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UNA EXPERIENCIA QUE DEJÓ LA CRISIS
El Museo del Trueque versus el olvido
En La Bernalesa, en Quilmes, funcionó uno de los más importantes centros de intercambio del país. Hoy, sobrevive allí una institución que busca mantener la memoria de esa original respuesta popular al quiebre de 2001.
En Quilmes Oeste, casi al límite con Bernal, Susana Rivano cita en un café a los que quieren visitar el Museo del Trueque. Ella sola es quien lo coordina y lo mantiene. "Es una condición que impuse para conocer a los visitantes", explica. Ahí comienza el recorrido hasta el edificio La Bernalesa, una de las fábricas textiles de algodón más grandes del mundo, cuyo auge fue en los años 60 y 70. "Este edificio, antes de fundarse el Museo, era uno de los centros de trueque más importantes de Quilmes", cuenta.
En este museo abundan vitrinas que exponen como trofeos los distintos bonos del trueque que funcionaban en todo el país, y a través de ellos se revive una experiencia que para muchos quedó en el olvido. Muestran la magnitud de lo sucedido por medio de tapas de diarios y noticias que inmortalizan el auge del trueque. También se fueron sumando boletines, banderines, fotos, distintivos, afiches, libros y videos de países de Europa y Latinoamérica. Además, se pueden encontrar archivos periodísticos de diarios con microemprendimientos llevados a cabo.
El trueque llegó a la Argentina en 1995. Rubén Ravera fue uno de los impulsores de este fenómeno que se inició en la localidad bonaerense de Bernal. En 2003, con el fin de preservar el patrimonio de esa experiencia, creó junto con la Red Global del Trueque el Museo y Centro Cultural "Silvio Gesell", que pertenece a la Asociación Amigos Programa Autosuficiencia Regional (AAPAR).
Donde antes miles de personas le peleaban a la adversidad, hoy sólo quedan espacios vacíos, pero con el recuerdo de aquella crisis que motivó el trueque. En lo que antes eran galpones con miles de personas intercambiando bienes a diario, sólo queda una estructura olvidada y abandonada, donde reina el silencio. En la penumbra se divisa lo que fue un restaurante; una peluquería en la que ha quedado un cartel que promocionaba: "Por 8 créditos puede cortarse el cabello con baño de crema incluido"; oficinas vacías y confiterías que aún conservan una decoración deteriorada por el tiempo, con esferas colgantes espejadas y paredes revestidas por vidrios que ya no son iluminadas por falta de electricidad.
"Estoy al frente desde el principio. Siento un compromiso muy grande con esta red solidaria, que me ayudó mucho. Pagaba el alquiler de mi casa con los créditos del trueque. Hoy la remo sola, pero feliz porque creo que este lugar es un testimonio fundamental para los estudiantes de otros países", confiesa Rivano, aunque agrega que es "consciente que esto no sobrevivirá mucho tiempo más, en cualquier momento muere". Según cuenta, dentro de poco en ese predio se va a construir un parque industrial y no sabe si le permitirán mantener el Museo abierto.

Es notorio el cuidado que le brinda Susana Rivano: todo reluce impecable y muy iluminado. Las visitas que recibe son de todas partes del mundo, especialmente estudiantes de economías alternativas a quienes les interesa lo que pasó con este movimiento, que tomó las enseñanzas de Silvio Gesell, quien hablaba de la economía formal versus la economía natural.
El trueque tuvo su auge en la Argentina en plena crisis de 2001-2002. En algunos lugares se reunían todos los días y en otros, los fines de semana. La devaluación del peso hizo que, al no poder afrontar la compra de algunos alimentos o bienes, creciera el intercambio. Se utilizaban unos bonos llamados "créditos" (que representaban el 50% del valor real del peso) y con ellos se hacían las transacciones.
La Bernalesa, en Villa Los Eucaliptus, ocupa ocho hectáreas, donde sólo quedan reminiscencias de los años de producción. Lo único que funciona en la propiedad es el Museo y la empresa Valot, que es la dueña del predio. Después de una caminata de varias cuadras se llega al museo que, según Rivano, está "agonizando, porque se están descuidando los principios que regía el trueque y el espíritu por el que fue creado".
Es un laberinto de historia que guarda los mejores momentos. "Este es el hangar, que recibía gente todo el día, incluso los días feriados. Había personas que se enojaban cuando queríamos cerrar el lugar para descansar", asevera. Si bien en este lugar dejó de funcionar el trueque, aún existen tres centros en Chacarita, La Boca y el Bajo Flores (ver Siempre hubo tiempos mejores).
Solitaria en su tarea por preservar la sala de exposiciones, Rivano cuenta que escribe una vez por semana en su blog, creado por una estudiante sueca que la visitó años atrás. "Sentí que era la persona indicada para contar la historia de un fenómeno que permitió reunir más de 35 mil personas por día, cuando todo era caos", asegura.
Mariano Santos Chamale, Alejandra Segovia, Marylin Bustamante, Bruno Tessore, Mariana Salas, Marian Pardo
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
20/10/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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