JOSÉ QUIRNO
"Si llega el retiro, hay que plantearse objetivos alcanzables"
La vida profesional de un deportista no es eterna. Pero puede llegar a ser más corta de lo previsto debido a lesiones graves. Hablamos con el licenciado José Quirno, psicólogo especializado en deportes (con Posgrado en Trastornos de Ansiedad), quien habló de cómo repercute el estado anímico de un futbolista en la prevención de lesiones y cómo tratarlas una vez ocurridas.
¿Cuáles son las perspectivas que se presentan en el psicólogo deportivo cuando se requiere de su asistencia en casos de lesiones graves?
Lo mejor es poder realizar una labor preventiva para reducir al máximo los factores psicológicos, como por ejemplo el stress. Sin embargo, si la lesión ya se ha producido, se pueden evaluar diversos aspectos que van a contribuir a que el deportista maneje mejor la situación e incluso acelere su recuperación. Una primera tarea se centra en la evaluación del impacto emocional de la lesión y de las consecuencias de ésta.
¿Existe algún factor psicológico clave que pareciera estar ligado en la aparición de lesiones?
Existen muy pocos tipos de personalidad anormal asociadas con el inicio de lesiones. Sin embargo se ha demostrado que el estrés puede inducir el incremento de las mismas.
Los factores psicológicos por sí solos no son la causa, mas bien incrementan el riesgo cuando existen factores físicos que ambientan la aparición de los daños como ser desbalances musculares o nutricionales, exceso de fatiga. Existen otros factores que pueden predisponer a lesiones: una agresividad extrema debido al miedo de perder o por culpa de plantear objetivos poco realistas o no alcanzables, el ser reservados, aprehensivos, solitarios o extremadamente sensibles, o la incapacidad de tolerar el estrés asociado a las lesiones.
¿Existe algún beneficio psicológico, en explicar a los atletas jóvenes y sus parientes acerca de los riesgos de lesión en algún momento de su carrera?
Más allá de informar de los riesgos asociados al deporte, se debería focalizar sobre aspectos que puedan minimizar la aparición de las lesiones, como por ejemplo asegurar que el atleta esté acondicionado, que realice prácticas deportivas seguras y que aprenda a distinguir entre lo que son dolores propios del entrenamiento y dolores generados por lesiones.
¿En qué factores se centran las vertientes de intervención?
La intervención psicológica tras sufrir una lesión se puede centrar en diversos factores, entre los que podemos mencionar: el control de las respuestas emocionales asociadas a la lesión; el desarrollo de la motivación y la auto-confianza respecto al programa de rehabilitación; la optimización del rendimiento en las tareas de rehabilitación y el tiempo de inactividad.
Hay otra vertiente relevante y que consiste en facilitar el tránsito desde una situación de tratamiento de la lesión a la de su vuelta a la actividad deportiva, momentos normalmente cruciales para su rendimiento posterior. Por ello se suele actuar con el deportista para prepararlo psicológicamente para su vuelta, así como para afrontar adecuadamente las secuelas de la lesión. Ello es todavía más relevante si la consecuencia es que no le es posible volver al nivel anterior o incluso debe abandonar por completo la actividad deportiva, al menos como practicante.
¿En qué medida adquiere importancia los temores a lesiones en el futuro y de un eventual retiro definitivo de la carrera por lesión?
Esta es una cuestión muy relevante, ya que todos sabemos que la probabilidad de que se produzca una lesión después de haber sufrido alguna anteriormente, es mayor. La experiencia nos demuestra que esta es una realidad y que es conocida por los propios deportistas. El temor nos puede llevar a no estar todo lo atentos que en ocasiones necesitamos, a prestar atención a estímulos que no son los relevantes. También nos puede restar la coordinación o velocidad necesaria porque nuestros músculos están agarrotados por la tensión de ese temor. Podemos estar limitando nuestros gestos técnicos o realizarlos de forma inadecuada, lo que a su vez aumenta el riesgo de algún daño físico, directamente en la acción del deportista o por choque con otro.
En otro sentido, el miedo a posteriores lesiones también puede afectar a la conducta de entrenamiento y competición, llevándonos a elaborar consciente o inconscientemente, comportamientos de evitación o escape que se podrían traducir en no acudir a todos los entrenamientos, entrenar con menor intensidad y dedicación de la necesaria o intentar no acudir a las competiciones o al menos, reducir al máximo la participación o exigencia. Todos éstos son factores van a repercutir negativamente a la hora de alcanzar el rendimiento anterior, ya no digamos aumentarlo.
¿Cuáles son los pasos a seguir de parte del profesional de tener que hacerse efectiva ese retiro?
Si se da ese retiro, con nuestro trabajo psicológico tenemos que conseguir que el deportista acepte su situación, reduzca su impacto emocional y desarrolle nuevos intereses o alternativas interesantes muchas veces vinculadas a su antiguo campo de trabajo. Para el desarrollo de estas estrategias, hay que tener en cuenta el estado de indefensión y el bajo estado de ánimo del deportista. Será conveniente plantear objetivos alcanzables que no sean amenazantes para su auto-estima y fortalezcan su auto-confianza. También es parte de la labor del profesional de la psicología del deporte contribuir a que potencie su red de apoyo social o que evite consolidar sentimientos de indefensión e inutilidad.
30/09/2009
Comentarios: contenidos@eter.com.ar
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