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Inclusión social a través del deporte
Madres, sacerdotes, vecinos y fundaciones utilizan la práctica deportiva organizada como apoyo para luchar contra los problemas sociales de las villas.
Un refugio, chapas, ladrillos, cartones. Un lugar en el mundo, una villa, miles de problemas, educación, empleo, discriminación, exclusión social y un aumento del 400% en el consumo de drogas en los últimos tres años según la FONGA (Federación de Organismos No Gubernamentales de la Argentina para la prevención y el tratamiento del abuso de drogas).
Ante este problema se pueden tomar varios caminos, como el de la negación, el desprecio o la destrucción, pero también el de aceptar la realidad y colaborar para solucionarla. Cosas como éstas hace la Fundación TEMAS, que enfoca su lucha en la villa 21-24 de Barracas. Con la construcción del Barracas Boxing Club y el fomento del valor del compañerismo y del estudio, les demuestra a chicas y chicos de entre 13 y 23 años que es posible salir adelante (ver Knock out a la desigualdad).
En otra villa, como es el caso de la 31, los vecinos crearon El Club Social y Deportivo El Campito para alejar de los problemas cotidianos a través del deporte a los niños y jóvenes (ver Campito lleno de esperanzas). Otro caso es el del Virreyes Rugby Club, que consiguieron la ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Ministerio de Desarrollo Social para contener mediante el rugby a los vecinos más carenciados. También les dan becas para que puedan enfocar su tiempo en el estudio y el deporte (ver Un scrum a los problemas sociales).
La lucha de las madres
Las Madres del Paco nacieron en el año 2005 por la necesidad de alejar a los pibes de la droga. En el 2001, Argentina vivió una de sus peores crisis y "pasó de ser un país de tránsito a uno productor de drogas", dice Alicia Romero, una de las madres fundadoras.
Esto ocasionó que en las villas de Capital Federal se instalaran más de 100 cocinas de cocaína y con los desechos del raspado de las ollas de la pasta base, más virulana y veneno para ratas surgiera la droga más barata y destructora: el paco.
"Tomamos como ejemplo a Las Abuelas de Plaza de Mayo, salíamos a patrullar todas las noches los pasillos para sacar a los chicos. A lo largo de estos cinco años pudimos conseguir que el Estado nos brinde una clínica y una granja para la rehabilitación de nuestros hijos", agrega.
Una dosis de paco puede llegar a pesar entre 1 y 1,5 gramos y se vende por entre 7 y 10 pesos. Un "paquero" puede consumir hasta 50 dosis diarias.
"El problema hay que atacarlo desde antes de que los jóvenes se droguen, por eso, por ejemplo, creamos escuelitas de fútbol para los chicos y de hockey para las chicas. La idea es inculcarles valores y mostrarles el camino correcto", cuenta Romero.
Debido al apoyo que reciben del Estado Nacional, este proyecto se lleva a cabo en todas las villas de Capital Federal y del Conurbano Bonaerense. También reciben el apoyo de los curas villeros, como los padres Charly y Gustavo, que sostienen una iglesia en la Villa Zavaleta. Desde la fundación del Hogar de Cristo, hace más de 10 años, han logrado crear escuelas, granjas, grupos de ayuda y escuelitas de fútbol.
"Las dificultades son muchas: casos de violaciones, muertes, embarazos, violencia familiar y robos. La vida acá no es como en cualquier otro lado, es difícil vivir la adolescencia, y se nos complica mucho poder mantener a los chicos lejos de las drogas y la violencia que se viven día a día en los pasillos", cuenta el padre Gustavo.
"Nosotros tratamos de darles a los jóvenes todas las herramientas para que puedan desarrollarse. Creamos grupos de edades similares para que sean amigos y se puedan manejar juntos en la vida ya que es muy importante la contención de los demás", expresa el padre Charly.
"Las clases medias y altas no conocen el paco, no lo pueden conocer -sostiene Charly en su blog, http://sinpaco.blogspot.com -. Podrán consumir la misma sustancia, compuesta exactamente del mismo modo, podrán comprarla e incluso consumirla en el mismo lugar, pero esa sustancia no es paco. El paco es paco cuando no hay horizontes, cuando no hay acceso al sistema de salud, cuando no hay posibilidades de estudiar o de trabajar dignamente, cuando todas las puertas que se pueden golpear están demasiado lejos. El paco es paco cuando el llanto que genera se pierde en la noche sin haber sido escuchado. Solo entonces el paco muestra los dientes, solo entonces descubre su rostro más terrible. Solo entonces despliega su poderosa máquina de matar".
En el peor de los casos…
Muchas experiencias de los Sacerdotes Villeros son plasmados en el blog. De vez en cuando el padre Charly encuentra un tiempo para contarle a la sociedad ajena la realidad de las villas, las cosas que pasan y las historias más aberrantes. Un ejemplo es el de un menor de edad, del que por cuestiones legales no se puede dar a conocer el nombre, a quien lo apodaban "el Gordo".
"Era un pibe común, con la pelota dibujaba retazos de sueños. La pisaba, la hacía saltar, y cuando pateaba al arco parecía que siempre buscaba clavarla en el ángulo. En 2003 decidió que no quería ir más a la escuela y sólo se escapaba al potrero para jugar a la pelota", cuenta Charly, acotando que en ese momento ellos quisieron impedírselo pero él no les hizo caso.
También cuenta que en ese momento apareció la marihuana y eso lo llevó a robos menores. "Al tiempo se enfierró, robaba a lo grande y con violencia. En los pasillos ganó respeto haciéndose temer", lee el padre con la cabeza agachada.
"En una de esas noches agarró el paco, o mejor dicho, el paco agarró al Gordo y no lo quiso soltar más. Había cambiado sus sueños de fútbol y mundiales por historias de gangsters invencibles; porque en el fondo, seguía soñando como sueñan los chicos", continúa, cada vez más acongojado.
"Le dispararon el viernes 2 de julio a la noche. Un plomo de 22 que de a poco lo hizo desangrarse. La ambulancia tardó mucho y llegó tarde, parecía la imagen de un Estado lento que no supo llegar a tiempo para ayudarlo. El hospital ya lo recibió muerto", agrega.
"En conclusión, me acuerdo del pibito luminoso de los sueños de fútbol, y me rebelo al pensar en los miles de chicos de las villas que se retoban al llegar la adolescencia. Siempre había sido inquieto y un poco travieso, pero la rebeldía normal de la adolescencia es un lujo que los pibes de la villa terminan pagando caro."
Mariano Lloret
Estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo Deportivo en ETER.
23/11/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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