MUCHO MÁS ALLÁ DEL FÚTBOL Los alternativos del deporte
Bowls, crocket, dardos, fútbol americano, lacrosse, tejo, jenga y muchos más forman parte del selecto grupo de deportes poco practicados en el país. Sin embargo, tienen fanáticos y esforzados seguidores.
No se conocen muchas personas que hayan pedido un préstamo para pagar los materiales de su deporte, tampoco que fumen y tomen mientras lo practican, ni jóvenes que en sus ratos libres salgan a las calles a volantear para difundir su disciplina atlética.
Acostumbrados a los deportes populares, a aquellos que convocan multitudes y que los pasan una y otra vez por televisión, los más chicos crecen mirándolos y esos mismos son los elegidos para practicarlos. Fútbol, tenis, rugby, básquet, automovilismo, hockey, vóley y algún otro de inferior dimensión, pero ellos son siempre los protagonistas de los ratos libres de grandes y chicos.
Sin embargo, existe un grupo no tan reducido que no se dejó llevar por lo convencional, por lo que le venden día a día. Ellos optaron por juegos llamativos, raros, originarios de otros países y con escasa difusión en el plano internacional. Muchos los ensayan en plazas y hasta dejan de irse de vacaciones para juntar plata y recaudar. Todo para seguir practicándolos.
Por eso no es casual que se haya fundado la Comisión de Deportes Alternativos de Argentina, donde en ella hay cientos de actividades como: Bowls, crocket, dardos, fútbol americano, lacrosse, tejo y hasta el jenga, entre tantos otros.
Por supuesto que la poca difusión hace que menos gente pueda tener un abanico amplio de posibilidades de ocio. Además requiere un extra de esfuerzo por el hecho de juntar un equipo, los costos económicos en cuanto a los viajes y los materiales, reparando en que no cuentan con sponsors y mucho menos con ayuda gubernamental. Pero con esfuerzo y perseverancia varios pudieron cumplir sus objetivos.
"Llegué a pedirle a mis viejos que sacaran un préstamo para jugar Lacrosse"
Juan Dellamea, un joven de tan sólo 22 años oriundo de La Plata, hace dos años miró la famosa película adolescente "American Pie" y conoció el deporte que hoy lo hace sentir vivo. En su ciudad natal no existía el Lacrosse y se puso como objetivo llevarlo al Sur de Buenos Aires para jugar con sus amigos.
Desde aquel momento decidió dejar el tenis porque necesitaba un cambio y lo entusiasmo practicar en conjunto. Resignó salidas, gastos personales, juntó plata, realizó diferentes cadenas por las redes sociales y convocó en una plaza a los interesados.
"Al principio fue un fiasco", reconoce el Licenciado en Gastronomía al recordar que a aquel acontecimiento se acercaron sólo tres personas. Pero no se dio por vencido y los incentivó para que esa pequeña cifra se triplique, al menos para conformar un equipo. Mientras tanto fueron recaudando para comprar el stick y las protecciones para darle comienzo al proyecto. El día menos pensado ya eran 20 y gracias a eso pudieron conseguir un club en Berisso.
La historia iba tomando color pero faltaban materiales. Juan decidió pedirles a sus padres que sacaran un préstamo para hacer una gran compra de equipos a Estados Unidos y así empezar a entrenar, porque de lo contrario no lo hacía nadie. Un pack de principiantes (guantes, coderas, pechera y stick) tiene un monto de 70 dólares, mientras que el casco oscila los 170.
Hoy Juan puede contar que no se arrepiente de los gastos porque finalmente está haciendo lo que le gusta y gracias a él se conformó el primer equipo de Lacrosse en La Plata, porque hace unos días pudo al fin llegar a ser escuchado por el mismísimo intendente Pablo Bruera, quién se dejó seducir por la propuesta y está dispuesto a colaborar en la iniciativa de este entusiasta deportista alternativo.
"Fue una experiencia muy linda haber jugado dos mundiales"
Jorge Darío hace 25 años que practica Bowls. En su carrera deportiva logró disputar dos veces la competencia más importante a nivel global, lo que reconoce como los momentos más importantes de su trayectoria: "Fue una experiencia muy linda haber jugado dos mundiales. Estar en Australia y en Sudáfrica fue un gran momento de mi vida. Somos un país en el que somos muy pocos jugadores que practicamos este deporte y poder participar y competir con países que tienen un nivel muy competitivo fue muy importante. Aprendí mucho jugando los mundiales".
Para Cacho, como lo apodan en la vida cotidiana, en la vida hay que practicar todos los deportes que se pueda: "Yo siempre les digo a mis hijos que si tenés el tiempo y los recursos es bueno poder hacer un poco de todo. Si vas a una quinta a pasar un fin de semana y te invitan a jugar un deporte tenés que hacerlo".
Darío dejó de jugar tenis, que lo acompañó gran parte de su vida, y empezó a practicar Bowls, que lo entusiasmó y al momento de tirar las bochas lo terminó de convencer. "Yo venía al club del que era socio. Amigos míos que jugaban Bowls me invitaron y empecé a participar de esa manera", señaló al mismo tiempo que remarcó que no quiere ser el número uno en nada, sino "poder jugar, divertirse y disfrutar de los deportes".
El Bowls, para Darío, es un deporte diferente al resto: "Lo bueno de todo esto es que mientras estás jugando podes hacer tres cosas: fumarte un cigarrillo, hablar con los otros equipos y tomarte un gin tonic", sorprende.
"Llegué a volantear los findes para convocar jugadores"
Federico Kurz es jugador de Fútbol Americano y tiene su equipo: los Osos Polares.
Luego de vivir varios años en México, cuando regresó al país decidió continuar con su hobby. Un día escuchó por radio que buscaban jugadores de Fútbol Americano. Desde aquel momento hasta la fecha pasaron 15 años y él nunca dejó de jugar, a tal punto que hoy es el vicepresidente de Football Americano Argentina con tan solo 37 años.
De a poco, muy despacio pero con mucha voluntad, el deporte americano fue sumando adeptos mediante volanteadas, promociones y, fundamentalmente, por la recomendación de los que lo habían practicado: el conocido boca a boca. "El fútbol americano es un deporte que tiene un contacto muy elevado, muchas veces la gente que viene y lo practica se da cuenta que no es sólo ponerse un casco y cagarse a palos", reflexiona Federico luego de haber sido testigo del crecimiento de la disciplina en los campos del Club Comunicaciones. También agrega la satisfacción que le generó probarse el casco y la hombrera, no por la novedad, sino por la sensación dar el paso y poder lograr su hazaña.
Como todo deporte atípico, el mayor problema que le genera a los que lo juegan es el escaso espacio físico: los jugadores practican durante la semana en alguna plaza de barrio o, cuando pueden, se dan el gusto de alquilarse alguna cancha.
"Lo que la liga hace es nuclearnos en la cancha. Todos pasan por Comunicaciones, ya sean locales o visitantes. Nadie tiene su propio club, pero sí su estilo de entrenamientos", explica el guardia derecho de los Osos Polares. Y agrega que la liga oficia de equilibrio para que los equipos crezcan de manera equitativa y para poder mantener una competencia entre todos los equipos.
Hoy en día el objetivo de Federico y de todos los que juegan al Fútbol Americano es que la gente se divierta", aunque también con el paso del tiempo fue naciendo una rivalidad y competencia sana entre los equipos, y eso lleva a que el deporte se afiance.
La indumentaria deportiva reglamentaria oscila entre los 500 y 600 dólares. Un casco cuesta entre 100 y 120 dólares; las hombreras cuestan 60 dólares; las protecciones, 20 dólares; y los uniformes (pantalón y camiseta), 45 billetes individuales de la moneda norteamericana.
"Ahorré mucho para tener mi primer bate y una pelota"
Facundo Fraigman tiene 31 años y juega al béisbol desde los seis. Cuando iba al club Alfa, en Ciudad Jardín, Facundo cuenta que lo primero que veía al entrar era la cancha de béisbol y que el entrenador, el colombiano Pancho Bascarane, lo invitó a batear.
"Lo difícil de este deporte, en su momento, era que la globalización tardó en tener su impacto en Argentina, en lo que respecta al béisbol", cuenta el ex pitcher y actual manager del club Comunicaciones. La pasión y el amor por el deporte hicieron que Facundo se enamorara del béisbol, más allá de las dificultades que presentaba, ya que tener un bate o una pelota no era tarea sencilla. Después de muchos esfuerzos económicos pudo obtener los elementos necesarios.
Hoy Facundo es profesor educación física y trata de formar deportistas y personas. Lo primero que tiene en cuenta es que aprendan a jugar en equipo, aceptar las reglas y que sepan ganar y perder.
La indumentaria que precisan para competir cuesta entre 150 dólares y consta de pantalones (40 dólares), cinturón (10), gorra (20 o 30), guantes para batear, bate y botines (entre 40 y 60).
Esta nota fue escrita por estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo Deportivo en ETER, en la materia Agencia.