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EL GOBIERNO PORTEÑO BUSCA ENDURECER LAS LEYES
Motoqueros, los eternos jinetes urbanos
Más de 25.000 mensajeros y empleados de delivery circulan por el microcentro de Capital Federal. Ahora quieren unirse para protestar contra la medida de la gestión macrista que impediría transitar con un acompañante.
"La ciudad es nuestra", reza una frase escrita en aerosol junto a una mano levantada sosteniendo un casco, en una pared del microcentro porteño. Si uno concurre asiduamente a esa zona, es muy común encontrarse con esta especie de tribu urbana denominada "motoqueros".
A mediados de la década del 80, los primeros motoqueros asomaron por estas calles encargados de todo tipo de logística, como depósitos de dinero en bancos o entrega de cartas y encomiendas. En ese tiempo eran pocos y las ganancias eran bastante redituables. Ya en los '90 el trabajo se consolidó y cada vez más personas compraban una moto para salir a trabajar. En la actualidad, debido a la demanda y a la cantidad de mensajeros, el trabajo también se empezó a precarizar.
"A pesar de despertar prejuicios y odios, estas personas son simplemente trabajadores que día a día recorren la Capital Federal y el Conurbano, ya sea con lluvia torrencial, 40 grados en verano, sólo para ganarse el pan y tener un trabajo digno", afirma Miguel Olmedo, que trabaja como mensajero.
Se estima que en Capital Federal uno 25.000 motociclistas, entre mensajeros y deliverys, trabajan en cada jornada y que, además, desde el Conurbano, ingresan más de 330 motos por día.
Quizás por esta razón y debido a la estigmatización por parte de los medios que vinculan a estas personas con delincuentes con moto ("motochorros"), el Gobierno de la Ciudad implementó estrictos controles de motos en toda la Capital para prevenir las continuas salideras bancarias, lo que además derivó en que se aplique una ley, votada por la Legislatura porteña, para que se prohíba el uso de acompañante dentro del horario bancario solo en microcentro, más un proyecto de ley por el que cada mensajero deberá estar identificado con su número de patente impreso en un chaleco y en el casco.
"Nosotros al Gobierno de Macri le pedimos carriles exclusivos y que se regularice la situación de la mayoría de nuestros compañeros, en vez de discriminarnos con el uso de chalecos", resalta Juan Ruso, secretario de prensa de SIMECA (Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes).
SIMECA nació hace más de 10 años como una asociación gremial que nuclea a los trabajadores de mensajería y delivery. Si bien tiene la personería jurídica, todavía lucha por obtener la gremial. Los 1.600 afiliados a SIMECA tienen beneficios como obra social, camping y servicio legal. Es que el 90% de los mensajeros está contratado en negro. "Al motoquero siempre se lo tildó de rebelde, eso hizo que la lucha por sus derechos sea individual", explica Ruso. "Hoy desde SIMECA queremos incentivar a abandonar esa rebeldía individual para luchar colectivamente", finalizó.
Cuando sí hubo unión de lucha colectiva por parte de los motoqueros fue en la rebelión popular del 20 de diciembre de 2001. Justamente esa fecha quedo implementada como el "Día del mensajero" en memoria a Gastón Riva, quien participó en aquella revuelta y que fue asesinado por la Policía Federal.
Miguel Oviedo
Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
12/10/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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En Brasil, diez veces peor
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"Motoboys, vida loca" es un documental brasileño que refleja el día a día de los mensajeros motorizados en Sao Paulo, la ciudad más cosmopolita de América latina.
Allí, 250 mil motoqueros conviven con la polución, el tránsito caótico y las precarias condiciones de trabajo, por las que mueren a diario tres de ellos.
Su director, Caito Ortiz, intenta explicar esta situación en su primer largometraje. Su investigación consiguió una buena respuesta de los espectadores y obtuvo el primer premio del público al mejor documental en la 27º Muestra de Cinema de Sao Paulo.
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