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LAS PENSIONES DE LOS CLUBES REFLEJAN LA DESIGUALDAD DEL MERCADO ARGENTINO
Fútbol con cama adentro
Ustari, Buonanotte, Banega, Cubero… Muchas figuras salieron de las pensiones de los clubes argentinos. Sin embargo, mientras Boca progresa sobre la base de su complejo en Casa Amarilla y San Lorenzo proyecta de la mano de Marcelo Tinelli, el resto de los equipos subsiste a razón de políticas mínimas o salvatajes coordinados por socios. La política de los clubes no cambia y la inercia decanta en un sistema de supervivencia que no se condice con el sacrificio que se les exige a los chicos.
El fútbol argentino es paradigma universal del desarrollo juvenil. Los cinco títulos sub 20 y la permanente consagración de figuras que no alcanzan la mayoría de edad avalan el concepto del ámbito local como cantera del mundo. La fuga de talentos es cada vez más temprana y la renovación de los planteles constituye una constante contemporánea.
El éxodo de las nuevas estrellas induce a una mixtura de fanatismo chauvinista con tímida reflexión social. Porque los debates jamás prosperan más allá de la premisa convenida, los clubes continúan ahogados financieramente y el fútbol juvenil subsiste gracias a las cada vez más milagrosas muestras de espíritu amateur y fuerza de voluntad.
En este sentido, el modelo de las divisiones inferiores argentinas ofrece una insignia del arraigo de subsistencia para la formación de los jóvenes: la pensión.
Pensadas como "viviendas anexas al club", las pensiones funcionan como hogar para un grupo de jugadores de entre 12 y 21 años. Allí viven, conviven, se alimentan, descansan y ocasionalmente estudian.
Las razones por las que los chicos desembarcan en las pensiones pasan por sus capacidades económicas y conveniencias geográficas. Así, los jóvenes deben despegarse de sus familiares y de sus ciudades, provincias y hasta países de origen para mantener vigente el sueño de llegar a Primera.
El sacrificio juvenil es proporcional al esfuerzo de empleados y socios que trabajan y colaboran en las pensiones. En los centenares de hogares de este tipo que existen en el fútbol argentino, cifra no común en otras latitudes, el factor psicológico pasa a ser fundamental y a la formación personal y profesional que supone un adolescente con proyección de futbolista se le impone una madurez apresurada.
"Vivir en la pensión es duro. Se extraña a los familiares y a veces las condiciones no son las mejores", afirma Paolo Goltz, capitán y referente de Huracán, de pasado inmediato en el albergue juvenil del club.
En efecto, la institución de Parque de los Patricios sufrió, a la par de su crisis económica, un caos organizativo que obligó a eliminar la pensión, debido a una deplorable situación edilicia. Recién en 2007 un grupo de socios cargó con las necesidades de los chicos y compró, amuebló y donó al club una casa ubicada en Parque Chacabuco en la que hoy viven 13 jugadores.
La renovada vivienda dispone de cuatro habitaciones, tres baños, una sala de juegos y un patio con pileta, pero carece de computadoras. Para comunicarse con sus afectos los chicos deben encontrar ese servicio fuera del lugar.
En crudo contraste, Boca realza la condición de líder cimentada en la última década y ofrece residencia y soporte a 96 chicos en el célebre predio de Casa Amarilla (a 200 metros de La Bombonera), por donde pasaron, entre otros, Ever Banega, Neri Cardozo y tres de las nuevas estrellas de esta versión juvenil del equipo de Carlos Ischia: Nicolás Gaitán, Ricardo Noir y Lucas Viatri.
A diferencia de lo que sucede en Huracán, en Boca estudiar es obligación, sea en la cercana escuela Joaquín V. González o con los docentes de diversas áreas que tiene el club. La pensión cuenta, además, con salas de computación, de juegos, talleres recreativos y profesionales de la medicina, la nutrición y la psicología.
Pero el dato cuantitativo no es menor: 96 son los jugadores que alberga Boca. En River, los que viven en el club superan la centena. En San Lorenzo, el flamante encargado del Departamento de Marketing Infraestructura y Desarrollo, Marcelo Tinelli, presentó un proyecto de ampliación para la pensión del club, además de la idea de circunscribir la capacidad a 50 chicos pero en condiciones de "primer nivel".
Ciertamente, los capitales de que disponen los tres grandes citados y la multifuncionalidad que ofrece la pensión de Boca son excepción en el rubro.
Por caso, Nueva Chicago no maneja un presupuesto específico para la vivienda de los juveniles y subsiste gracias al aporte que movilizó Héctor González, fotógrafo allegado a la institución, y que hoy ofrece residencia a 14 chicos.
"Todos comen en el club. Hay un nutricionista, pero algunos padres les pagan las comidas a sus hijos, al margen de que ellos reciben un viático por cuenta nuestra de aproximadamente $75 por mes", explica González. "Esperamos que el cambio de autoridades facilite la interacción de los directivos en este tema. De todas maneras ya manejamos otros proyectos, como la idea de una pensión nutricional, a partir del caso de un chico de novena división con problemas para comer en su casa y que lógicamente necesita alimentarse bien para rendir mejor", agrega.
Un requisito que impera en Chicago es que los chicos estudien ("uno empezó la universidad para seguir medicina", declara orgulloso el fotógrafo), obligación semejante a la que se impone en Argentinos Juniors.
En el club de La Paternal, alguna vez "semillero del mundo", algunos de los juveniles también trabajan. "Los grandes del grupo desarrollan tareas en el campo deportivo. Por esa actividad reciben un viático. Esto está establecido y lo hacen de lunes a viernes, unas cuatro horas por día. Hasta hace poco también había un convenio con el McDonald's de la zona. Pero la gran mayoría no lo hace porque es menor de edad", revela uno de los encargados del deporte amateur.
Otro parámetro de análisis es Atlanta, histórica cantera del fútbol argentino, hoy en plena reestructuración institucional y con apenas cuatro chicos en la pensión. "Viven todos en un cuarto compartido con baño privado que paga el club. Sus representantes se encargan de la alimentación y la obra social", cuenta Fernando Ruggero, directivo del equipo de Villa Crespo.
Como se ve, la brecha entre ricos y pobres existe también en relación a las pensiones del fútbol juvenil. No se trata de la profesionalización de lo amateur sino del soporte, la contención y las comodidades necesarias para un grupo de adolescentes en formación que sacrifican una vida "normal" por inciertos sueños de consagración.
Así, mientras Boca revela orgulloso las óptimas condiciones que su predio de Casa Amarilla ofrece a casi 100 chicos, el resto de los clubes de presente o historia en Primera División sufre las consecuencias de un sistema injusto y económicamente inescrupuloso.
Con todo, la situación en la mayoría de los equipos de recursos medios y semejantes, linda entre lo suficiente y lo delicado, con déficits visibles en cuestiones de contención psicológica y de comodidades de convivencia.
En consecuencia, el "vamos vamos los pibes" que surge con cada aparición estelar de las figuras de turno, bien podría trasladar las voces de elogio que el oportunismo coloca en boca de dirigentes a una verdadera política juvenil. Esa que pocas veces se indaga y que tantas otras lastima.
Karina Herzog
Damián Marques
Pablo Nahuel Montero
Juan Manuel Penalba
Eduardo Valeiras
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