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FÚTBOL
Una profesión de vida o muerte
La cifra asusta: seis de los últimos diez suicidios en el fútbol corresponde a arqueros. La muerte de Héctor Larroque reinstaló la polémica. ¿Por qué se da este fenómeno? ¿Casualidad o causalidad?
"Te juro que si yo fuera delantero ya me habría ido, pero no soy un metegoles sino un evitagoles y eso no cuenta. Si en un partido te meten tres, sabés cómo te putean: si te rompiste todo y no te hacen ninguno, si te pasaste los noventa minutos sacando pelotas imposibles y aguantaste todo el chaparrón de una delantera dribleadora, sorpresiva, potente, nadie se acuerda, pero si en un solo contraataque el número diez pescó a la defensa adelantada y corrió como un gamo e hizo el gol, el héroe es él, nunca el atajapelotas que quedó allá atrás, olvidado y a solas (…). Pasa que para mí la vida es el fútbol, más aún, mi vida son los tres palos. Es como si me hubiera quedado sin vida".
Quien habla es Martín Riera. Arquero de un club chico y uno de los guardametas más cotizados y confiables de Primera A, según relata Mario Benedetti en su cuento "El césped". Sobre el final de un partido crucial, donde la joven promesa era observada por representantes europeos, su amigo Benjamin Ferrés le mete un gol de caño. La situación vergonzosa, sumado a la derrota de su equipo, hacen que Riera decida pegarse un tiro. No es casual que Benedetti haya elegido un arquero como protagonista de su historia. Sin dudas podría sumarse a la alarmante estadística que se evidencia en el fútbol argentino: de los últimos diez suicidios, seis fueron arqueros.
Héctor Larroque fue el último caso. Tenía 39 años y estaba trabajando como entrenador de arqueros en Laferrere. Mariano Gutiérrez (29) jugaba en San Martín de Burzaco y se ahorcó en su domicilio hace tres años. Osvaldo Rubén Toriani (49), quien había sido campeón con Independiente, inhaló gas tóxico y terminó con su vida en 1988. Alberto Vivalda (37) se tiró en las vías de la estación Vicente López, en 1994. Luis Ibarra (34), que se desempeñaba en Tigre, mató a su esposa y luego se arrojó de un décimo piso. Mientras que en 2003, Sergio Schulmeister (25), jugador de Huracán, se ahorcó en su domicilio.
"Los motivos que los llevan a tomar semejante decisión pueden ser varios: desde separaciones hasta la muerte de algún familiar cercano. Sin dudas hay una situación conflictiva que los hace actuar de determinada manera. Sin embargo, no todos los arqueros se suicidan. Hay en todos ellos una personalidad depresiva de base que los lleva a tomar ese camino", afirmó la psicóloga Susana Verati.
"Sergio era un arquerazo, pero se enamoró de la chica equivocada y era una situación imposible de llevar. Ya había intentado suicidarse, por eso tenía su psicólogo personal, con quien yo hablaba mucho, y me había dicho que lo tenía controlado", recordó Carlos Babington, quien dirigió a Sergio Schulmeister en Huracán. "Era un chico muy querible, lo queríamos mucho todos. Fue un golpe muy duro. En plena práctica nos avisaron que lo habían encontrado ahorcado", redondeó su último entrenador.
La muerte de Héctor Larroque abrió varios interrogantes: ¿El arquero es diferente al resto de los jugadores? ¿Cómo se trabaja la presión con la que juega? ¿Es necesaria la presencia del psicólogo? ¿Qué características tiene el puesto que lo hace especial? ¿Es casual que la mayoría de los suicidios sean protagonizados por arqueros? Según Juan Carlos Olave, arquero de Belgrano, la cabeza es fundamental e influye en un 80 por ciento en el trabajo del arquero. "Es uno de los puestos más complicados y tenés que tener un nivel de concentración alto durante todo el partido. La responsabilidad y las presiones son superiores a las de los jugadores de campo", sintetizó el cordobés.
En declaraciones a la revista El Gráfico de julio de 2011, Marcelo Roffé, psicólogo especializado en deportes, anticipó a Olave: "El arquero debe tener un mayor grado de concentración, de asunción de la responsabilidad, de tolerancia a la frustración y de manejo de las presiones". Y agregó: "El perfil psicológico del arquero es particular. Se trata de un puesto individual de un deporte en equipo: es el que viste distinto, el que entrena diferenciado, el único que puede utilizar las manos, al que a veces le cuesta integrarse al grupo, y aquel al que le ponen la etiqueta de boludo o de loco".
Para Babington, el psicólogo debe ser el entrenador. El ex presidente de Huracán afirma que es el director técnico quien conoce el juego, el vestuario y los códigos. Además, asegura que en muchos casos los jugadores cargan al psicólogo y no le prestan atención. Respecto de esto, Olave cree fundamental que el arquero tenga incorporado el componente psicológico, porque no en todos los plantes se trabaja con profesionales.
Sin dudas, no es casualidad que haya un índice tan alto de arqueros que se suicidan. Las responsabilidades del puesto y la exposición a la que se someten si cometen algún error pueden generar grandes conflictos en personas depresivas. Como sostiene la licenciada Verati: "Cuando termina el espectáculo los conflictos del hombre siguen latentes. El suicidio es una salida de una escena insoportable".
Ana Mera
Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo Deportivo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.
27/09/2011
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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