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MÚSICA Y PASIONES
La era de los fans 2.0
En días de redes sociales, se potencia el alcance de los viejos "clubes de fans" musicales. Subirse al escenario con sus ídolos, imitarlos a la perfección, tatuarse sus nombres o esperar días por una entrada, siguen siendo las proezas de los fieles seguidores. Una historia de siempre, marcada por los tiempos que corren.
El cantante melódico Luis Miguel vendrá en noviembre a nuestro país para realizar dos shows en el estadio Vélez Sarsfield, y sus fanáticos acamparon en los alrededores del lugar para poder sacar sus entradas. La euforia y la ansiedad hicieron que, en sólo tres horas, se hayan vendido más de 10 mil tickets. Quienes habitaban las carpas eran en su mayoría mujeres, como Jésica, quien hace dieciocho años realizaba el mismo ritual para poder estar en el show de su ídolo, "Luismi". Ella misma se consideraba "fanática enfermita" del mexicano, pasión que nació de un día para el otro, cuando pasó por una disquería y se compró, por curiosidad, su primer trabajo, el disco 1+1=2 Enamorados.
"Tenía todos los cassettes, y de los que más me gustaban tenía dos o tres, porque se me gastaba la cinta de tanto escucharlos", confesó Jésica. También contó que en los 90 era muy común ser seguidora de algún cantante latino, como Luis Miguel, Ricky Martin o Chayanne, que estaba de moda. Tan grande era su admiración por el mexicano que a los trece años fue con su mamá y se tatuó el nombre de su ídolo en la espalda. Pero hace cinco años decidió pasar nuevamente por las agujas y taparlo con un dragón. ¿La razón? La gente lo leía y se burlaba, aunque reconoce que le hubiese gustado conservarlo. "El tatuador me dijo que me lo hacía chiquito y simple porque cuando creciera me lo iba a querer tapar. Dicho y hecho", recuerda.
Jésica también integró el club de fans oficial del cantante en Argentina, donde se juntaba una vez por mes para planear asuntos que tenían que ver con las visitas de Luis Miguel al país. "Una vez compramos bengalas verdes, blancas y rojas y formamos la bandera de México en medio del recital, sin imaginar que podíamos quemar a alguien", recuerda esta fanática, que hacía la cola veinticuatro horas previas al show en la puerta de cada estadio donde se presentaba Luismi.
A hazañas de este tipo se refiere el periodista especializado en rock, Sergio Marchi, al asegurar que "ser fanático de una banda de música o de un cantante es algo muy parecido al amor, con todas sus virtudes y contradicciones, y el deseo puede ser hasta físico, pero en los grados más extremos". Marchi confirmó que esto ocurre en muchos casos, y que por seguir y amar a un ídolo, se puede llegar a hacer cualquier cosa.
Luciana (27) y Leonela (24) se consideraban "fanáticas" del músico argentino de blues y jazz Javier Malosetti, pero hoy en día, gracias al chat, al mail y a las redes sociales, la relación que las une a él es mucho más que la que tiene un artista con sus seguidores en general.

SUEÑO CUMPLIDO. Luciana y Leonela con Javier Malosetti.
Las chicas, una de Córdoba y la otra de Tucumán, se conocieron mediante la página de internet del músico y juntas armaron un fotolog (www.fotolog.com/jm_bananaboat), que más tarde derivó en un grupo de Facebook. Pero la historia cambió cuando Luciana y Leonela empezaron a chatear con él y un día las invitó a visitarlo en su casa de Buenos Aires. "Su manager, Florencia, nos adora. Nos presentaron a Julián, su hijo, y a su mujer. Además me hizo el regalo más grande del mundo: me llevó a conocer al Flaco Spinetta. No sabía cómo agradecerle", completó Luciana, con una emoción que desbordaba.
Las características de los fanáticos denotan un cierto comportamiento obsesivo en algunos casos. Están los que pegan fotos en las carpetas, los que empapelan sus habitaciones, los que coleccionan discos o remeras, pero también hay algunos que hacen hasta lo imposible para parecerse incluso físicamente a sus ídolos. Ellos utilizan la exaltación, la identificación y el fanatismo, en realidad, como medio para expresar otras cosas.


IMITADOR OBSESIVO. Así se define Gerardo, fanático de Michael Jackson.
Gerardo tiene 18 años y hace dos que empezó a imitar, tal cual, la vestimenta y el baile de Michael Jackson. "Recién me levanto y ya estoy vestido de Michael. Soy más que nada un imitador obsesivo y tengo todos sus looks. Voy vestido así a la escuela", detalló este estudiante que se viste como su "objeto" de admiración desde que abre los ojos hasta que se va a dormir. Nunca vio al ídolo del Pop en vivo, en un recital. Aprendió todas las coreografías mirándolas horas y horas por Internet).
Al estar vestido todo el día con la misma ropa que usaba Jackson, Gerardo contó que le gritan cosas en la calle y la gente se da vuelta para mirarlo. A todos les llama la atención y algunos lo frenan para pedirle una foto. Cuando va a hacer trámites a su obra social, las personas que trabajan ahí le piden que baile algún tema y aprovechan para filmarlo y sacarle fotos.
"Una vez estaba en un local de música de un shopping y me puse a bailar en la puerta, hasta que la gente se amontonó y todos se querían sacar fotos conmigo. Cuando me fui me regalaron un disco original de Michael Jackson y productos para el pelo. Otra vez realicé la coreografía de "Thriller" en el cementerio de Recoleta."
El fanatismo puede referirse a cualquier creencia afín a una persona o grupo de música, y en general y sin exageraciones, resulta una actividad sana para muchos. Desde imitar la coreografía del ídolo a modo de homenaje hasta asistir a un ensayo de su banda preferida, los fanáticos son los fieles que nunca van a perder esa cuota de entusiasmo y pasión que llevan adentro, unidos por una causa común: la música.
Sabrina Gamper Perasso, María Jimena González
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER.
05/10/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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