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UNA TENDENCIA QUE CRECE
Todos tenemos un tattoo: ¿moda o arte?
Grabarse un dibujo en la piel dejó de ser algo marginal, exclusivo de gente "rara" o una expresión carcelaria, para llegar a la clase media y alta; incluso a gente de hasta 60 años. Cómo ven los tatuadores la masificación de una costumbre que, para ellos, es casi sagrada.
"Siete de cada diez personas tiene un tatuaje y/o piercing. Pero la gente hoy en día se tatúa cualquier cosa, sólo porque está de moda. Vivimos en un país que no tiene cultura artística. En los colegios, no tenés una materia que sea arte". El que habla es Germán Vargas, tatuador desde hace nueve años. Y se indigna mientras explica que algunas personas le piden que les haga el tatuaje que tiene Ricardo Fort o Robbie Williams. Para él esos pedidos son signos de que la gente "no tiene personalidad", ya que -confiesa- son muy pocos quienes van a hacerse algo original.
Vargas afirma: "La gente se copia debido a que la mayoría no entiende que un tatuaje es algo que te lo clavás y queda de por vida". Y comenta que odia hacer diseños tribales, estrellas, letras, lunas y soles, que son los pedidos que recibe más habitualmente.
Es notorio en la calle, colegios, facultades, boliches, que tener tatuajes o piercings es una tendencia que está creciendo. También influye que un tatuaje pasó de ser algo marginal a algo que gran parte de la sociedad fue aceptando hasta que se instaló y quedó prácticamente naturalizado.
Un tatuaje es incluso algo utilizado por muchos para estar a la moda, deseado como un implemento más, como un accesorio. Con la diferencia de que es más invasivo que cualquier otro implemento decorativo. Y con la connotación de que es "para siempre", por lo cual no se condice con la idea de moda, que es pasajera, cambiante. Con un tatuaje no hay arrepentimientos posibles.
Fernando Colombo tiene 43 años y hace 20 fue uno de los primeros en poner un estudio de tatuajes en Capital Federal. Empezó en la galería Bond Street, y hoy en día tiene su propio local, Face Tattoo, sobre la avenida Santa Fe. Él cree que se naturalizó esto de llevar un tattoo porque la gente lo ve más como una cuestión estética que va de la mano con la necesidad de verse bien en general. Y agrega: "Todos los que vienen al estudio son gente normal, que labura. Ya no es más como era antes, cuando sólo se tatuaban los freaks". Cuenta que aunque sus clientes sean diferentes entre sí, comparten el deseo de tener un dibujo grabado. Y que los que visitan su estudio van por recomendación o sabiendo sus antecedentes y su trabajo -hizo más de 25 mil tatuajes-, y por lo general valoran el arte del tatuaje.
El auge del tattoo puede adjudicarse a que se volvió algo mucho más comercial de lo que era. Y en parte esto se debe a que resulta un gran negocio, el cual se evidencia dos veces al año cuando se realizan las famosas convenciones de tatuajes, que son más bien una especie de "expo" de diseños, que despiertan quejas de algunos colegas que no se sienten representados por los que participan de esa feria: "Ninguno de los que tatúan bien se prestan a esa movida porque no los representa", argumentan, categóricos.
Los comerciantes del rubro reconocen que aumentaron los precios de sus servicios junto con la demanda, a comparación del año pasado. El precio mínimo de un tatuaje es de un 35 a un 50 por ciento más alto que lo que valía hace un año. El tattoo más barato arranca en 100 pesos y no hay un límite de costo: puede llegar a valer más de 10 mil, dependiendo del tamaño, la complejidad del diseño y el tiempo que lleve realizarlo. Sin embargo calculan que creció en un 100 por ciento desde poco antes de 2009, y se va incrementando año a año.
Hombres y mujeres de más de 50 años coinciden por igual en que antes no era tan común realizarse un dibujo en el cuerpo, no sólo por los riesgos que ello implicaba para la salud, sino porque además era mal visto y hasta en algunos trabajos o instituciones no estaba permitido exhibir ningún tatuaje ni piercing. Y la gente mucho menos elegía hacérselos en lugares que queden expuestos adrede, como se estila en la actualidad, ya que predominan los aros en nariz y ceja y los tatoos en brazos y demás lugares visibles.
A cualquiera que se le pregunte hoy en día si conoce a alguien con un tatuaje es muy difícil que dé un no por respuesta. La franja etaria en la que comienzan a tatuarse, según los entendidos, promedia entre los 16 y los 18 años y no tiene un límite. Los menores que optan por un tattoo tienen que ir acompañados o llevar un permiso de un adulto responsable, pero eso no garantiza que un adolescente esté preparado para decidir.
Para los tatuadores es una forma de expresarse, de hacer arte, y la mayor gratificación es que alguien lleve impresa en su cuerpo esa creación. "Lo que busca un tatuador es lo mismo que un pintor sobre una tela; su intervención es lo mismo pero sobre la piel", define el tatuador Andrés Dardik. Y critica: "La gente se hace cosas chinas y después va al súper chino y dice 'este chino de mierda".
Dardik también asevera que la gente ni sabe el significado de lo que se tatúa, pero lo peor es que tampoco le interesa saber. Describe que cuando trata de explicarles a sus clientes lo miran como diciendo "y vos qué sabés". "Vienen y se quieren hacer letras chinas, y no hay letras chinas; son símbolos chinos, se hacen una flor de loto o un ojo de Horus y ni saben qué se están haciendo", concluye.
Para Gustavo Sosa, empleado del local Demcrist , son las mujeres las que más se tatuan por moda, porque vieron a otra o porque se tatuan sus amigas. Y detalla que mayormente las de más de 35 lo hacen porque está de moda, más que por gusto.
Pero hay excepciones que confirman la regla. Jimena, de 25 años, es un claro ejemplo de alguien que se realiza un tatuaje por un motivo más. Ella relata que tiene cinco tatuajes y que cada uno tiene su significado y representan su vida y sus convicciones. "Son marcas que voy dejando en mi piel como las cicatrices, que no te las sacas más. Pero estas son cicatrices lindas, que uno quiere ir marcando en su piel". Y opina que para ella los tatuajes son arte, un estilo de vida.
Aunque la moda no incomode, es real que no hacer las cosas a conciencia tiene consecuencias; sobre todo los adolescentes, que suelen ser los más influenciables porque todavía no han madurado para tomar decisiones tan drásticas. Pablo Sabaris, de 25 años, sentencia: "Los tatuajes te arruinan la vida. Yo me hice uno a los 13 años y ahora me lo quiero sacar y no puedo". Argumenta que con el sistema de láser no se lo puede borrar porque le quedaría una cicatriz, además de que es un método muy caro, pero el único con que pueden llegar a quitarse los tattoos. Y concluye: "Tampoco puedo taparlo con otro porque se notaría y queda mal. Así que me da bronca porque sé que no puedo hacer nada".
Pero su caso va a contramano de la adhesión a esta nueva tendencia que los tattoos están logrando en las más diversas generaciones.
Gisela Daus
Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
09/11/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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¡Quiero un tattoo!
Estos son algunos lugares clásicos en donde se hacen tatuajes:
Face Tattoo: Fue uno de los primeros estudios de tatuajes. Su dueño y principal tatuador del lugar, Fernando Colombo, tiene 20 años de oficio.
Santa Fe 3138. Tel. 4823-0939
Demcrist: Local emblemático de la galería Rivadavia.
Rivadavia 4963, local 36. Tel. 4902-1884
School Rebel: Es un estudio en el que se especializan en crear y dibujar sus propios diseños.
Rivadavia 4963, local 29/25. 4902-0245
Galería Bond Street: Es el lugar ícono de los tatuadores/tatuados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La mayoría de sus locales son estudios donde se realizan tatuajes y piercings.
Santa Fe 1670
En todos los locales se realizan tatuajes artísticos y body piercing.
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