamiento a la revolución.

Después de la muerte de su hermano, Juan Bautista padeció por 34 años la cárcel y el destierro en Ceuta, África, condenado por ser el único sobreviviente de su familia en los sangrientos sucesos de Cuzco. Pero poco se sabe de quien se reclamaba legítimo descendiente del último Inca. "El acta de ejecución de Túpac Amaru decía que su hermano debía ser enviado como esclavo al norte de África, luego de que toda su familia presenciara su descuartizamiento", cuenta el historiador Osvaldo Bayer. En 1816, Juan Bautista puede haber sido la figura en la que secretamente pensaba Manuel Belgrano para encabezar una monarquía constitucional en las recién independizadas Provincias Unidas del Sur.

En busca de su tumba en el cementerio de la Recoleta, un empleado, al ser consultado acerca de dónde se encontraba el cuerpo del propuesto rey inca, respondió: "Sí, la de Túpac Amaru, creo que es en el sector 7, pero no sé exactamente en qué nicho o bóveda se encuentra". Su sospecha engloba a las dos más antiguas de la zona. Para eso, se basa en los libros del cementerio, que así lo registran.


REGISTRO. El libro de defunciones de 1827, con la constancia de la muerte de Juan Bautista subrayada en birome.

"Hace seis años se hicieron las veredas nuevas y debajo de las calles se encontraron más tumbas, todas fueron levantadas y no se hizo ningún tipo de registro", comenta Juan Carlos, que es encargado del cementerio. Y agrega: "En ese entonces, un arqueólogo peruano intentó, sin éxito, encontrar los restos del 'rey patasucia', como lo llamaba la prensa de la época".

Oscar, otro empleado a cargo de la administración, accede amablemente a mostrar el libro de sepelios. Sabe que Juan Bautista murió en 1827. De hecho, tiene su nombre marcado con una birome, cuya tinta contrasta con la que usaron para registrar su defunción, como si alguien lo hubiera rastreado. Pasa las delicadas hojas del libro, pero no se separa de su cigarrillo.

Tanto Oscar como Juan Carlos son de los pocos que conocen esta historia que ni siquiera figura en los recorridos de las visitas guiadas a las que acuden centenares de turistas diariamente. Oscar comenta que, hace un año, un grupo de aborígenes peruanos pidió permiso para hacer una ceremonia en honor de Juan Bautista. "No sabemos si al final los autorizaron", dice.

En 1822, el entonces presidente Bernardino Rivadavia le ofreció al octogenario Juan Bautista -que se había radicado en Buenos Aires- una pensión a cambio de que escribiera sus "Memorias", que fueron tituladas "El dilatado cautiverio bajo el gobierno español de Juan Bautista Túpac Amaru, 5º nieto del último emperador del Perú".


BÓVEDA. Según empleados del Cementerio de La Recoleta, allí estaría el cuerpo del Inca.

De todas formas, había sido el mismo Rivadavia quien se había opuesto a la coronación de un indígena cuando Manuel Belgrano expuso ante los diputados del Congreso de Tucumán su idea de instaurar una Monarquía Inca en Sudamérica. En ese entonces, todavía se debatía entre dos formas de gobierno: una de tipo republicana, al estilo de Estados Unidos, y otra, monárquica constitucional, al estilo inglés. Frente a eso, Belgrano propuso una tercera alternativa.

Su plan contaba con el apoyo nada menos que del general José de San Martín y de Martín Miguel de Güemes, quienes veían -al igual que Belgrano- en la gran revolución del Inca descuartizado y en los cien mil indios sublevados asesinados por los españoles el origen de la gesta liberadora, y no en las invasiones inglesas, como pretendía el liberalismo pro-británico que encarnaba Rivadavia y, más tarde, continuarían Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento.

"Túpac Amaru fue el primer gran libertador de América latina, sin embargo sólo tiene una callecita en Almagro, mientras que los virreyes tienen las mejores calles de Belgrano", resalta, a modo de queja, Bayer. Y revela que el macrismo rechazó un proyecto presentado en la Legislatura porteña con la intención de que la Plaza de los Virreyes homenajeara al revolucionario inca.

La idea de Belgrano de que sea un Inca el legítimo soberano de las tierras del sur, con capital en Cuzco, nació luego del fracaso de su misión en Europa junto a Rivadavia para convencer al rey Fernando VII de que fuera el Príncipe de Luca el monarca de estas tierras. Para imponerse, el proyecto de Belgrano sólo necesitaba la mayoría simple en el Congreso, pero desde Londres un espantado Rivadavia ordenó a los diputados porteños abandonar Tucumán con la intención de que el proyecto fracasara y Buenos Aires, la Aldea del Plata, terminara siendo la capital del país.


BELGRANO. El ideólogo de la instauración de una Monarquía Inca en Sudamérica.

Entonces, Belgrano era tratado por la prensa de la época como un loco y la figura de un soberano inca al mando de Sudamérica recibía el mote de "Rey pata sucia", ya que usaría sandalias. De esta manera, la prensa porteña desprestigiaba el plan del creador de la bandera, sin tomar en cuenta sus fundamentos.

El proyecto tenía tras de sí un objetivo estratégico: permitía incorporar a la revolución a las grandes masas de población aborigen del Perú y del Alto Perú (eran cera de 2,5 millones de personas) para enfrentar al poder español en el bastión que aún conservaba en el virreinato de Lima. También planteaba incorporar a la Banda Oriental que ocupaba ya la mitad del territorio de las Provincias Unidas. La propuesta del Rey Inca debía ser bien tomada por las poblaciones indias guaraníes y charrúas que estaban emparentadas desde tiempos inmemoriales con el Incario, cuya esencia habían revivido bajo las misiones jesuíticas. Así, la Monarquía Inca sería constitucional, con una cámara vitalicia de caciques y otra de diputados electos. Pero la cuestión de instaurar un rey Inca resolvía, también, el problema de todos los problemas que cargaría de manera permanente la Revolución Americana: la distribución igualitaria y democrática de la tierra.

De cualquier modo, algún rasgo de esta idea persiste y se encuentra en la bandera argentina: el sol fue elegido por Belgrano como homenaje a Inti, dios sol de los incas. Ante la inquietud de por qué el plan de Belgrano fue olvidado por la historia "oficial", la respuesta de Bayer es contundente: "Todo aquello que provenga de abajo y sea de base indígena merece ser olvidado para la historiografía argentina".

Ignacio Soto

Egresado de la carrera de Periodismo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia, de tercer año, en el segundo cuatrimestre de 2010.

25/04/2011

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