No parece un simple capricho
Los chicos prefieren formarse en las inferiores de un club reconocido y no en un club de barrio. Las comodidades y la pretensión del éxito empiezan a jugar desde temprano.
Para un chico, indiscutiblemente, no es lo mismo jugar con un Sega que con una PlayStation. ¿Es un simple capricho? Desconociendo la posición económica de sus padres, todo chico quiere lo mejor, de lo que más se habla o lo que está de moda. Los jóvenes prefieren jugar en las inferiores de un club, que jugar al baby en cualquier sociedad de fomento de barrio. Jugar en las inferiores de un club los hace sentir importantes, mejores, o más "profesionales".
Las diferencias comienzan en las instalaciones. Por ejemplo, los chicos que integran las inferiores de clubes como Huracán cuentan con mucho espacio verde: canchas de todos los tamaños, incluso techadas para no perder días de práctica en caso de lluvia, vestuarios con duchas, lugares de recreación para los padres y hermanitos, que incluyen parrillas y juegos de plazas. Además visten la camiseta de, en muchos casos, el club de sus amores, y están a cargo de preparadores físicos, entrenadores de arqueros y, obviamente, directores técnicos.
Los clubes de barrio, como Santiaguito de Liniers, en su gran mayoría están deteriorados, con vestuarios poco cuidados. Cuentan con dos canchas de cemento y en caso de lluvia se suspende la práctica y los chicos no vuelven a recuperar ese día. Los alumnos están en manos de un director técnico que se encarga de darle tanto la parte futbolística como la parte física.
En ambos casos los padres tienen que pagar una cuota social. En la situación de las inferiores lo hacen antes de que el "jugador" sea federado a la AFA, es decir, cuando pertenece a la liga; una vez federado el club le cubre todos los gastos, viajes y ropa. Muy distinto son las condiciones de una sociedad de fomento, donde el padre siempre paga la cuota y los viajes de forma anexa.
Además, en las escuelitas se juega fútbol 5 y en las inferiores los entrenan desde chicos en cancha de 11, lo que les permite crecer y desarrollarse de la manera que ellos buscan, que es prepararse para en un futuro jugar en la primera división.
Por problemas económicos, muchas veces las escuelitas de barrio no cubren las necesidades requeridas para que los docentes trabajen como corresponde con los alumnos. Los profesores no están de acuerdo con el sueldo que obtienen y trabajan sin las comodidades que exigen. Los que pagan las consecuencias son los chicos, y lo que queda está a la vista: prefieren las inferiores de algún club, y esta vez deja de ser un capricho.
Noelia Micozzi
Equipo periodístico: Emiliano Grosso, Noelia Micozzi, Yamila Segovia y Pablo Zurlo.
Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo Deportivo en ETER.
28/9/2010
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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