BÁSQUET EN SILLA DE RUEDAS
"El deporte me volvió a insertar en la sociedad"

Tras sufrir un accidente que lesionó su médula, Romina Clemente se recluyó en su casa durante casi diez años. En 2008, cuando ya estaba muy debilitada, le ofrecieron jugar al básquet, una decisión que cambió la historia de su vida.

Romina Clemente, de 39 años y jugadora de la Selección Nacional de Básquet en silla de ruedas, sufrió una fractura de médula en 1998 y su incapacidad en control de troncos la redujo a estar encerrada en su casa durante casi una década. Sin embargo, el deporte le dio un nuevo camino en su vida. "Lo mío fue traumático. Estuve nueve años sin salir de mi casa, sin hacer deportes y sin hacer nada. Yo vivía en el entorno de mi familia y como mucho hacía algunos cursitos de fotografía o un taller de modelado de porcelana. El básquet me volvió a insertar en la sociedad". Así vivió Romina muchos años a raíz de un accidente automovilístico en 1998 que la dejó en una duda: si parar o seguir. Le llevó años darse cuenta que tenía que empezar de cero y sentir que la vida, igualmente, le seguía dando un empuje.

En el deporte comenzó por primera vez en 2008, cuando en el Servicio Nacional de Rehabilitación le ofrecieron jugar al básquet para discapacitados. Ella tenía miedo, estaba asustada, pero encontró en aquella propuesta una mano que necesitaba. "No tenía fuerza ni para sostener un vaso de agua. Asistí al Servicio cuando lo sentí necesario y me ayudó muchísimo. Si a vos te ofrecen pertenecer a una institución, poder viajar y además te enteras lo que se puede hacer a nivel Selección Nacional, eso es lo que te engancha. Cuando me digné a integrarme en el básquet en todo sentido descubrí que es apasionante". El padre de Romina sintió muy fuerte el accidente de su hija y no se alejó en ningún momento en su recuperación.



Romina es jugadora de CILSA Femenino, conjunto de la segunda división de la Liga Nacional de Básquet en silla de ruedas. Su categoría es 1 y la función dentro de la cancha es hacer bloqueos para que sus compañeras más rápidas puedan salir de sus marcas y así llegar a las zonas de peligro y convertir.

Su rutina deportiva, por su parte, se basa en entrenar básquet dos veces por semana y en otras dos jornadas hacer pesas en un gimnasio de su barrio. Por su delgadez está haciendo una dieta estricta para subir de peso y llegar en condiciones para los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara. Sin embargo, una lesión en uno de sus dedos de la mano derecha la puso en duda para la lista final.

No solo logró aparecer de nuevo en la escena mediante el deporte, sino que también la ayudó en la vida cotidiana: "En casa no podía pasarme sola a la silla del baño ni a la cama. Para todo dependía de que algún familiar me ayudara. El deporte te fortalece tanto física como psíquicamente y eso hace que no solo tengas la fuerza para salir y andar por la calle, sino que también tengas el valor para hacerlo. Ahora hago todo sola y lo puedo hacer tranquila".

En su casa de Monte Grande, al sur de la Provincia de Buenos Aires, Romina trabaja haciendo disfraces para niños y adolescentes que se van de viaje de egresados: "Me encanta hacer trajes. Cuando le ves las caras a los nenes contentos te llena de felicidad".

El destino la puso a prueba y con lucha, amor y optimismo, logró salir adelante. El deporte la sacó de la burbuja en la que vivía y la volvió a empujar a la sociedad, casi obligándola a nacer devuelta y arreglárselas sola. Romina decidió enfrentarse a ella misma y hoy es parte de la Selección Nacional de Básquet en Silla de Ruedas… Y de la vida.

Florencia Franchini, Gastón Nowak y Jonatan Saiz
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo Deportivo en ETER. Esta nota fue escrita en la materia Agencia.

20/09/2011

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