ESCUELAS DE FÚTBOL
Cuando la pelota se mancha

Con el fútbol infantil en pleno auge, las escuelitas reflejan las presiones de los padres hacia los chicos. La necesidad de que sean los mejores. Cómo les trasladan sus frustraciones.

Las escuelas de fútbol se caracterizan por ser lugares de dispersión, formación y encuentro, aunque el camino puede variar y así perder su esencia. Hoy, los chicos conviven con la presión partido a partido y esa sensación a veces es transmitida por sus seres más cercanos: los padres. Cuando se deja de "jugar a la pelota" para "jugar al fútbol", el juego se transforma en condena; el sueño se convierte en pesadilla.

El fútbol es sin duda el deporte más popular en el mundo. Es pasión, sentimiento y, para algunos, también locura. Esa gran demanda ha convertido al fútbol en una de las empresas más poderosas. Transmisiones de TV, publicidad, transferencia de jugadores, primas, premios, sueldos y venta de entradas mueven millones de dólares anualmente. Esos millones han llevado a muchos jugadores a elevar sus expectativas, a priorizar lo monetario, a intentar llegar a los clubes más importantes, ya no en busca de la gloria, sino para concretar el sueño de facturar en grande.

Sólo unos pocos afortunados de los miles de niños que comienzan el deporte logran ese objetivo. La gran mayoría se queda en el camino, lo que los lleva a la frustración. El juego se transformó en competencia; el deporte, en una empresa despiadada, voraz, implacable y contundente.

El sueño del pibe

Algunos creen que, en la actualidad, el "espíritu" del juego sólo se puede observar en los más chicos, en las plazas, en las calles o en las escuelitas de fútbol. Sin embargo, en estos sitios se puede vislumbrar un elevado nivel de locura y violencia, como ocurre semana tras semana en el las ligas profesionales del fútbol argentino.

Esa necesidad del niño de nutrirse con lo mejor del deporte -compañerismo, perseverancia, superación- se ha transformado en competitividad desmedida. Lo que lleva a chicos de entre 10 y 14 años, aunque suene inverosímil, a sentir la presión de un profesional. Increíblemente, cuando esa desagradable sensación aparece es inyectada por alguien muy cercano, como puede ser su padre.

Verónica Tawil, psicopedagoga y tutora de la escuela ORT, sostiene que "los padres son esos 'otros significativos' que nos ayudan a constituirnos en sujetos. Y no hubo mejor término para utilizarse, ya que así están los chicos, sujetos a los deseos y expectativas de los padres". Y agrega sobre tal concepto: "Se vuelve una presión conocer tales deseos, ya que ir en contra de ellos podría implicar perder el amor de papá y mamá. Ese es el temor de todo niño. El niño encontrará en el deporte recursos y herramientas para formar su autoconcepto. Aquel padre que no tolere una derrota de su hijo, lo condena a ser un 'perdedor'".

El padre de todos los males

Basta con acercarse a cualquier partido de campeonato de infantiles para ver en las tribunas a papás alterados, gritándoles a sus hijos, al árbitro, a los padres del equipo rival, llegando muchas veces a situaciones violentas, ante los ojos de nenes pequeños que sólo quieren jugar a la pelota, como lo hace su ídolo en el póster que tienen en la habitación.

"¡Pegale!", "¡Matalo!", "¡Bajalo!", son frases que están a la orden del día cada fin de semana en las canchitas de fútbol 5. Está de más decir que esto atenta contra los nenes, y que los mismos padres aceptan, después, en frío, que es contraproducente lo que sucede. "Las consecuencias varían según cada niño. Lo más importante es que el chico aprenda a ser protagonista de sus propios emprendimientos. Si juega al fútbol, que lo haga siempre y cuando así sea su deseo. Nadie será exitoso en algo que realiza bajo el ala de un deseo ajeno", dice Tawil.

La insoportable necesidad de ser

El sociólogo Pablo Swiec considera que "desde las primeras décadas del siglo XX, el fútbol ha pasado a ser mucho más que un simple deporte para convertirse en uno de los fenómenos de masas más importantes de las sociedades occidentales modernas". Esa violencia manifestada por los padres "podría relacionarse con el proceso de desintegración social que ha sufrido la sociedad argentina a partir de la última dictadura militar", sostiene Swiec, y a su vez explica: "En cierto sentido, en esos gritos e insultos se encuentra una historia con violencia política ejercida desde el Estado y con políticas públicas que excluyeron a las grandes mayorías de nuestra sociedad".

Por ello, el individualismo, la violencia, el materialismo se ha trasladado al deporte más bello del mundo y, peor aún, a sus estratos más sensibles, los chicos que lo practican. Los mayores transportan sus frustraciones al campo de juego, soñando que algún día ese "pequeño" se convierta en una estrella del fútbol y lleve a esa familia a una mejor posición social.

Un claro ejemplo es lo que sucedió en junio de este año en la liga de Baby Fútbol de San Francisco, Córdoba, donde se llegó a pedir la suspensión del campeonato por las reiteradas situaciones violentas que se vivían todos los fines de semana. "Aunque ya se decidió la continuidad del torneo (…) en las últimas semanas, en varias ocasiones padres insultaron a los árbitros. Incluso, una de las madres llegó a agredir a un referí", sostiene la nota de un diario local.

Este no es un caso aislado, es un pequeño reflejo de lo que se puede vivir en cualquier cancha de cualquier club de barrio de la Argentina. Sin embargo, la inscripción de chicos en las escuelas de fútbol crece año a año. Cada vez son más los niños que quieren jugar a la "pelota", cada vez son más lo padres que quieren que sus chicos jueguen al "fútbol". El ciclo se repetirá una y otra vez, y en la mayoría de los casos la frustración será la protagonista.

El boom crece

El gobierno argentino, durante esta última década, le otorgó un gran protagonismo al deporte. Los motivos fueron varios. En el "Plan Nacional de Deporte Social 2008-2012" se explica que practicar actividades físicas "constituye un agente promotor de la calidad de vida de la población, de salud, de educación y de organización comunitaria. Asimismo, es un factor que impacta fuertemente en la economía y el empleo".

Especialmente, en el desarrollo del Proyecto "Centros de Fomento Deportivo", señala que se permite la creación de los mismos dentro de instituciones educativas y sociales, entre otras. Si bien estas iniciativas son positivas para la sociedad, hasta el momento no existe un control sobre las mismas. No hay cifras que determinen cuántas escuelas se crearon ni cuántos chicos en el país practican deporte en forma activa. Falta realizar censos que regulen lo que ocurre realmente con dichos establecimientos. Será una cuenta pendiente.

Yamila Segovia
Equipo periodístico:
Emiliano Grosso, Noelia Micozzi, Yamila Segovia y Pablo Zurlo.

Estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo Deportivo en ETER.

28/9/2010

Comentarios: contenidos@eter.com.ar

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