ENTRE EL CHOP SUEY Y LA MILANESA DE SOJA
Chino básico

En la intersección de las calles Arribeños y Juramento, a metros de la "Estación Belgrano C" del Ferrocarril Mitre Ramal Tigre, empieza el Barrio Chino, una atracción cada vez más convocante. El lugar recibe 15.000 visitantes por fin de semana. Y hasta hay visitas guiadas para saber qué productos comprar y qué se puede cocinar con ellos.

Lejos, muy lejos de su tierra natal, la comunidad china, conocida por sus comidas de sabores exóticos y variados productos de bazar, ofrece lo mejor de sus tradiciones y sus costumbres, manteniendo viva la cultura milenaria. En el barrio de Belgrano, a metros del ferrocarril, cada año crece la cantidad de gente que elige visitar el barrio. Según la Asociación Cultural Chino Argentina (ACCA), ubicada en Arribeños 2275, cada vez son más los que recorren el Barrio Chino (ver fotos) con la ayuda de un guía que los orienta en la compra de productos típicos en los supermercados. En las góndolas de los negocios impera el idioma chino. Por eso, desde hace un par de años la Asociación decidió organizar visitas guiadas por un nativo bilingüe para conocer los ingredientes utilizados en la preparación de la comida china. La recorrida dura alrededor de 90 minutos, y culmina con la compra de productos para la merienda. Los grupos que la realizan son reducidos, de no más de 6 personas, y se debe pagar un arancel.

"En la visita se aprende cómo identificar los alimentos recomendados, cuáles son los más convenientes, con qué criterio elegir algas, cereales, legumbres, vegetales, salsa de soja, miso, tofu, semillas, kuzu, hongos, miel de cereales, umeboshi y aceites. Además se entrega material escrito", expresa la licenciada Bettina Lewin. Si bien ella no pertenece a la Asociación, se encarga de realizar este tipo de "paseos" cada 15 días. Lewin estudió la Licenciatura en Nutrición y se especializó en alimentación natural. Es egresada de la Universidad Maimónides, del Centro Macrobiótico de San Pablo (Brasil) y de la Asociación Argentina de Médicos Naturistas. Desde hace 20 años se dedica a la docencia y "al ejercicio de la alimentación como medicina y como base para una buena calidad de vida". Uno de los motivos que la llevó a acercarse a la cultura china fue su sabiduría a la hora de alimentarse y su forma de vida, en base a la meditación y la relajación. Ella considera que en la naturaleza de los alimentos está la cura de las enfermedades del cuerpo y que desde allí hay un cambio en la calidad de nuestras vidas.

"El barrio es para pasear, tomar el té, ir de compras o aprender sobre los alimentos que se pueden incorporar en la cocina diaria", explica Diana Berinstein, orientadora nutricional holística, especializada en alimentación natural, que también realiza visitas guiadas al Barrio. "No solo vienen los que trabajan en los restaurantes de la zona, es decir los chefs, sino que la gente común también se interesa por los sabores orientales. Les gusta probar nuevas cosas y cambiar un poco la rutina de todos los días", agrega Berinstein.

El supermercado "Chau Kok", que está en la calle Arribeños, a metros de Juramento, ofrece "productos internacionales". Según el encargado, Liu, en su comercio se pueden encontrar elementos y productos típicos de la gastronomía china. En las góndolas, se aprecia una inmensa cantidad de tés: de jazmín, verde, té para la noche, té frutal, té rojo de ginseng. Además, hay algas en placas para hacer sushi o desmenuzadas para hacerse una sopa.

Colgados en bolsas como las de papas fritas o chizitos, hay una serie de snacks de frutas y verduras cortados en forma de triángulo, círculos y cuadrados, destinados, según explica la cajera del lugar, que no es oriental, a hacer una vianda o para servir en platitos decorados. Hay discos de arroz apilados de distintos tamaños y toda una colección de productos de soja: salsa, harina, porotos y hasta una pasta de origen brasileño.

En una heladera están los mariscos. Lo único a la vista son calamares y una especie de albóndigas de pescado. En otro refrigerador, se agolpan botellas de leche de soja, botellitas del yogurt "yakult" y refrescos a base de té, soja y jengibre. Discos para empanaditas, barras de queso tofú y milanesas, obviamente de soja.

El estante de las bebidas alcohólicas no es muy abundante. Solamente ofrece vino de arroz (obligatorio para el sushi), latas de cerveza, licor de ciruela y botellones de sake con precios poco tentadores: un litro y medio está a 59 pesos, aunque hay otra botella que sale 95.

La sección verdulería exhibe raíces de jengibre y nabos. Lo más curioso dentro de este espacio son las ollas a presión para preparar arroz, ya que las hay de todos los estilos, tamaños y precios, algunos en dólares. También se observan numerosos cestos para cocinar al vapor las verduras, que están realizados en bambú. En la caja, se amontonan los sahumerios, la típica pomada china para todos los dolores, coloridas golosinas y sobrecitos de té para vender por unidad.

Algo que muchos aprovechan es el lugarcito para comer dentro del súper. Es pequeño pero ameno y la gente, mientras hace las compras, se deleita con las exquisiteces de la cocina oriental. Los precios de las comidas son más caros que en los puestos de la calle, pero permite sentarse en una barra y darle un descanso a la mente, que no parado de descifrar carteles y colores por doquier.

Sabrina Gamper Perasso
María Jimena González


Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo
en ETER.


09/11/2010

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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