UP AND COMING TOUR: McCARTNEY EN RIVER
All you need is Paul

El inglés dio sus dos conciertos ante un Monumental repleto de fanáticos emocionados. Tocó canciones de su carrera solista, de su etapa con la banda The Wings y grandes éxitos de los Beatles.

Se respiraba ansiedad, algunos sacaban fotos con sus celulares, otros miraban la hora y las parejas de gente más grande pedían dos hamburguesas y dos aguas saborizadas por la módica suma de 60 pesos. Adentro de River, a 45 mil personas no les importaba nada: iba a tocar Paul McCartney, un beatle, el que grita en "Oh, Darling!", y uno de los Fab Four… qué más da. Luego de que terminó el ligero set acústico de Ciro, ex cantante de Los Piojos, a eso de las ocho y media "la ola del público" de las plateas superiores (entradas que rondaban los 400 pesos; ver A ticket to ride) giró incesantemente por todo el Monumental. El sector de las entradas más baratas parecía ser el que hacía más bullicio, aplaudía y entonaba el "Oh oh oh oh" antes de que empiece el recital.

Nueve en punto de la noche se apagaron las luces. Comenzaron los aplausos y salió Paul, ahí solito, una luz lo iluminaba y dejaba ver su traje negro y tiradores. Todo un señor inglés. La primera estrofa que entonó es la de "Venus and Mars", una canción de The Wings, y varios quedaron estampados en sus sillas, sin cantar nada: empezaron a verse las primeras lágrimas.

Paul McCartney trató de hablar en español durante todo el show. Interrumpió el aplauso para decir: "Cuando era pequeñito en Liverpool, estudiaba español en el kindergarten y me habían enseñado a decir: tres conejos en un árbol tocando el tambor, que sí, que no, que lo he visto yo".



El show fue sencillo, el ex beatle dejó contentos a todos con la viveza que tiene un viejo rockero sabio. La vedette del show fue la precisa banda que no tuvo error alguno. Paul cantó igualito que en los discos, cuando tenía 25 años, pero a los 68. Y sorprendió con sus altos agudos.

McCartney demostró su experiencia de más de 40 años sobre los escenarios siendo atento con cada uno de los gritos que provenían de las primeras filas, y saludó cada gesto del público con una sonrisa (ver Paul is dead).

Tocó dos horas y 45 minutos junto con el baterista Abe Laboriel Jr.; Rusty Anderson, guitarrista líder; Brian Ray, guitarra y bajo, y Paul "Wix" Wickens en teclados, que además colaboraron con juegos vocales o detalles instrumentales. Cuando sonó "Ob-La-Di Ob-La-Da", la banda entera sonrió y bailó, se paró todo River y el sueño beatle de bailar esta canción en vivo pareció cumplirse.

Además, pasaron los clásicos de The Wings como "Band on the run" (tercer tema), "Live and let die", que por cada corte musical tenía un sin fin de fuegos artificiales, y un tema dedicado a Linda McCartney y "a todos los enamorados". Pero los que pusieron realmente la piel de gallina fueron "Eleanor Rigby", "Back in the U.S.S.R." y "Hey Jude".

No faltaron los homenajes a John Lennon y George Harrison, con versiones de "Give peace a chance", y "Something", tema que McCartney decidió comenzar con un ukelele.

La sorpresa del show: "A day in life", canción de los Beatles y último tema del álbum Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, de 1967. El tema tiene distintos fragmentos con la colaboración de una orquesta adicional y fue resuelto de manera excelente mediante sintetizadores y una entonación perfecta. Esta letra de Lennon y McCartney se inspiró en artículos periodísticos de aquella época, y la versión en River fue impresionante.



Hacia el final del show, con Paul intacto, mejor que nunca, y su banda en llamas, desfilaron "Day tripper" y "Get back". El rock sonó fuerte con "Helter skelter" y sobresalían los gritos que hacían recordar la época beatle de los '60.

El precio de la entrada ya estaba cubierto, más no se podía pedir. El cierre del show fue la cúspide beatlera "Sgt Pepper's." enganchado con "The End", que posee en su letra la frase: "Are you gonna be in my dreams, tonight?" (¿Vas a estar en mis sueños esta noche?).

La salida de River estaba complicada, era mucha gente y todos los fanáticos acababan de escuchar el mítico bajo Hofner con forma de violín tocado por su mismísimo dueño. No faltó nada. Paul y su banda saludaron una y otra vez bajo una nube de papelitos blancos y celestes. Nadie se quería ir. Pero ya era medianoche, y todo tiene su final.

Thanks, sir Paul!

Cora Belén Martínez

Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo
en ETER.


16/11/2010

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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