LA EVOLUCIÓN DEL TANGO
Tango Queer: una provocación a los roles establecidos

En la danza, el tango reafirma la visión machista de que el hombre manda y la mujer obedece. El Tango Queer enseña a dirigir y a ser dirigido sin importar el sexo ni con quién quiera uno compartir la experiencia de bailar este ritmo que nos identifica ante el mundo.

El tango nació en los arrabales, provocador, sensual y periférico. Hoy es una danza de exportación que se baila en los salones más recatados. En 2005, Mariana Docampo creó la "Milonga Tango Queer" que restituye a este baile un poco de su espíritu rebelde y turbulento. El tango queer lo bailan gays, lesbianas, bisexuales, transgénero y heterosexuales que quieran explorar ambos roles. Todos aprenden a conducir y a ser conducidos y puede bailarse del modo que se quiera y con quien se guste.

Los martes, en Perú al 500, pleno barrio de San Telmo, se ofrecen clases de una hora y media y después se abre el espacio para todo aquel que tenga ganas de bailar. Hoy, la Milonga Queer cumple cinco años y Soledad Nani, profesora profesional diplomada en la Academia Nacional del Tango e incansable buscadora de variantes de expresión en esta danza, colabora en el decorado plus del lugar para estos festejos.

Queer significa literalmente raro, extraño, también podría traducirse como excéntrico o sospechoso. Sin embargo, el salón enorme con mesas y sillas rodeando una generosa pista, el gran escenario en una de las cabeceras, preparado para el show que dará la "Orquesta Típica Imperial" esta noche, y la barra de tragos en la cabecera opuesta remiten más a un ambiente familiar que a un emporio de "anomalías".

En los 90, la comunidad gay de Estados Unidos se apropió del término queer para invertirlo y utilizarlo en la construcción de una identidad que va contra los roles establecidos. Parece ser que en Buenos Aires se sigue este ejemplo. "Lo queer se caracteriza por no reclamar algo, sino por tomarlo directamente. No se busca negociar sino que se acciona. Es un movimiento que propone crear un espacio liberado en el cual las personas puedan expresarse de la manera que sienten revirtiendo la vergüenza impuesta por el orden establecido", explica Docampo.

Las profesoras dividen la pista en dos: principiantes y avanzados. Unas cuarentas personas se disponen a absorber los secretos de esta danza sensual, sugerente e hipnótica.

Soledad está a cargo de los inexpertos. En este área, en principio se cumple un sólo rol. Proporciona las primeras premisas en español y se las rebusca para hacérselas entender, a fuerza de un inglés básico y extrema simpatía, a dos inglesitas ávidas por bailar el tango argentino. "Lo esencial es relajarse y sentir en el cuerpo hacia adonde irá el otro para seguirlo, los movimientos aunque pautados tienen que fluir, nunca forzarlos", indica la profesora.

De este lado hay cuatro parejas mixtas, una de las cuales la forma un matrimonio de unos sesenta años. Dos parejas masculinas y tres femeninas. ¿Diferencias? Ninguna, sólo cuerpos intentando expresarse con la torpeza habitual de quien se inicia. La atmósfera es lúdica y relajada. En el otro sector, las parejas formadas en su mayoría por mujeres se dejan guiar por Mariana. Con tacos altos, cabello largo y un atractivo porte tanguero y juvenil indica cómo avanzar y ahondar en los secretos del tango. Ahí sí, los roles se intercambian, los lenguajes se multiplican. Su inglés es un poco más fluido y cuatro rubios turistas siguen las indicaciones transportándose a través de la pista.



La Milonga Queer tiene un potente atractivo para los extranjeros. En el sector principiante, un cincuenta por ciento son turistas, estudiantes o personas jóvenes de otros países que simplemente viven en Buenos Aires. Lika y Ema son alemanas, están estudiando en Chile y vinieron a conocer la ciudad porteña. "Nosotras no somos gays, nos encanta el tango y vinimos para aprender un poco y conocer. Nos encantó. ¿Es muy diferente a una milonga tradicional?" pregunta Ema sin saber demasiado de los protocolos tangueros. Pedro en cambio, vivió cuatro años en Argentina y ahora está de vacaciones en el país. Es colombiano y se arrepiente de no haber aprendido a bailar antes: "Cuando estaba acá no se me ocurrió y ahora en Colombia me dieron unas ganas terribles. Estoy yendo a milongas tradicionales y acá, donde me siento mucho más cómodo y aprendo los dos roles".

Final de la clase, empieza la milonga y las luces maquillan el lugar dándole un toque de elegancia propia de un salón nocturno. Llegaron muchos milongueros queer, algunos tan expertos que cuando se deslizan se apropian de tu mirada hasta el último compás. El tango es mucho más que una danza, es el intercambio de sensaciones entre dos cuerpos. Intimidad, sensualidad y destreza compartida por algunos minutos. En la Milonga Queer no están limitados a un sexo ni a un rol, son liberados al deseo y gusto personal.

En las mesas se bebe, se charla, se observa a los bailarines, se disfruta de la música. Graciela es una profesora de danza de unos sesenta años que está colaborando en la publicación de un libro sobre tango que se editará en Francia. Su esposo José está con ella y la acompañó la semana pasada a La Marshàll, una milonga gay, socia de ésta en el Festival Internacional de Tango Queer que se realiza todos los años en Buenos Aires.

José, amante del tango, comenta obnubilado: "Mirá que bien bailan esos dos, son buenísimos. Uy, aquel rubiecito que se dejaba llevar por el otro, mirá como conduce a la morocha ahora, impresionante". Y remata sorprendido con una sonrisa fresca: "Ahora cuando vuelva a las milongas tradicionales me voy a morir de aburrimiento".

Karina Puente

Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo
en ETER.


18/11/2010

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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