 |
|
EDUARDO SACHERI
Mano a mano hemos quedado
Mientras Campanella entra en la fase final de trasposición al cine de su novela La pregunta de sus ojos, el escritor revela el proceso de negociación con el director: "Me parece que el resultado final es un empate bastante provechoso, con cosas hechas al deseo visual de él y cosas que están hechas en función del deseo literario mío".
Eduardo Sacheri es una de las nuevas plumas de la literatura argentina. Comenzó a escribir cuentos futboleros a finales de la década del '90 y, con esos relatos, ganó rápidamente popularidad en los espacios radiales de Alejandro Apo, quien con frecuencia lee en sus distintos programas las narraciones de este historiador devenido narrador.
Con un puñado libros en las calles que amenazan con convertirse en best seller, el director Juan José Campanella decidió llevar al cine su novela La pregunta de sus ojos. Durante el mes diciembre concluyó el rodaje de la película, protagonizada por Ricardo Darin, Soledad Villamil, Guillermo Francella y Pablo Rago, que será estrenada en el primer semestre del año que viene con el título El secreto de sus ojos.
Entre los otros libros de Eduardo Sacheri se destacan Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol (editado también en España, aunque con otro título), Te conozco, Mendizábal y otros cuentos y Lo raro empezó después, cuentos de fútbol y otros relatos.
Sobre los géneros que cultiva en la literatura y sobre su llegada a la pantalla grande, Sacheri conversó con Marco Tonizzo y Juan Ignacio Caruso, alumnos de primer año de la carrera de Producción de Radio.
¿Escribe para un lector determinado o para usted mismo?
Probablemente, cuando empecé sí escribía para mí mismo. Pero esos primeros cuentos eran un hobby para matar algún insomnio. Estoy hablando de 10 o 12 años atrás. Hoy en día, que ya hay varios libros dando vueltas, que hay muchos proyectos y que la cosa se ha ido encaminando, es inevitable pensar que hay alguien que lo va a recibir. Sería pedante de mi parte decir que escribo para mí y punto, aunque eso no significa que no siga existiendo una cuestión de placer y de necesidad personal. Pero ahora, cuando escribo, ya sé que más tarde o más temprano eso irá a un sinnúmero de destinatarios, muchos de los cuales no conozco. Entonces sí hay un público presente.
Su producción literaria mezcla cuento con novela. ¿Cómo elije o diferencia cada género?
Cuando empecé me sentía más cómodo en el formato de historias breves, donde se expresa una cuestión concreta, definida, con pocos personajes. Allí, el cuento se imponía casi naturalmente. Luego, cuando uno va pensando historias, también se te ocurren cosas que en un cuento no caben. Cosas que requieren otro tiempo, otro despliegue, otro trabajo más de a poco. Digamos que es un poco el propio tema el que te impone las condiciones. Si lo que vas a contar sucede en un tiempo demasiado largo, hay demasiados personajes involucrados o unas cuantas aristas personales de los personajes que te exigen un desarrollo, vas a tener que terminar escribiendo una novela. Pero la novela también tiene sus propias dificultades, como que un capítulo puede disminuir la atención, y tenés que lograr que el lector se quede cinco páginas más para retomar. En la novela corrés el riesgo de perder esa tensión, ese llevar de las narices al lector, que en un cuento es más sencillo. A un cuento uno lo escribe con el deseo de que quien lo lee lo liquide en una sentada. A una novela es más difícil leerla de un tirón. Para eso, tenés que generar la intriga suficiente para que el lector tenga las ganas de retomar esa lectura, horas, días o semanas después; y tenga esa intriga que es el motor de saber.
¿Cómo fue la reescritura de La pregunta de sus ojos en código cinematográfico?
En la versión final del texto del guión de cine, creo que se respeta la idea del texto original, pero a la vez hay una historia distinta. Te diría que es inevitable que se cuente una historia distinta, porque la novela está contada desde la mente de un personaje y, entonces, desde allí hay un montón de circuitos mentales de ese hombre, de miradas, que son muy difíciles plasmar en un lenguaje visual. En una película vas a ver sobre todo acciones y diálogos; no vas a poder detenerte en la cosa más mental o en el devenir de los personajes, como sí lo podés hacer en un libro. Tampoco te vas a detener en la belleza de una palabra o en la construcción de una metáfora, que es lo que en un libro te llama la atención y te hace releer una oración. Pero, al mismo tiempo, creo que en la adaptación está respetada cierta esencia de lo que la historia quiere decir y lo que los personajes atraviesan. Creo que eso está a salvo y por eso me siento muy conforme con el resultado final.
¿Hizo la adaptación solo o junto al director?
La adaptación significó un trabajo de más de un año. Juan Campanella es un tipo excepcional y al mismo tiempo muy llano para trabajar. Fue un trabajo muy mano a mano, con cosas hechas al deseo visual de él y cosas que están hechas en función del deseo literario mío. Me parece que el resultado final es un empate bastante provechoso y estamos muy entusiasmados todos con la película.
Desgrabación: Federico Randazzo.
Publicá tus comentarios sobre esta nota: escribí a contenidos@eter.com.ar
|
|
|
|
 |
|
OTROS CONTENIDOS
|
|
|
|